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La música Disco y la derrota de Steve Dahl

El nacimiento de la música disco dio lugar reacciones... y a reaccionarios.
Por Germán Tinti

Saturday Night Fever fue estrenada en 1977 y fue un éxito mundial. El filme dirigido por John Badham, es la historia de Tony Manero (John Travolta), un empleado de una pinturería que brilla los sábados por la noche en la luminosa pista de la discoteca Odisea 2001. Manero vive en un barrio de clase obrera, de descendientes de inmigrantes y de minorías étnicas. Los jóvenes del barrio esperan la llegada del sábado a la noche para escapar por algunos momentos de una vida sin expectativas e introducirse en el glamour de las luces estroboscópicas, la bola de espejos y la sensualidad de la música disco.

De esta manera, la película se convertía en el ingreso triunfal y definitivo al mainstream de un estilo musical descendiente directo la promiscua relación del rhythm and blues, el soul, el funk y mucha sangre latina. Una fusión multicultural que nació en las calles de algunas grandes ciudades norteamericanas, en donde italianos, latinos y negros convivían en medio de una cultura pandillera que generaba continuos roces, enfrentamientos y guerras.

Bueno, puedes asegurar, por la forma en que camino

que soy un seductor, no tengo tiempo para hablar

La música alta y el calor de las mujeres,

me han pateado desde que nací,

y ahora está todo bien, está OK.

Y tú puedes mirar hacia otro lado,

podemos intentar entender

el efecto que causa el New York Times en el hombre

De la periferia al centro

Ya había pasado casi una década desde los disturbios de Stonewall, una serie de manifestaciones espontáneas y violentas en protesta contra una “razzia” policial que tuvo lugar en la madrugada del 28 de junio de 1969, en el pub Stonewall Inn, ubicado en el barrio neoyorquino de Greenwich Village. Desde aquellas calurosas jornadas (fueron 4 días de protestas, manifestaciones y violentos enfrentamientos) el movimiento pro derechos LGTB no paró de crecer en Estados Unidos y en el mundo. Y, en muchos casos, la música Disco se convirtió en la banda de sonido de los miembros de ese colectivo.

Artistas como Donna Summer y Gloria Gaynor fueron adoptados por la comunidad negra y gay americana como íconos de libertad e identidad sexual. Por su parte, Carl Bean, en 1975 la había petado con “I was born this way”: I was born this way / I’m happy – I’m carefree and I’m gay (Nací así, soy alegre, soy despreocupado y soy gay). Nada de metáforas.

Pero no solamente la clase obrera disfrutaba este estilo musical. En el exclusivísimo y elitista boliche Studio 54, lo más fiestero de la sociedad y la farándula neoyorquina bebía champagne en su barra, aspiraba cocaína en sus baños y bailaba música Disco en su pista.

Tanto si eres un hermano como si eres una madre,

estás sobreviviendo, sobreviviendo

Siento la ciudad romperse y a todo el mundo temblar,

y nosotros, estamos sobreviviendo

Los intolerantes de siempre

Ese espacio de expresión diversa provocaba el enojo de algunos jóvenes blancos, rockeros, tradicionalistas y un poquitín racistas y homofóbicos. Liderados por Steve Dahl, un popular DJ de Chicago que había perdido su espacio radial cuando la emisora en la que trabajaba decidió dar de baja toda la programación que no se dedicara exclusivamente a la sensación musical del momento, se conformó un movimiento anti música Disco que actuaba bajo el lema “Disco sucks” (Disco apesta). Resentido, Dahl se convirtió en el emblema de quienes temían que el rock hubiera entrado en la pendiente de la decadencia (aunque se lo considera en decadencia prácticamente desde el día siguiente al que apareció).

La movida fue creciendo y a Steve Dahl le empezó a crecer el enano facista. Comenzó a vestirse de milico y llegó al paroxismo cuando convocó a la “Disco Demolition Night”. La propuesta era realizar una quema pública de discos de esa odiada música.

Es imposible dejar de pensar en la particularmente estrecha relación entre la quema de elementos culturales (libros, discos) con cerradas ideologías religiosas y con posturas políticas autoritarias. Bradbury lo hizo novela, cientos de dictaduras lo pusieron y lo ponen en práctica

Bien, ahora, tengo momentos malos y momentos buenos,

y si no puedo tener ninguno, realmente intento conseguirlos.

Tengo las alas del cielo en mis zapatos,

soy un bailarín y no puedo perder.

Sabes que todo está bien, está OK.

Viviré para ver otro día,

podemos intentar entender

el efecto que causa el New York Times en el hombre

El esperable final

La cita fue el 12 de julio de 1979, en el estadio de los White Soxs. Se esperaban unos 15 mil fanáticos del rock y del béisbol (también jugaría el equipo dueño de casa contra los Detroit Tigers). Los espectadores debían concurrir con un disco y pagar una entrada de 98 centavos.

La concurrencia desbordó totalmente las previsiones y algunas fuentes sostienen que aquella noche hubo unas 70 mil personas en el Comiskey Park. Fue todo un descontrol.

Steve Dahl entró vestido de milico en un jeep destartalado. Desde las gradas comenzaron a llover miles de vinilos primero, después empezaron a caer latas de cerveza y butacas arrancadas de las tribunas, finalmente se empezó a meter el público en el campo. Las peleas se desataron y los disturbios se apoderaron del acto. La policía de Chicago apareció en escena y todo se fue definitivamente al carajo. La ceremonia había llegado a su fin con un balance de 39 detenidos y el campo destruido y sumido en llamas.

Finalmente no se realizó la ceremonia de quema de discos. Steve Dahl había fracasado en su fantasía torquemadista.

La vida no va a ninguna parte,

que alguien me ayude.

Que alguien me ayude, sí.

Sobreviviendo

Tapar el sol con las manos

El año pasado, los White Sox celebraron los 40 años de este bochorno. Muy orgullosos ellos, repartieron 10 mil camisetas recordatorias. “Queremos dejar claro que la intención de esta distribución buscaba únicamente remarcar la naturaleza histórica de aquella noche 40 años después. Queremos reforzar que la organización de los White Sox está dedicada a abogar por un experiencia segura y abierta a todas las personas y comunidades”, expresó la franquicia ante las críticas generalizadas. Por su parte, Steve Dahn se justificaba diciendo “Estoy cansado de defenderme de las acusaciones de ser racista y homófobo por Disco Demolition. El evento no fue racista ni homófobo. Es importante que sea juzgado con la perspectiva de 1979. Aquella tarde fue una declaración de independencia frente a la tiranía de la sofisticación. Eramos como niños meando sobre un género musical”.

Lo que quieras, Steve, pero todo el mundo te vio queriendo quemar discos, como hicieron con los Beatles.

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