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Altagracienses por el Mundo

La historia de Pedro: trabaja en el Ministerio de Salud de Bélgica unificando los términos que usan los médicos

La historia de Pedro: trabaja en el Ministerio de Salud de Bélgica unificando los términos que usan los médicos

En esta sección te invitamos a conocer las historias de altagracienses que viven en diferentes partes del mundo. AGNoticias dialogó con Pedro quien tiene 34 años y hace doce que cambió las sierras por Bruselas. Traductor, lingüista y funcionario del Ministerio de Salud, nos compartió su experiencia: el desafío de estudiar en otro idioma, el amor en tiempos de multiculturalidad, la «cultura de la bici» y el sueño de devolverle a su ciudad natal un poco de lo aprendido.

En AGNoticias la sección «Altagracienses por el Mundo» ya es un clásico de nuestro portal informativo. Un espacio dónde les acercamos los lectores historias de vecinos, amigos o familiares que dejaron su ciudad natal y que ahora están viviendo diferentes experiencias alrededor del mundo. En esta oportunidad, conocemos más al altagraciense Pedro Díaz Lammertyn.

La historia de Pedro: trabaja en el Ministerio de Salud de Bélgica unificando los términos que usan los médicos

La historia de la emigración argentina suele tener mil matices. Algunos se van buscando estabilidad económica, otros huyendo de crisis recurrentes.

Pero el caso de Pedro es diferente: él se fue siguiendo una curiosidad intelectual y un rastro genealógico que, sin saberlo, le marcaría el destino.

Hoy, desde Bruselas, la capital de Bélgica y centro neurálgico de la política europea, este joven profesional de 34 años desmenuzó qué significa construir una vida a 11.000 kilómetros de casa sin soltar nunca la mano de sus raíces.

La historia de Pedro: trabaja en el Ministerio de Salud de Bélgica unificando los términos que usan los médicos

El origen: Una vocación que no encontraba lugar

Es un hijo pródigo de la educación cordobesa. «Me crie acá en Alta Gracia. Hice el jardín y la primaria en el Colegio Anglo Americano y el secundario viajando a Córdoba, en el Colegio Nacional de Monserrat«, recordó con orgullo. Sin embargo, al terminar la etapa escolar, se encontró con una encrucijada vocacional.

Probó varias carreras que no le gustaron hasta que descubrió el traductorado de inglés. No obstante él quería más: su deseo era combinar el inglés con el francés en una misma carrera universitaria. Una oferta académica que en Argentina no existía.

La historia de Pedro: trabaja en el Ministerio de Salud de Bélgica unificando los términos que usan los médicos

Fue entonces cuando una amiga belga le dio la clave: en Bruselas, ciudad sede de la OTAN, el Parlamento Europeo y la Comisión Europea, la formación de traductores e intérpretes es una tradición de excelencia.

Había algo más, un llamado de la sangre. «Mi apellido, Lammertyn, es belga, de la zona de Flandes. Mi tatarabuelo llegó a Argentina a principios del siglo XX y mi abuelo tramitó la ciudadanía», comentó.

Pedro nació con el pasaporte europeo bajo el brazo, una herramienta que, sumada a la curiosidad familiar, lo impulsó a cruzar el Atlántico en 2013, con apenas 21 años.

El desafío de adaptarse y crecer lejos de casa

Los comienzos no fueron un cuento de hadas. Si bien el primer mes se alojó con una familia conocida, pronto se encontró solo, siendo un estudiante más en una ciudad cosmopolita.

El desafío intelectual fue inmenso: «Tuve que aprender bien el idioma a la fuerza. No solo tenía clases de lengua, sino materias como Derecho, Economía Política, Psicología y Sociología dictadas enteramente en francés«, sostuvo sobre aquella inmersión total que lo obligó a madurar de golpe.

La historia de Pedro: trabaja en el Ministerio de Salud de Bélgica unificando los términos que usan los médicos

Su trayectoria académica fue en ascenso constante. Tras licenciarse y completar un Máster en Lingüística Aplicada, incluyendo un enriquecedor intercambio en Canadá que le permitió comparar sistemas educativos, se insertó en el mundo laboral. Trabajó como investigador en la Universidad de Lovaina y luego en una empresa de software médico.

Actualmente, su rol es vital para la sanidad pública de su país de residencia, ya que trabaja directamente para el Ministerio de Salud de Bélgica homologando terminología médica.

Una tarea técnica y precisa que garantiza que los hospitales del país «hablen» el mismo idioma administrativo.

La realidad del mercado laboral y la vivienda en Bélgica

A la hora de analizar cómo es la vida para un extranjero en ese país, Pedro es claro y desmitifica varios puntos. En cuanto al mercado laboral, declaró que la llave maestra es el idioma.

Bélgica es un país dividido: al norte (Flandes) se habla neerlandés y al sur, francés. Bruselas, aunque bilingüe en los papeles, habla mayoritariamente francés. «Para conseguir trabajo es importante hablar francés y también neerlandés; te abre muchas puertas«, aseguró.

Él mismo es el ejemplo vivo de esto: aprendió neerlandés cinco años después de llegar, motivado tanto por su carrera como por el amor, ya que su pareja, Marike, es flamenca. «El hablar los dos idiomas principales del país me permitió conseguir el trabajo actual en el Ministerio», afirma.

Respecto a la vivienda, un tema crítico en muchas capitales europeas, ofreció una visión alentadora. Según su experiencia, alquilar en Bélgica es «relativamente fácil».

Aunque los precios han subido, sigue siendo más barato en comparación con países vecinos como Francia, Holanda o Alemania.

«No hay muchos problemas de requisitos tampoco. Teniendo contrato de estudiante o trabajo, se consigue, no es tanto el problema«, detalló, marcando una diferencia con la odisea que suele ser alquilar en otras latitudes.

Estabilidad económica y un sistema de salud modelo

Por otro lado, la calidad de vida que describió el altagraciense se asienta sobre una base de estabilidad económica que permite proyectar.

«Los sueldos son buenos. Incluso un sueldo mínimo te permite vivir bien y progresar de a poco«, comenta Pedro, destacando que no es común ver gente ahogada por deudas cotidianas.

Otro pilar fundamental es la salud pública, a la que califica como «muy buena». El sistema está subsidiado casi enteramente por el Estado.

«El sistema cubre un 90% o un poquito más, y el 10% restante lo pagás vos. Está muy bien equilibrado, es accesible para todos y realmente funciona bastante bien«, explicó, valorando esa tranquilidad de tener las necesidades básicas cubiertas.

La vida cotidiana: Bicis, integración y nostalgia

Pedro y su novia disfrutan de una vida social muy activa. Lejos de aislarse, participan como voluntarios en la biblioteca pública de su barrio, organizando noches de trivia y clubes de lectura. «Gracias a eso conseguimos hacernos un montón de amigos locales», cuenta.

Además, disfruta de la increíble cultura de la bicicleta belga, aprovechando la inmensa red de senderos que conecta todo el país para hacer turismo entre bosques y pueblos.

Sin embargo, a pesar de la estabilidad y la integración, la nostalgia por Alta Gracia siempre está presente. «Extraño mucho la vida de allá. Acá es más fácil moverse, los asados, la carne de buena calidad… Allá es todo más caro e impersonal», confiesa.

Hay detalles pequeños que marcan la diferencia, como el trato en los comercios: «En Alta Gracia vas a un negocio y te saludan, te preguntan cómo estás. Allá es más impersonal«.

Por eso, vuelve todos los años. «En Alta Gracia me muevo como si nunca me hubiera ido. Conozco las calles de memoria, voy a comprar y me saluda gente que me conoce de chico«, expresó con emoción.

No se fue de Argentina escapando, sino atraído por una aventura, y eso le permitió disfrutar de ambos mundos sin rencores.

Un consejo y un sueño pendiente de cara al futuro

Para finalizar, dejó un mensaje a quienes dudan si emprender el viaje: «Mi consejo es que viajen, que se animen. No es fácil juntar la plata, pero ahorren de a poco«.

«Viajar te abre la cabeza, es un cliché pero es cierto. Hasta que no salís de donde te criaste, no te das cuenta de que hay cosas que pueden ser diferentes«.

De cara al futuro, aunque su presente está en Europa, su corazón guarda un proyecto para su ciudad natal. «Me gustaría en un futuro poder venir acá con un fondo de dinero y abrir una biblioteca o un centro cultural para la gente local».

Un sueño que cierra el círculo: llevarse conocimientos de Alta Gracia al mundo, y traer un poco del mundo para enriquecer a Alta Gracia.

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