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Muhammad Ali en Argentina

Muhammad Ali en Argentina
Por Germán Tinti (especial para Crónicas al Voleo)

Probablemente la primera noticia que tuvo Muhammad Ali sobre Argentina fue cuando arregló su combate con Oscar «Ringo» Bonavena, que se realizó el 7 de diciembre de 1970 en el Madison Square Garden. Luego de los tres años y medio de proscripción por su oposición a la guerra de Vietnam, Ali buscaba recuperar los primeros planos del boxeo mundial.

Fue una pelea épica que se definió en el 15º round con un KO técnico favorable al boxeador de Louisville. Ningún desperdicio tiene la filmación del pesaje realizado el día anterior, oportunidad en la que Ringo humilló a Ali con chicanas y guapeadas que el morocho creía tener patentadas. Pero en el ring las cosas fueron bien distintas.

Después de eso, Ali perdió el 8 de marzo de 1971 con Joe Frazier en un violento combate que se llevó a cabo en Nueva York y que los jurados otorgaron a Frazier por unanimidad. El resto de aquel año hizo algunas peleas menores y en noviembre aterrizó en Ezeiza.

Un campeón paseando por Retiro

Su estadía en Buenos Aires no llegó a prolongarse dos días. En tan solo 42 horas desarrolló una apretada agenda de compromisos elaborada en colaboración entre Canal 9 (que dirigía Alejandro Romay) y la UOM. Sí, la Unión Obrera Metalúrgica, conducida por Lorenzo Mariano Miguel durante más de tres décadas.

Cuando llegó a Buenos Aires, el 5 de noviembre, dio una conferencia de prensa. «Me sentiré feliz de comprobar que en esta bendita tierra no hay discriminación ni otros problemas raciales. Después de mi combate frente a Bonavena tenía mucho interés de conocer este país. Aquí estoy».

Ali se alojó en el Alvear Palace Hotel, probablemente el mejor del país por aquellos años, y sus primeras actividades fueron de índole artísticas y religiosas. Visitó la galería de arte Velázquez (hoy casa de remates Bullrich Gaona Wernicke S.R.L.), en la calle Maipú, donde compró algunos cuadros de motivos españoles para decorar el jardín de su casa. Poco después se trasladó al Centro Islámico en el barrio de San Cristóbal, allí recibió un artístico ejemplar del Corán y un pergamino y se excusó de quedarse a orar: «Estoy entre mis hermanos y lamento no poder quedarme a rezar, pero se me hace tarde».

Una malograda exhibición

Sin embargo, el verdadero motivo de la presencia del gran campeón en nuestras tierras era un combate de exhibición que mantendría con el campeón argentino Miguel Ángel Páez en el estadio de Atlanta. El espectáculo fue un fracaso: concurrió muy poco público que se sintió absolutamente defraudado por lo que los púgiles mostraron arriba del ring.

Probablemente no fuera aquel el mejor momento de su carrera, estaba excedido de peso y falto de entrenamiento. Por su parte, Páez asumió su papel de actor secundario y demostró excesivo respeto por la figura que tenía enfrente. El resultado fue una sucesión de rounds en la que ambos protagonistas se limitaban a bailotear, dar vueltas sobre el ring y tirar tímidos golpes que no llegaban a ningún lado.

La reacción del público fue bastante violenta, como violentos eran esos años en nuestro país, con la lenta decadencia de la dictadura de Onganía y los primeros pasos de las bandas guerrilleras como Montoneros y ERP. Se estaba comenzando a cocinar un guiso que resultaría completamente indigerible para todos los argentinos.

En medio de la exhibición, algunos espectadores rompieron los alambrados de la cancha, invadieron el lugar reservado al ring-side y cometieron desmanes. Cuando finalizó el combate subieron al cuadrilátero e impidieron por largo rato que los boxeadores se retiraran. Hubo destrozo de sillas y varios heridos. A duras penas, Ali pudo regresar al vestuario.

Un asadito con la UOM

En una entrevista que le realizó Horangel en su programa de canal 9 «Horangel y los doce del signo» se refirió a las ganancias que le reportaban este tipo de presentaciones: «No sé exactamente cuánto gano con estas giras. Me figuro que en la opinión de un hombre común debe ser bastante comparado con todo el dinero que perdí en los tres años y medio que pasé obligatoriamente sin boxear es poco, demasiado poco… Pero no importa perder muchos dólares cuando finalmente se consigue ser feliz, estar con la familia, poder seguir luchando para no tener enemigos».

Después de la bochornosa experiencia del estadio del «bohemio», Alí fue invitado a comer un asado por quienes habían propiciado su presencia en Argentina: los dirigentes de la Unión Obrera Metalúrgica junto a otros sindicalistas y dirigentes justicialistas que promovían el regreso de Perón a nuestro país.

El empresario de la leche adulterada

«Se nos ocurrió que podíamos traer a Ali –rememora el empresario Carlos Spadone, que en aquel tiempo dirigía la revista «Las Bases»– pensamos que podríamos hacer una exhibición en el estadio de Atlanta con (Miguel Ángel) Páez, el campeón argentino. Ali se entusiasmó porque no conocía Argentina, y vino. Entonces, para después de la pelea, lo invitamos a un asado en mi fábrica en Lanús. Allí se encontró con Rucci, Lorenzo Miguel, y otros sindicalistas. Hablaron toda la noche con un intérprete. En un momento alguien lanzó el desafío y Rucci y Ali se enfrentaron en una pulseada».

Out of context: Spadone estuvo involucrado, en 1991, cuando era asesor del presidente Menem, en la denuncia que realizó Página/12 (cuando todavía era un diario en serio) por la compra de leche en polvo adulterada, producida por una empresa suya.

Así fue que en el quincho de la fábrica de lana de acero y acompañado por casi un centenar de gremialistas y dirigentes peronistas, comió su primer asado y terminó la velada realizando una pulseada con José Ignacio Rucci.

Según el historiador Marcelo Larraquy, Ali y Rucci «eran las dos figuras del asado. Una aspiraba a recuperar el título para demostrarle al mundo que era el más grande. El otro aspiraba el retorno de su líder. Y se dispusieron a medir fuerzas en una pulseada. Fue el momento cumbre de la noche, retratado por el fotógrafo de la revista Las Bases, el órgano oficial del Partido Justicialista. Podría decirse que fue la bienvenida de la «Patria Metalúrgica» a Muhammad Ali. O que fue simplemente un asado».

La enseñanza de Ringo

Obviamente que a Alí le preguntaron por su pelea con Bonavena: «Esa pelea me enseñó a no hacer pronósticos y soy muy feliz por haberlo aprendido… Pero Bonavena, igual que Frazier, es un gran luchador que sabe muy poco de boxeo, que no sabe moverse con encanto sobre el ring, que pelea con las rodillas duras como si estuviera aprendiendo a patinar sobre hielo… Bonavena se detuvo, no sé si tendrá sentido volver a pelar con él».

El propio Spadone cuenta como fueron los últimos momentos en nuestro país de quien tal vez haya sido mejor boxeador de la historia: «Ali era un tipo especial, muy sensible, muy amoroso, muy buen tipo –recuerda Spadone-. A la mañana siguiente lo fuimos a buscar al hotel y lo llevamos para el aeropuerto Ezeiza. En el camino nos recitó una poesía que hablaba del sentimiento de los negros cuando obtenían un acre de tierra. El intérprete lo iba traduciendo. Nos emocionó».

Si bien predijo que volvería a Argentina para boxear muy en serio, en realidad volvió en 1979, ya retirado, para participar en los festejos por el 60º aniversario de la revista El Gráfico. Muhammad Alí, por fin, se subía al ring en el Luna Park, pero de traje y convertido en leyenda.

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