En esta sección te invitamos a conocer las historias de aquellos altagracienses viviendo en diferentes partes del mundo. AGNoticias dialogó con Loli quien después de un viaje revelador por México, decidió dejar todo atrás para buscar una vida más simple y auténtica. Hoy, a nueve meses de llegar a Australia, relata cómo fue adaptarse a un nuevo idioma, una cultura distinta y un estilo de vida que la desafió y la transformó.
En AGNoticias la sección «Altagracienses por el Mundo» ya es un clásico de nuestro portal informativo. Un espacio dónde les acercamos los lectores historias de vecinos, amigos o familiares que dejaron su ciudad natal y que ahora están viviendo diferentes experiencias alrededor del mundo. En esta oportunidad, conocemos más a la altagraciense Loli Martínez.
Su historia podría ser la de tantas personas jóvenes que alguna vez sintieron que la vida que llevaban no era suficiente. Pero lo que la diferencia no es el deseo de cambiar, sino la decisión de hacerlo. Dejó su ciudad natal, Alta Gracia, impulsada por una necesidad profunda: frenar, respirar, y reencontrarse con lo esencial.
“Estaba en una etapa muy exigente. Cursaba la facultad, trabajaba, y sentía que no tenía tiempo para mí. Vivía agotada, sin margen para disfrutar nada”, relató desde Australia, donde vive actualmente.
Fue en ese contexto que un viaje a México le cambió la brújula. “No fue una vacación cualquiera. Estar cerca del mar, en contacto con una cultura tan viva, tan rica, me hizo replantear todo. Volví distinta”.


México: la primera transformación
Después de aquel viaje inicial, la joven no pudo volver a su rutina anterior. Algo se había roto —o revelado— dentro suyo. “Me di cuenta de que quería otra vida. Más simple, más libre. Una vida donde pudiera conectarme con otras personas y, sobre todo, conmigo misma”.
Así fue como se animó a lo que muchos postergan o descartan: dejar todo y lanzarse a una experiencia de viaje largo, sin fecha de regreso. México fue su primer destino, y también su primer hogar lejos de casa.
Vivió más de un año en Isla Mujeres, y otro tanto en Baja California Sur. “Ambos lugares me marcaron profundamente. Isla Mujeres tiene una energía especial. Es pequeña, pero intensa. Te enseña a vivir lento. A disfrutar sin tantas vueltas”.


En Baja California, en cambio, sintió que la experiencia se volvió más profunda. “Hay muchos americanos viviendo ahí, así que empecé a hablar inglés todo el tiempo. Me abrí a otro mundo”.
Asimismo, en México trabajó, se vinculó con locales y con otros viajeros, y aprendió a vivir con menos. “Allá todo es más comunitario. Compartís mucho con otras personas. Se forma como una red, una especie de familia improvisada. Eso me ayudó un montón”, recordó con emoción.
Australia: otra cultura, otro ritmo, en el otro extremo del mundo
Después de dos años en suelo mexicano, el camino la llevó mucho más lejos: Australia. Otro idioma, otra cultura, otro tipo de soledad.
“Al principio me costó un montón adaptarme. Aunque ya sabía inglés, el acento australiano es completamente distinto al que había aprendido. Me costaba entender lo que me decían. Me frustraba”.


No obstante lo que más le impactó fue lo social. “Acá la gente es más distante. No hay besos, no hay abrazos. Nadie te toca. Parecen cosas menores, pero cuando venís de un lugar como el nuestro, lo sentís. Sentís que falta algo. Me costó mucho acostumbrarme a eso”.
Sin embargo, aclaró que en ningún momento se sintió rechazada. “La gente fue amable, respetuosa. Solo que no te dan la confianza de entrada. Hay que ganársela, con tiempo. Pero eso también tiene su belleza. Aprendí a leer otras formas de cercanía”.
Su vida profesional entre planillas, café y diseño
Loli tiene una formación profesional sólida, aunque su camino fue cambiando con el tiempo. “Estudié contador público. En Argentina nunca me dediqué de lleno a eso, pero siempre trabajé en el ámbito administrativo”, explicó. Esa experiencia le permitió sostenerse económicamente en más de una etapa.
Ya instalada en Australia, decidió reinventarse. “Hice un curso de diseño de interiores y a veces hago trabajos particulares a la distancia por ahora”.
Asimismo, se sumergió en un oficio completamente nuevo: el de barista. “Trabajo en una cafetería, y es algo que me gusta. Tiene algo ritual, algo social. Es otra forma de conectar”.


También rememoró su paso por una granja apenas llegada al país. “Trabajé ahí para poder realizar mis días de extensión. Fue duro, pero fue parte del proceso. Me hizo valorar otras cosas, entender el esfuerzo desde otro lugar”.
¿Cómo es la realidad de conseguir trabajo y vivienda en el extranjero?
La llegada a Australia no fue fácil. Apenas pisó suelo australiano, un fuerte temporal azotó la zona donde se instaló, y todo quedó paralizado por unos días.
“Estaba todo quieto. No se movía nada. Nadie contrataba, todo el mundo estaba en pausa. Fue desesperante al principio. Pensé: ‘¿Me habré equivocado?’”.
Pero no bajó los brazos. “Sabía que iba a requerir paciencia. Me repetía: ‘Ya lo hiciste una vez. Podés hacerlo de nuevo’. Y así fue: con tiempo y buena actitud, las cosas empezaron a fluir. Conseguí trabajo y casa más rápido de lo que me imaginaba”.


En cuanto a la vivienda, admitió que tuvo suerte. “Escuché de muchos casos donde tardaron semanas o meses en encontrar algo. Pero yo tuve la fortuna de conectar con las personas adecuadas y enseguida me sentí en casa. Es un país caro, sí, pero muy ordenado. Las cosas funcionan. Y eso da mucha tranquilidad”.
Naturaleza y orden: lo mejor de Australia
La altagraciense habla de Australia con gratitud y asombro. “Es un país que te abraza desde lo natural. Hay muchísimos espacios verdes, playas inmensas, lugares vírgenes. Todo está limpio, cuidado, pensado para que puedas disfrutar”.
Disfruta salir a caminar por los parques, hacer senderismo, y descubrir rincones desconocidos. “Acá podés vivir bien. Hay oportunidades si las sabés buscar. El país tiene una cultura de respeto muy fuerte. Nadie se mete con vos, y eso te da mucha libertad para ser quien sos”.


El clima, afirmó, es variado, pero amable. “Yo estoy en una zona costera donde no hay extremos. No hace tanto calor como en México, ni es frío como el sur de Argentina. Hay sol, hay viento, hay días frescos. Me gusta”.
Experiencias personales y consejos para aquellos que están pensando en vivir en otro país
Loli no se siente especial ni distinta por haber dado este paso. Pero sí quiere dejar un mensaje para quienes están en ese limbo entre el deseo y el miedo.
“Si ya lo estás pensando, es porque algo adentro tuyo te lo está pidiendo. No necesitás tanto como pensás. Si tenés pasaporte y ganas, estás a un vuelo de distancia de cambiar tu vida”.


Reconoció que da miedo. “Claro que sí. Pero es un miedo lindo. Un miedo que te empuja a crecer. Te obliga a confiar en vos, a resolver, a caer y levantarte. Y todo eso te transforma”.
Viajar, dice, no es solo conocer lugares: es conocerse a uno mismo. “Entendés tus límites, tus fortalezas. Aprendés a estar solo, a valorar la compañía, a adaptarte. Y sobre todo, aprendés que el mundo está lleno de posibilidades”.


Por otro lado en lo que respecta a su experiencia personal, en cada país, en cada nuevo trabajo o casa compartida, la joven puso en práctica algo que nació en su ciudad natal.
“Crecí en un lugar donde lo simple se valora, donde pedir ayuda no es una vergüenza, y donde dar una mano es lo natural”.
Esos gestos pequeños —saludar, compartir, ofrecer— la ayudaron a integrarse incluso en culturas más frías o distantes. “Me abrió puertas. A veces con una sonrisa o una charla se generan cosas increíbles”, señaló.
¿Volver a Argentina?
Toda persona que emprende un viaje para irse a vivir a otro país lejano y ajeno, lleva consigo en su memoria los recuerdos de los seres queridos que dejó atrás. Loli aseguró que lo que más le duele dejar atrás es a su gente.
“Mi familia, mis amigos, las juntadas. La comida, por supuesto. Pero sobre todo, el calor humano. Eso no se reemplaza”.


Aunque hoy su vida está en movimiento, no descarta volver algún día. “No me imagino lejos para siempre. Siento que este camino era necesario para mí, pero sé que en algún momento voy a querer estar cerca de mi gente, de mis raíces«.
«La Argentina tiene algo que no se encuentra en ningún otro lado. Es caos, sí. Pero es amor también. Y yo quiero volver a eso”.




