Mientras la temporada de verano en Alta Gracia busca consolidarse, Mariano se destaca en la puerta del museo como la cara visible que recibe a visitantes extranjeros con hospitalidad, recomendaciones gastronómicas y un compromiso que va más allá de cuidar vehículos.
En las inmediaciones del Museo Casa del Che, el movimiento de turistas es incesante. Allí, entre el sol cordobés y el flujo de visitantes, se encuentra Mariano, un trabajador que ha logrado transformar el rol del «naranjita» en el de un verdadero anfitrión turístico. Con su chaleco refractario y una predisposición inagotable, Mariano es, para muchos, el primer contacto con la calidez de Alta Gracia.
En diálogo con AGNoticias, Mariano detalló que su labor comienza a las 9 de la mañana y se extiende hasta las 20 horas, coincidiendo con el cierre del museo. Sin embargo, su tarea no se limita simplemente a ordenar el estacionamiento.
«Apenas llegan los autos, yo les brindo información. Los hago estacionar bien para que no queden en la parte amarilla y les explico sobre los otros museos, como el Manuel de Falla, el Dubois o el Jesuita«, explicó con orgullo sobre su rol multifacético.
A pesar de que Mariano percibe que esta primera quincena de enero ha estado «bastante floja» en comparación con otros años, el flujo de extranjeros no se detiene. Según relató, por su puesto pasan entre 350 y 400 personas por día, sin distinguir entre días de semana o feriados.
«Pasa mucho extranjero: brasileños, franceses, alemanes… de Francia más que todo«, señaló el trabajador, subrayando que el interés por la figura de Ernesto «Che» Guevara sigue siendo un motor vital para el turismo local.

El desafío de romper los estigmas
Uno de los puntos más destacados de la entrevista fue la gestión del prejuicio que suele rodear a quienes realizan su oficio. Mariano es consciente del estigma que pesa sobre los cuidadores de coches, a menudo asociados con la extorsión o el descuido. No obstante, él apuesta por la educación y el servicio integral para cambiar esa imagen.
«Yo me presento bien con el turista. Si necesitan un lugar para almorzar o alojarse, yo manejo toda esa información«, afirmó. De hecho, no duda en recomendar comercios locales, funcionando como un eslabón clave en la economía circular de la ciudad.
La respuesta de los visitantes parece darle la razón. Según Mariano, la gente suele agradecerle por brindarle un «servicio espectacular», que incluye desde la seguridad del vehículo hasta consejos sobre la regalería de Ernesto. En sus propias palabras, lo que lo motiva es la pasión por el contacto humano: «Me gusta hablar con el turista y brindarle una información para poder alojarlos«.
Con la esperanza puesta en que la segunda quincena de enero traiga un mayor caudal de visitantes, Mariano sigue firme en su puesto, demostrando que, detrás de un chaleco llamativo, puede haber un embajador fundamental para el prestigio turístico de Alta Gracia.




