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Hace 55 años busca a su hija que nació en Alta Gracia y le fue arrebatada de sus brazos

Hace 55 años busca a su hija que nació en Alta Gracia y le fue arrebatada de sus brazos

Ana María es una mujer nacida en Alta Gracia, que vive desde hace tiempo en Comodoro Rivadavia, y que lleva adelante la búsqueda de su hija que nació en una clínica de nuestra ciudad como producto de un parto practicado por un médico local.

Entrar en la historia de Ana María Argüello es ingresar a una galería de imágenes donde se conjugan las miserias, el delito, los corsets sociales y la hipocresía amalgamado todo esto en el contexto histórico de la Alta Gracia de comienzos de los años sesenta.

Hace 55 años busca a su hija que nació en Alta Gracia y le fue arrebatada de sus brazos
Ana María Argüello es de nuestra ciudad y buscar cerrar su historia de vida a través de la búsqueda de su hija.

Ana María eligió hacer conocer su historia. Primero a través de su cuenta de Facebook y ahora en diálogo con AGNoticias. Una dura, cruda historia que trata de ir deshilvanando de a poco: “Soy nacida en Alta Gracia, cuando me casé me vine al sur. En Alta Gracia vivía en calle Arzobispo Castellanos y Corrientes, en barrio Caferatta”, inicia contando.

Todo empezó cuando tenía 13 años. Iba a la Escuela Manuel Solares, donde en ese momento estaban haciendo una ampliación. Un día cuando salía de clases, me volví para ir al baño. Fue cuando una persona, al salir del baño, me tapó la boca y me llevó a un lugar un poco más atrás, donde había una pieza. Yo a él lo había visto una vez, le había visto su cara alguna vez en la escuela. Me violó”.

Pero la dura historia de Ana María recién estaba comenzando: “Yo no había dicho nada de lo que me había pasado. Por cuestión de culpas, en esos tiempos esas cosas daban miedo contárselas a tus padres. Un día, a los tres meses me desmayé y me llevaron al médico. El Dr. Frías hizo salir a mi mamá del consultorio y me preguntó si tenía algún novio. Le dije que no, y me dijo que tenía un bebé en la panza. Fue cuando me largué a llorar”.

A partir de ese momento empezó una odisea. Siempre situémonos en el tiempo y en la sociedad de aquellos años. Ana María tenía solo 13 años, había sido violada y como producto de ello, había quedado embarazada. Solo imaginemos lo que debía pasar por la cabeza de esta niña.

Sigue narrando: “Fue pasando el tiempo y un día mi madre me llevó a ver al Dr. Somaini. A la semana me pusieron en una camilla, me pusieron el espéculo y se fueron. Así estuve un par de horas, en algunos momentos, recuerdo que me sacaban líquido de la panza y no me decían nada. Para mí fue un maltrato, por la edad y por no saber qué pasaba, no podías preguntar y no te contaban nada. Hasta que un día me llevaron a la clínica y me dejaron sola. Eran como las 10 de la mañana. Mi mamá me dejó sola en la sala de espera y me subieron a una habitación. Recuerdo que sentía dolores en la cintura, en la cadera. Estaba sola en la habitación y me dieron como ganas de ir al baño, fui y toqué la cabeza de mi bebé entre las piernas”.

El siguiente capítulo de este duro momento será lo que perseguirá a Ana María hasta el día de hoy:

Justo entró una enfermera y me dijo “no nena, vos no te tenés que bajar”. Me subieron a una camilla, me llevaron y me durmieron. A mi hija me la sacaron a los tirones porque yo estaba dormida. Cuando abrí los ojos, había una enfermera joven que creo recordar que el apellido Jiménez y vivía cerca de La Gruta. Le pregunté de quién era la bebé, no me dijo nada, me la sacó de los brazos y la llevó».

Pero la historia de aquel día continuó: «Como a las seis de la tarde mi mamá me fue a buscar, me llevó a casa y me acuerdo que mi hermana le preguntó qué había pasado y le dijo que ´había tenido un hijo pero que estaba muerto´. Típico de las cosas que pasaban en esa época”.

Ana María reconoce que su memoria fue olvidando cosas. O tal vez las tenga guardadas en algún rincón protegidas por el subconsciente. Quizás las haya querido borrar. Motivos no le faltan.

“Mi vida continuó con ese tremendo dolor. Cuando jugaba, lo hacía con frazaditas de muñeca, me tapaba la panza y le decía a mi hija que la quería. Porque yo siempre estuve convencida que era una nena. Con el tiempo me casé y tuve otros cinco hijos. Perdí la noción de cómo fueron aquellos tiempos.”

Pero el destino le depararía un nuevo giro en su vida a Ana María. Uno de sus hijos se hizo eco de su historia de dolor y se puso a trabajar en el tema junto a ella.

Mi segundo hijo me contó de un grupo de ayuda de quienes están buscando a sus hijos, o a sus padres y me agregó. A los poquitos días apareció una mujer. Miriam, se llama y busca a su madre biológica. Coincidirían las fechas, es un buen inicio. Sus hijos y los míos se parecen mucho. Hay muchos parecidos incluso entre nosotras. A ella le han dicho poco. Supo recién de grande que era apropiada y está en la búsqueda de su madre biológica. Nos hicimos el estudio de ADN y estamos esperando los resultados”.

Hoy cuando la ansiedad le gana por saber los resultados de estos análisis (que deberían llegar dentro de un par de meses desde un laboratorio de Houston, en Estados Unidos), Ana María no deja de pensar en aquella hija que le arrebataron de sus brazos. “No sé si a mi hija la vendieron, o la dieron en adopción, no sé. Quisiera que todo esto sirva para que nunca más una chica pase por estas cosas. Mucha gente dice que está rogando para que Miriam y yo seamos familia. No me hubiera animado sola. Mi hijo puso el primer granito de arena en este tema porque hace poco me dijo que yo lloraba mucho. Yo lloré todo este tiempo a mi hija. Tengo 5 hijos pero el amor que le tengo a ella, lo tengo intacto. No me puedo morir sin ver a mi hija, sin saber dónde está, cómo es, no me importa si no me quiere. Solo saber qué fue de su vida. A veces me levanto llorando en mitad de la noche o me angustio durante el día y siempre pensando que es algo que le pasaba a mi hija y no la podía defender”.

Hace 55 años busca a su hija que nació en Alta Gracia y le fue arrebatada de sus brazos
Miriam y Ana María. Fotos de ambas cuando tenían la misma edad…

La sociedad, que no siempre sabe o quiere entender de sus propias miserias, también es un factor que conspira para que la verdad no salga a flote.

Alguien me preguntó por qué había esperado 54 años para iniciarla, y no le contesté. Quien no sufrió de niña una violación no sabe lo que eso significa. Cuando decidí difundir mi historia puse mi edad (13) y la del hombre que me violó (46), para que se dieran cuenta que una nena no podía estar de novia con un hombre mayor, que lo que me pasó fue una violación”

La hija de Ana María Agüero nació en abril de 1964. Tiene hoy 55 años y necesita conocer su verdadera identidad. Ana María necesita cerrar la historia de su vida. “Con esta búsqueda no lastimo a nadie, es una cuestión de vida que necesito resolver para cerrar la historia. La mía y la de mi hija. Y para que mucha gente pueda buscar y encontrar, porque todos tienen derecho a su identidad”.

En el mientras tanto, Miriam en Rosario, y Ana María en Comodoro Rivadavia, siguen esperando el epílogo de una historia que comenzó en Alta Gracia. Aguardan el resultado de los estudios. Lo de ellas es deseo. A esta altura uno se pregunta si además de ello, será intuición y sentimiento de madre lo que sostenga viva la llama de la esperanza de reencontrar sus vidas más de medio siglo después del horror que vivieron.

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