En esta sección te invitamos a conocer las historias de altagracienses que viven en diferentes partes del mundo. AGNoticias dialogó con Victoria quien después de dar sus primeros pasos vendiendo ropa en la capital catalana, decidió especializarse con un posgrado para darle un giro definitivo a su carrera. Hoy fusiona sus conocimientos con el desarrollo sustentable, mientras reflexiona sobre la crisis habitacional europea, el choque cultural y la calidez cordobesa que tanto extraña.
En AGNoticias la sección «Altagracienses por el Mundo» ya es un clásico de nuestro portal informativo. Un espacio dónde les acercamos los lectores historias de vecinos, amigos o familiares que dejaron su ciudad natal y que ahora están viviendo diferentes experiencias alrededor del mundo. En esta oportunidad, conocemos más a la altagraciense Victoria Aubrit Rivello.
La idea de cruzar el océano y vivir la experiencia del desarraigo no fue una decisión impulsiva tomada de la noche a la mañana. Para la joven, la chispa de la emigración se había encendido mucho tiempo antes, mientras transitaba los pasillos de la facultad.
En aquellos años, el sueño de realizar un intercambio estudiantil rondaba su cabeza constantemente, aunque por distintos motivos de la vida, aquel plan universitario no pudo hacerse realidad en su momento. Sin embargo, la semilla ya estaba plantada y solo necesitaba el contexto adecuado para germinar.
El punto de inflexión llegó con la obtención de su título. Al recibirse de Licenciada en Relaciones Internacionales en la Universidad Católica de Córdoba (UCC), supo que el reloj le marcaba la hora exacta para dar el salto.

«Ya había terminado de estudiar y todavía no estaba ejerciendo mi profesión, entonces creía que era un buen momento para experimentar», relató en diálogo profundo con nuestro medio.
Curiosamente, el mapa de sus sueños apuntaba inicialmente hacia el centro de la península ibérica: Madrid era su primera opción. No obstante, las conexiones humanas y las amistades terminaron jugando sus cartas para cambiar el rumbo de la historia.
Una amiga que ya se encontraba residiendo en Barcelona le insistió fervientemente para que probara su suerte allí. Victoria escuchó la sugerencia, recalibró su brújula y decidió que la vibrante ciudad catalana sería su destino.
Así fue como Barcelona se convirtió en su primer, y hasta el momento único, hogar en el extranjero, donde ya lleva instalada casi cuatro años ininterrumpidos.


El camino profesional: de los mostradores a la sostenibilidad corporativa
Llegar a un nuevo país con un título universitario flamante rara vez es garantía de una inserción laboral inmediata en el área de estudio. Victoria no fue la excepción y refleja la realidad de muchos jóvenes que deciden emigrar.
Durante sus primeros tiempos en suelo español, se volcó al rubro del comercio, consiguiendo empleo en una tienda de ropa.
Lejos de desanimarse, este paso le resultó natural, ya que no era un sector ajeno para ella: en Argentina siempre había trabajado en el ámbito comercial.
Esta experiencia previa fue clave, permitiéndole conseguir ese primer empleo fundamental para la estabilidad inicial de manera relativamente fluida.

Pero el deseo de crecer, de ejercer aquello que tanto le había costado estudiar en Córdoba, seguía intacto y latente. Una vez que superó la etapa de adaptación inicial y logró establecerse, decidió que era momento de pasar al siguiente nivel.
«Cuando ya estaba algo instalada decidí que quería seguir estudiando y profesionalizándome para comenzar a ejercer mi profesión», recordó.
Con esa meta clara, se embarcó en una maestría en Desarrollo Sostenible que cursó durante todo un año. Ese esfuerzo académico fue la llave que le abrió las puertas a realizar prácticas profesionales y, finalmente, a insertarse de lleno en su área.
Actualmente, trabaja de manera efectiva en la misma organización donde realizó sus prácticas, inmersa en el dinámico mundo de la sostenibilidad corporativa. Hoy celebra este giro inesperado y fascinante en su carrera:
«La combinación del mundo de las relaciones internacionales con el de la sostenibilidad es algo que jamás me había planteado y que descubrí a partir de mi primer trabajo en Barcelona».

Desmitificando el «Sueño Europeo»: la odisea de la vivienda y el mercado laboral
A la hora de desglosar las realidades cotidianas del emigrante, Victoria es sumamente cauta y prefiere esquivar las generalizaciones absolutas, remarcando que la vivencia de cada persona depende de un sinfín de variables.
No obstante, no titubea al trazar un panorama realista y descarnado sobre dos de los pilares más complejos a la hora de establecerse en el extranjero: conseguir un techo y un trabajo cualificado.
Lejos de romantizar la experiencia migratoria, la altagraciense advierte sobre la dura crisis habitacional que atraviesa la capital catalana. «Barcelona transcurre una situación de vivienda complicada, no es fácil conseguir y tampoco económico», detalló.
Esta cruda realidad del mercado inmobiliario, sumada a las propias costumbres locales, hace que compartir un departamento (o «piso», como le llaman allí) sea la norma absoluta.

Es una dinámica que responde tanto a una cuestión cultural profundamente arraigada como a la ineludible dificultad económica que supone acceder a una vivienda en solitario.
En cuanto al ámbito laboral profesional, su perspectiva es esperanzadora pero exige constancia. Si bien resaltó que en España, por regla general, «son muy receptivos con los argentinos en sentido laboral», advirtió que insertarse en el ámbito específico de la carrera que uno estudió cuesta un poco más.
En su caso, la maestría y las prácticas fueron herramientas obligatorias para adentrarse en un sector en el que no lograba conseguir oportunidades previamente. Aún así, reconoció que conoce casos de personas a las que se les ha dado de manera mucho más rápida y sencilla.


Mar, montaña y el desafío de la integración cultural
Por otro lado, la vida en Barcelona le ofreció un escenario geográfico privilegiado que disfruta a diario. Lo que más la cautiva es la asombrosa cercanía de todos los paisajes, destacando la particularidad única de «combinar mar, montaña y al mismo tiempo ser una de las ciudades más importantes del mundo».
Pero la geografía es solo una parte de la experiencia; el factor humano y la adaptación cultural juegan un rol determinante. Inmersa en la identidad catalana, Victoria subrayó la importancia de mostrar respeto e interés genuino por el idioma local.
Aunque aseguró que en el día a día es perfectamente posible manejarse exclusivamente en castellano, dado el carácter cosmopolita y la inmensa cantidad de extranjeros, aclaró que dominar el catalán abre puertas y genera otro tipo de vínculos. «Valoran mucho que te esfuerces por aprender su lengua».

Además, explicó que, si bien son bilingües, hay muchos puestos de trabajo que exigen el catalán como requisito excluyente, y una parte importante de la población elige comunicarse únicamente en ese idioma. «No es una imposibilidad no saberlo, pero es valorable», reflexionó.
En el terreno gastronómico, la transición ha tenido sus matices. Con una sonrisa, confesó que todavía no se ha acostumbrado del todo a ciertas comidas tradicionales.
Pero ya adoptó como propios algunos clásicos indiscutidos de la región, como el clásico pan con tomate (pa amb tomàquet) y el tradicional postre de crema catalana, los cuales, contó, le encantan. Eso sí, todavía tiene anotado en su lista de asignaturas pendientes probar los famosos calçots.

En su convivencia diaria, el trato con los locales ha sido sumamente enriquecedor. La joven señaló que ha tenido experiencias de todo tipo, pero en líneas generales siempre ha recibido un buen trato.
Ha aprendido muchísimo de las costumbres y formas de los catalanes, algo que celebra y valora profundamente. Especialmente en la dinámica de su entorno de trabajo.

La nostalgia por Alta Gracia y las lecciones del desarraigo
A pesar de lo fascinante e intenso de su presente europeo, las raíces siempre tiran. A la distancia, lo que más pesa en el alma es la ausencia física de su círculo íntimo: la familia y los amigos de siempre.
Sin embargo hay un elemento intangible, un rasgo de nuestra identidad que resulta irremplazable a miles de kilómetros: «La calidez de la gente, el trato y la forma de ser de los cordobeses, que es incomparable».

Vivir lejos de la Argentina también trae consigo un profundo aprendizaje humano. Para Victoria, el desarraigo le ha enseñado a ejercitar a diario su capacidad de adaptación y a descubrir formas totalmente nuevas y diferentes de forjar vínculos.
Asimismo, resalta un fenómeno hermoso que suele darse en la diáspora: la red de contención entre compatriotas. «La gran predisposición del resto de los argentinos en darte una mano cuando estás allá en lo que necesites» es, sin dudas, una de las marcas y lecciones más lindas que le viene dejando esta etapa de su vida.

El futuro y un consejo sincero para quienes dudan
Para aquellos vecinos que miran hacia afuera con ganas de animarse pero que no saben cómo dar el primer paso o sienten temor, Victoria tiene un mensaje claro, directo y despojado de fantasías.
Su principal consejo es derribar las idealizaciones: «Por un lado, que si decide hacerlo no lo haga creyendo que todo es súper fácil afuera, o con esa idea de ‘sueño europeo’. Que tiene sus cosas».
Pese a ello, con la misma franqueza, alentó a dar el salto, asegurando que si la decisión está tomada, «es una experiencia increíble».
Su recomendación es encarar el viaje mentalmente como lo que es: una oportunidad y una vivencia de crecimiento personal. «Y que por suerte, si no sale como quisiéramos, o si tan solo cumplió su ciclo, siempre tenemos un país hermoso al cual volver».

Sobre el gran interrogante de un posible regreso definitivo a la Argentina, Victoria mantiene una postura sumamente analítica, flexible y libre de prejuicios. Comentó que ese pensamiento «siempre está»; a veces se percibe más lejano y otras veces lo siente a la vuelta de la esquina.
Desde aquel primer día en el que se subió al avión, entendió su viaje como una experiencia con final abierto, capaz de durar unos pocos meses o extenderse indefinidamente.
Fiel a su estilo reflexivo, tomó distancia de los extremismos que suelen rodear el debate sobre la emigración: «Siempre renegué tanto del que decide irse de su país y solo criticarlo, como de aquel que castiga al que quiere vivir esa experiencia».
Hoy, instalada y exitosa en Barcelona, el regreso es una puerta que jamás cerró con llave. «No sé si puedo visualizarme lejos de Argentina para siempre».
Y concluyó: «Creo que en algún momento volveré, cuando sienta que esta experiencia cumplió su cometido», dejando en claro que, no importa cuán lejos la lleve su profesión, su esencia sigue anclada a su tierra.





