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Crónicas al Voleo

El olvidado Woodstock Negro

El olvidado Woodstock Negro
Por Germán Tinti (especial para Crónicas al Voleo)

El verano (boreal) de 1969 tuvo tres acontecimientos multitudinarios en los Estados Unidos. El 20 de julio el Apolo 11 se asentaba en la superficie de la Luna y Neil Armstrong con su aparatosa bota intergaláctica marcaba en el suelo selenita la que sería desde entonces la huella más famosa de la historia de la humanidad y que salió hasta en la etiqueta de los chocolatines Milkibar. Entre el 15 y el 18 de agosto, en las tierras de Max Yasgur en Bethel (Nueva York), se realizaba un festival de rock con el nombre de una localidad que estaba a más de 100 km.: Woodstock. Música, amor libre, drogas y libertad en tres días que cambiaron la historia.

Pero hubo un acontecimiento cultural que durante seis jornadas diseminadas entre el domingo 29 de junio y el domingo 24 de agosto conmocionó a Nueva York (la ciudad) y convocó a más de 300.000 personas al Mount Morris Park, en el Central Harlem, ubicado a apenas 10 calles del Central Park. Estamos hablando del Festival Cultural de Harlem, que ese año llevaba adelante su tercera edición.

Tiempos de tensión

La década de 1960 fue una época disruptiva marcada por acontecimientos sociales, políticos y culturales que pusieron en evidencia, tal vez como nunca antes, el choque generacional y el levantamiento de las minorías para hacer valer sus derechos.

La guerra de Vietnam, Bahía de Cochinos y la crisis de los misiles, el levantamiento del muro de Berlín, los asesinatos de John Kennedy y Martin Luther King, los Beatles y Elvis, la muerte de Marilyn y la sangrienta y fatal irrupción de Charles Manson y su «Familia» en la vida de Sharon Tate. James Meredith levantándose contra la segregación en Mississippi, defendida a ultranza por el gobernador Ross Barnett y la marcha sobre Washington, los disturbios de Stonewall en Greenwich Village… cada hecho conmocionaba a la sociedad y generaba acalorados (y a veces violentos) debates. Todo era motivo de asambleas estudiantiles y conciliábulos políticos.

En ese contexto de permanente tensión se llevó a cabo este festival que convocó a las principales figuras afroamericanas de la música.

La movida de Harlem

El Harlem era, hasta no hace mucho, un verdadero paradigma de la convivencia. Allí residían una gran comunidad negra y las algo menos numerosas cubanas y puertorriqueñas. Todos en un contexto de integración cultural, pobreza, heroína y represión.

Según Manuel Lombardo, periodista de El Diario de Sevilla, «aquel festival estaba destinado a ser el punto de inflexión en su encuentro de tendencias, culturas, generaciones, estilos y voces dentro del colectivo a través de la reivindicación de la tradición y las nuevas corrientes, al tiempo en que se daba cabida a las raíces africanas y a la mezcla intercultural con la presencia de otras comunidades marginadas».

Tony Lawrence, también conocido como MC era un cantante de pubs, productor de conciertos, DJ y locutor de discreto éxito y popularidad, pero bien conocido en Harlem. Él concibió la idea del festival en 1967. Más tarde convenció al departamento de parques de la ciudad de Nueva York para que le permitiera producir una serie de conciertos de verano en el parque Mount Morris de Harlem. También se ocupó de conseguir sponsors y convencer, para la edición de 1969, que la WNEW-TV (que actualmente pertenece a la corporación Fox) a que llevara sus cámaras y registrara el evento.

Panteras Negras en acción

La policía de Nueva York («cortesía, profesionalismo, respeto» es su lema) se negó a brindar seguridad en los conciertos y se limitaron a rodear la manzana con su mejor cara de culo. Ante esta situación, Lawrence contrató a las Panteras Negras para que hicieran contrapeso al cordón de policías blancos («Como la policía no iba a ocuparse de la seguridad del festival, los Black Panther estuvimos allí» dijo años después Cyris Bullwhip Innis Jr., que formaba parte de la organización en ese entonces). Tensa calma titularía Crónica. A pesar de eso, no se registraron incidentes.

No fue casual la elección del organizador. El partido fundado en 1966 por los estudiantes universitarios Bobby Seale y Huey P. Newton tenía gran llegada en ese sector de la ciudad gracias a la implementación de los «Programas de Supervivencia» que incluían la provisión de desayunos gratuitos para niños y clínicas de salud comunitarias para la educación y el tratamiento de enfermedades. Sin dudas, Las Panteras Negras gozaban de gran prestigio y aceptación en el norte de la Isla de Manhattan.

B.B. King performing at the Harlem Cultural Festival in 1969, featured in the documentary SUMMER OF SOUL. Photo Courtesy of Searchlight Pictures. © 2021 20th Century Studios All Rights Reserved
Todas las figuras, todas

La lista de figuras que subieron al escenario en esas seis jornadas es larguísima y superestelar: un casi adolescente Stevie Wonder, los representantes de la vieja escuela Gospel como Mahalia Jackson, The Staples Sisters y The 5th Dimension, los nuevos iconos del funk-rock como Sly and the family Stone, los artistas de la Motown como Gladys Knight and the Pips o David Ruffin, los dos principales representantes de la fusión afro-latina Mongo Santamaría y Ray Barretto, el maestro del blues eléctrico B.B. King y el exiliado sudafricano Hugh Masekela y sus ritmos ancestrales fusionados con música urbana, R&B con Chuck Jackson y jazz de Carl Tjader, Max Roach y Abbey Lincoln. La última artista en subir al tablado fue la inigualable Nina Simone. Entre número y número las acaloradas arengas del Reverendo Jesse Jackson.

La la WNEW-TV obtuvo unas cuarenta horas de filmación. De ese material solamente se hicieron dos programas de una hora cada uno, un apretado e incompleto resumen. Después, los rollos de cinta fueron al archivo y allí estuvieron casi medio siglo.

Un músico documentalista

Ahmir Thompson, más conocido como Questlove, es integrante de The Roots, una banda de rap alternativo de Filadelfia que en la actualidad es la banda estable del show del famoso presentador Jimmy Fallon. Sin experiencia en el campo cinematográfico pero con profundos conocimientos de la historia de la música, aceptó la propuesta de dirigir un documental sobre el Woodstock Negro. Lo que primero lo sorprendió fue que nunca había escuchado nada sobre el festival.

«Yo diría que solo entrar en contacto con la grabación me tomó cinco meses –explica Questlove– cinco meses de tener constantemente estos monitores en mi casa en cada habitación, mi cocina, mi baño, mi cuarto. Los mantuve encendidos todo el tiempo. Eso era todo lo que veía. Tomé notas de todo lo que me ponía la piel de gallina».

«Summer of Soul (…o cuando la revolución no se pudo televisar)». Hay que buscarla en sitios alternativos, pero vale la pena.

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