En esta sección te invitamos a conocer las historias de altagracienses que viven en diferentes partes del mundo. AGNoticias dialogó con Ana quien recién recibida de cine y televisión, tomó una decisión sin plan de regreso: dejar nuestra ciudad y probar suerte en Europa. Pasó por Italia y Freiburg hasta llegar a Hamburgo, donde asegura haber encontrado una ciudad tan dura como fascinante.
En AGNoticias la sección «Altagracienses por el Mundo» ya es un clásico de nuestro portal informativo. Un espacio dónde les acercamos los lectores historias de vecinos, amigos o familiares que dejaron su ciudad natal y que ahora están viviendo diferentes experiencias alrededor del mundo. En esta oportunidad, conocemos más a la altagraciense Ana Ataide Greco.
Dejar atrás a la familia, los amigos y la rutina conocida nunca es fácil. Pero para Ana, altagraciense de nacimiento y viajera por elección, el deseo de probar algo nuevo, el amor por los idiomas y la curiosidad por el mundo pesaron más que el miedo a lo incierto.


“Creo que no puedo poner el dedo en dónde exactamente estuvo la motivación. Fue más bien el momento correcto, las ganas de vivir algo distinto y mi amor por los idiomas”, relató desde Hamburgo, al norte de Alemania, la ciudad que hoy se convirtió en su hogar. “Me fui sin saber cuándo volvía. Podía ser un año o, como lo veo ahora, quizás gran parte de mi vida”.
El salto al exterior no fue improvisado, pero tampoco estaba minuciosamente planificado. La joven partió de Argentina hace tres años y su recorrido la llevó por diferentes rincones de Europa.
Primero pasó cuatro meses en un pueblito de Italia, donde tramitó la ciudadanía italiana que le abrió las puertas para quedarse en el continente. Luego vivió un año en Freiburg, una ciudad pintoresca en plena Selva Negra alemana, que describió como “sacada de un cuento”.


“Freiburg es pequeña, verde, con casitas de techos rojos y una vida tranquila. Me dio el tiempo de adaptarme, de entender cómo era vivir en Alemania. Ahí confirmé que quería seguir explorando y no regresar todavía”.
Finalmente, hace un año y medio eligió Hamburgo, la segunda ciudad más grande de Alemania, como residencia permanente. Cosmopolita, portuaria y vibrante, Hamburgo le ofreció algo distinto: movimiento, diversidad y oportunidades.
Es Licenciada en Cine y Televisión y contó el desafío que es conseguir trabajo y vivienda
Recién recibida de Licenciada en Cine y Televisión —se graduó apenas unos días antes de migrar—, Ana no esperó demasiado para poner en práctica lo aprendido.
Ya en Argentina trabajaba como freelancer en la creación de contenido para redes sociales, incluso colaborando con una escuela de idiomas online, proyecto que pudo sostener durante su primer año en Europa. «Ahora en Hamburgo estoy trabajando hace un año como vendedora en un shopping«, sostuvo.

“En Alemania el trabajo depende mucho de lo que uno esté dispuesto a hacer. Es cierto que aprender el idioma abre muchísimas puertas, pero también hay posibilidades en inglés. Personalmente nunca estuve más de dos meses sin alguna oportunidad de trabajar”, comentó.
El panorama es distinto en lo que respecta a la vivienda. Conseguir dónde vivir puede ser un verdadero laberinto burocrático. “Para conseguir mi primera habitación en un departamento compartido tardé tres meses e hice varias entrevistas online. Y cuando buscamos un departamento propio con mi novio, aplicamos a más de diez opciones hasta que finalmente conseguimos uno. Fueron cuatro meses de espera y papeleos”.
Al contrario que en Alta Gracia, cuyo contraste es inevitable: “En nuestra ciudad el proceso es mucho más directo. Acá la competencia es enorme y hay que armar carpetas, mostrar contratos de trabajo, demostrar ingresos. Es muy estresante”.

Hamburgo, ciudad multicultural
Si algo fascinó la altegraciense de Hamburgo es la riqueza cultural que se respira en cada esquina. “Cada día, saliendo a la calle, podés escuchar más de cinco idiomas distintos. Estás rodeada de gente de todas partes del mundo y eso me encanta».
“Me da la sensación de estar en un lugar abierto, donde lo diverso no solo se acepta sino que forma parte de la identidad de la ciudad”, expresó.


Ese cosmopolitismo se refleja también en los pequeños gestos: “Constantemente tengo encuentros tiernos con desconocidos: un comentario amable en el supermercado, un chiste en la parada del colectivo, alguien que te ayuda si estás perdida”.
“Siempre escuché que los alemanes son fríos y distantes, y quizás no sean como nosotros, pero yo tuve la suerte de conocer personas amorosas y abiertas”.
Clima, gastronomía e idioma: luces y sombras de la adaptación
Ana admitió que la transición a la vida alemana no fue sencilla. “Vivir en Alemania puede ser una montaña rusa de emociones. El clima es un desafío: inviernos largos, días grises, poca luz. Después de venir de Alta Gracia, donde el sol y el aire libre son parte de la vida cotidiana, cuesta mucho acostumbrarse”.




El idioma también se presenta como una barrera: “El alemán no es fácil, es estructurado y muy distinto al español. Hay días en los que siento que avanzo y otros en los que me frustro. Pero es parte del proceso: abrirse, equivocarse y seguir aprendiendo”.
La gastronomía, en cambio, fue una sorpresa positiva. “Pensé que iba a ser complicado adaptarme, pero me encontré con comidas ricas y variadas. Y al vivir en una ciudad tan multicultural, es fácil conseguir platos de todas partes del mundo”.
Lo que se extraña y lo que se aprende
Aunque disfruta de su nueva vida, hay algo que no se reemplaza: “Lo que más extraño de Argentina es la espontaneidad y la soltura de la gente”.
“Esa forma de charlar con cualquiera, de compartir un mate, de improvisar un encuentro. En Europa todo es más planificado, más estructurado”.


Como balance, la joven rescató una lección fundamental: “Si vas a viajar, tenés que sacarte todos los prejuicios de encima, tanto hacia otras culturas como hacia la nuestra”.
“Hay mucho para criticar y también mucho para valorar de Argentina. Esa mirada solo la adquirís cuando vivís afuera”.
Consejos para quienes sueñan con dar el salto
Ana sabe que muchos jóvenes altagracienses sueñan con emigrar, pero no se animan por miedo a lo desconocido. Su consejo es claro:
“Primero investiguen todas las opciones: visas de estudio o trabajo, voluntariados, intercambios. Una vez que tengan la información, hay que animarse. No significa que todo vaya a salir perfecto, pero justamente de eso se trata la experiencia: de aprender, de equivocarse, de crecer”.
¿Volver a Argentina?
Por ahora, no piensa en volver a radicarse en Argentina. “Mientras la situación política siga este camino, solo me imagino regresar de visita. Estoy muy contenta con la vida que construí afuera”.

“Pero tampoco cierro puertas: la vida da muchas vueltas y uno nunca sabe qué puede pasar en el futuro”.
La historia de Ana es la de alguien que se animó a dar un salto sin garantías y que, en el camino, descubrió nuevos lugares, nuevas culturas y nuevas formas de ser. Desde Alta Gracia hasta Hamburgo, pasando por Italia y la Selva Negra, aprendió que la vida lejos de casa no es fácil, pero puede estar llena de oportunidades.
Como muchos otros altagracienses repartidos por el planeta, la joven demuestra que el deseo de crecer, conocer y aprender no tiene fronteras.

