Elías, exalumno y abanderado, regresó a la Escuela Presidente Yrigoyen en su centenario y recordó a su maestra con lágrimas en los ojos. Una historia que atraviesa generaciones y toca el corazón.
En el marco del centenario de la Escuela Presidente Yrigoyen, una emocionante se robó todas las miradas. Elías, de 89 años, fue al festejo de la institución donde comenzó su historia hace ocho décadas. Pero no llegó con las manos vacías: trajo consigo un recuerdo invaluable.
“Miren lo que tengo acá”, dijo mientras sostenía una foto para AGNoticias. “Esta fue mi maestra”, agregó con la voz entrecortada. Se trataba de la señora Lilí, su docente de primer grado, a quien recordó como una de las figuras más importantes de su vida. “Ya fallecida”, aclaró, sin poder ocultar la emoción.
Elías fue alumno de la escuela hace 80 años. No solo completó allí su educación primaria, sino que además fue elegido mejor alumno y portó con orgullo la bandera como abanderado. Hoy, décadas después, regresó al mismo lugar, pero con un peso emocional que lo desbordó.
“Anoche no dormí. La emoción me tenía preocupado. Fue más fuerte que yo”, confesó.
Durante el acto, recordó también a sus compañeros. “Han quedado muy pocos. Iban a venir tres compañeras… no sé si vendrán. Son de las pocas que quedan vivas”, expresó, evidenciando el paso del tiempo y la huella imborrable de aquellos años.
Entre sus memorias, la figura de su maestra se impone con fuerza. “Era el primer año de recibida cuando me dio clases. Es la que más recuerdo. Hasta la nombro en un versito que hice”, relató, emocionado.
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Su historia, simple pero profundamente humana, sintetiza el valor de la educación, el paso del tiempo y la memoria viva de una comunidad. En medio de festejos, discursos y celebraciones, Elías recordó que una escuela no solo forma alumnos: deja marcas para toda la vida.
Y en ese regreso, 80 años después, quedó claro que hay emociones que nunca se jubilan.




