AG Noticias
Altagracienses por el Mundo

La historia de Agustín: dejó la estabilidad de su trabajo y proyecta quedarse tres años en Australia

La historia de Agustín: dejó la estabilidad de su trabajo y proyecta quedarse tres años en Australia

En esta sección te invitamos a conocer las historias de altagracienses que viven en diferentes partes del mundo. AGNoticias dialogó con Agustín quien luego de varios años trabajando en la industria automotriz en Córdoba, eligió dejar la estabilidad de su empleo para animarse a una experiencia completamente nueva. Vive en Australia con una visa Work and Holiday, trabaja en granjas rurales y planea quedarse por tres años.

Durante años, la rutina de Agustín giraba en torno a los horarios, los objetivos laborales y el tráfico interminable de Córdoba Capital.

Aunque seguía viviendo en Alta Gracia, su vida transcurría entre autopistas, planillas y reuniones. “Sentía que estaba demasiado enfocado en crecer bajo la lógica de la vieja escuela: entrar a un trabajo e ir escalando, escalando, escalando”, contó.

Pero cada tanto, en medio de ese ritmo, aparecía un pensamiento que no lo dejaba en paz: ¿y si hay algo más allá de esto?

La historia de Agustín: dejó la estabilidad de su trabajo y proyecta quedarse tres años en Australia

De a poco, esa pregunta se convirtió en un deseo. Mientras sus días se llenaban de compromisos, en su cabeza empezaban a formarse imágenes de otros paisajes: montañas desconocidas, calles empedradas, idiomas distintos.

“Siempre tuve muchas ganas de conocer otras culturas, pero lo veía como algo imposible. Miraba fotos de lugares como Suiza o Francia y pensaba que nunca iba a poder estar ahí.”

Sin embargo, algo cambió. Empezó a prepararse mentalmente para abrir nuevas puertas. Tramitó la visa para Estados Unidos, gestionó su pasaporte italiano y se propuso generar llaves que lo llevaran a distintos destinos.

“Fue un proceso largo, de mucha planificación, pero también de decisión. Tenía claro que si no me animaba, iba a quedarme con la duda toda la vida.”

La historia de Agustín: dejó la estabilidad de su trabajo y proyecta quedarse tres años en Australia

Volver a empezar: dejar Córdoba para volver a soñar

Vivió en Alta Gracia hasta los 24 o 25 años, cuando se mudó a Córdoba por trabajo. Allí alquiló un departamento, se instaló y comenzó una etapa de crecimiento profesional. Su vida estuvo marcada por la industria automotriz.

“Arranqué como operador a los 23, y después mi jefe me impulsó a pasar al área administrativa. Estudié ingeniería y entré como analista de calidad en una empresa de Córdoba. Tuve un jefe que fue un verdadero maestro: me enseñó sobre sistemas de calidad, auditorías y muchos aspectos técnicos. Fue un gran aprendizaje.”

Con el tiempo, Agustín llegó a trabajar en Legar, una multinacional del sector. Viajaba por trabajo, participaba en auditorías y disfrutaba de esa estabilidad que muchos buscan.

La historia de Agustín: dejó la estabilidad de su trabajo y proyecta quedarse tres años en Australia

“Era un buen nivel de trabajo, con muchas responsabilidades. Pero sentía que todo se reducía a eso. Me había metido en una carrera sin fin, con poco espacio para mí mismo.”

Cuando llegó la pandemia, como a muchos, la pausa obligada lo hizo replantearse las prioridades. Pasó un tiempo en su casa de Alta Gracia, reencontrándose con su entorno y con esa sensación de raíz que la ciudad siempre le dio.

“Alta Gracia siempre fue mi refugio. Aunque vivía en Córdoba, todos los fines de semana volvía para ver a mis amigos. Es un lugar que me conecta con lo simple: las sierras, el mate con vista al Tajamar, los asados eternos. Pero también sentía que necesitaba ver el mundo.”

La historia de Agustín: dejó la estabilidad de su trabajo y proyecta quedarse tres años en Australia

Italia: el sueño que se volvió real

Cuando finalmente decidió emprender el viaje, lo hizo sin certezas pero con convicción. Primero viajó a Estados Unidos por una temporada, y al regresar se dedicó por completo a terminar los trámites de su ciudadanía italiana. Con todos los papeles listos, partió hacia Italia.

“Esperé la ciudadanía en un pueblito del sur llamado Altilia Maione, en la región de Calabria. Era un lugar diminuto, rodeado de montañas, donde todos se conocían. Viví allí dos meses y fue como entrar en otra dimensión del tiempo. Nadie corría, la gente se saludaba por la calle, y cada tarde el pueblo se llenaba del aroma a pan recién hecho y café.”

Una vez que tuvo el documento italiano en mano, se mudó a Cosenza, una ciudad más grande dentro de la misma región. Allí consiguió trabajo como recepcionista nocturno en un hotel.

“El sueldo era bajo, pero vivía tranquilo. Bajé mucho la ansiedad y aprendí a disfrutar del silencio. Pasaba las noches atendiendo turistas y mirando por la ventana cómo el pueblo dormía. Ese tiempo me enseñó a estar en calma”, expresó.

Al llegar el verano, Agustín decidió probar suerte en el norte. Se instaló en el Lago di Como, uno de los lugares más bellos del país. “Trabajé como mozo en tres lugares distintos, muy cerca de Suiza. En el sur encontré paz; en el norte, experiencia y mejores ingresos.”

“Las jornadas eran intensas, pero el entorno era mágico. Cada día salía del trabajo y tenía de fondo los Alpes, el lago y esas postales que antes solo veía en fotos.”

Entre viajes cortos, mates frente al agua y conversaciones con locales, Italia se convirtió en una escuela de vida. “Aprendí que cada lugar tiene su ritmo. En el sur me enseñaron la calma; en el norte, la disciplina. Italia fue mi primer gran salto, el que me demostró que podía vivir de otra manera.”

Australia: una nueva vida al otro lado del mundo

De regreso en Argentina, Agustín vino especialmente para el casamiento de un amigo. Planeaba quedarse tres meses, pero terminó extendiendo la estadía un poco más. Sabía que su próximo destino sería Australia, y esta vez lo sentía diferente. “No era solo un viaje; era una nueva etapa. Venía con otra cabeza, más abierto, con menos miedo.”

Desde marzo vive en Australia, con una visa Work and Holiday, que le permite trabajar y recorrer el país. Su primer trabajo fue en el campo, manejando tractores.

“Fue una experiencia increíble. Nunca había hecho ese tipo de trabajo, pero lo disfruté muchísimo. Estaba rodeado de naturaleza, animales, silencio. Me despertaba con el sol y terminaba el día con las manos cansadas, pero feliz”, relató.

La historia de Agustín: dejó la estabilidad de su trabajo y proyecta quedarse tres años en Australia

Actualmente vive en un working hostel, donde comparte alojamiento con jóvenes de todas partes del mundo. “Pago por el hospedaje y ellos te consiguen trabajo en granjas.”

“Estoy haciendo labores rurales porque cuentan para extender la visa. Ya completé tres meses para un año más, y ahora estoy juntando seis meses adicionales para poder quedarme tres años”, explicó.

Australia lo recibió con los brazos abiertos. “Acá el trato laboral es excelente. Nunca me habían tratado tan bien en un trabajo. Al principio me costó el idioma —el acento australiano es muy cerrado—, pero mi jefe fue paciente y me ayudó muchísimo. Es un entorno multicultural, trabajás con gente de Irlanda, Alemania, Francia, Italia, Brasil. Todos están en la misma, buscando experiencias y aprendiendo.”

Entre asados y empanadas: un pedacito de casa

En Queensland, donde vive actualmente, el clima es templado y cálido, con cielos amplios y atardeceres intensos. “El clima es parecido al de Argentina, aunque depende de la zona. Tasmania es más fría, el norte más tropical. Pero el paisaje es impresionante: playas interminables, selvas verdes, caminos que se pierden entre montañas.”

A pesar de la distancia, siempre hay lugar para las tradiciones. “Hace poco, con otro cordobés, organizamos una noche de empanadas para todos en el hostel.”

“Cada grupo cocinó algo típico de su país: hubo curry de India, pastas italianas, postres franceses. Nosotros hicimos empanadas y hasta llevamos chimichurri. Fue hermoso ver cómo todos querían probarlas. Fue como traer un pedacito de casa al otro lado del mundo”, contó con emoción.

Consejos para quienes sueñan con dar el salto y aprendizajes personales

En cuanto a las experiencias y lecciones que le ha dejado el emigrar, Agustín compartió con nostalgia pero sin tristeza que cada día lejos de Alta Gracia permite descubrirse a si mismo: “Cuando uno crece en un pueblo, todos te conocen, y de alguna forma te encasillan en una identidad.”

“Al irte, nadie sabe quién sos, y eso te permite descubrir nuevas versiones de vos mismo. Es como soltarte de la imagen que los demás tienen de vos. Eso te da libertad.”

Por otro lado, para quienes sueñan con viajar, les dejó un consejo claro: “Primero hay que trabajar el miedo. Entender a qué le tenés miedo realmente. A veces no es al viaje, sino a dejar lo conocido. Cuando soltás esa estabilidad, aparece la posibilidad de crear algo nuevo.”

Después viene la parte práctica: investigar qué visas o ciudadanías se pueden obtener, informarse en páginas oficiales y grupos de viajeros, y usar herramientas como Yo me animo. “Pero todo empieza por vencer el miedo”, repite, convencido.

¿Volver a Argentina?

Toda persona que emprende un viaje para irse a vivir a otro país lejano y ajeno, lleva consigo en su memoria los recuerdos de los seres queridos que dejó atrás.

A pesar de haber recorrido tantos lugares, Agustín sigue valorando las cosas simples. “Extraño los asados, las juntadas, el mate en la costanera. Pero también aprendí a disfrutar otras cosas: cocinar con gente de otros países, caminar solo por una ciudad nueva, perderme y encontrarme.”

Hoy, a más de 14.000 kilómetros de Alta Gracia, se siente en paz. “Por ahora no pienso volver definitivamente. Estoy en una etapa de construcción. Quiero mejorar mi inglés, ahorrar, dominar otros idiomas, seguir creciendo.”

Sabe que lo esperan al menos dos años y medio más en Australia, pero también sabe que las raíces lo llamarán tarde o temprano. “Voy a volver de visita, como siempre, para los asados y los reencuentros. Pero hoy mi presente está en el viaje. En aprender, en adaptarme, en seguir descubriendo.”

Con la calma de quien encontró su propio ritmo, Agustín entiende que emigrar no es irse, sino transformarse. Que cada paso fuera de casa es, en el fondo, un paso hacia uno mismo.