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Crónicas al Voleo

El encendedor más famoso del mundo

El encendedor más famoso del mundo

Por Germán Tinti (especial para Crónicas al Voleo)

El primer encendedor del que se tienen datos fue creado por el químico autodidacta bávaro Wolfgang Döbereiner en el año 1816.  Wolfgang logró encender de manera automática y por fricción una porción pequeña de gas que salía de manera controlada por un orificio desde un pequeño reservorio. No obstante, este dispositivo requería para su funcionamiento polvo de platino, un material demasiado caro, lo que lo condenó al fracaso. Fue el noble austro – húngaro Baron Carl von Auer von Welsbach quien ideó el mechero de gasolina y desarrolló el diseño de un encendedor más accesible.

Pero la historia del encendedor más famoso del mundo empieza en los Estados Unidos en plena gran depresión, una noche de verano de 1932. Fue durante una cena en el Bradford Country Club, un club de la localidad de Bradford, al norte del estado de Pensilvania, al que asistían aquellos que habían logrado soportar el cimbronazo que dejó a millones sin más que lo puesto.

Diseño mejorado

Aquella cálida noche, uno de los comensales intentaba encender un cigarro utilizando el encendedor creado por el Baron von Welsbach, que por su tamaño obligaba a utilizar las dos manos para dar lumbre. El mechero llamó la atención de George G. Blaisdell, quien entabló conversación con el propietario que le contó que lo había traído de Austria; y que a pesar de lo complicado que era manipularlo, tenía la ventaja de que el viento no apagaba la llama. Blainsdell también observó que la chapa con que estaba fabricado era demasiado delgada, por lo que se abollaba con facilidad.

Mi Zippo era color bronce y tenía un aplique que hacía referencia a las 500 millas de Indianápolis. No es que sea aficionado al automovilismo o particularmente fan de esa famosa competencia, la pura verdad es que ese modelo era el más económico que había en el acotado catálogo disponible en Poker, la tradicional cigarrería de la esquina de San Jerónimo y Buenos Aires, al frente de la plaza San Martín, en la ciudad de Córdoba. Con el tiempo el detalle fierrero, a raíz del uso y el maltrato, quedó en el camino. Y finalmente la presión médica para que dejara de fumar remitió mi querido Zippo al fondo de algún cajón  hasta que se perdió en los meandros del tiempo y el olvido.

Un negocio instantáneo

Rápido de reflejos, Blaisdell inmediatamente compró la patente del particular encendedor y se dedicó a mejorar su diseño. Para ello fabricó una caja rectangular y unió la parte superior del encendedor a la caja por medio de una bisagra. Conservó el diseño de la chimenea que protegía la llama bajo condiciones adversas. Así consiguió un producto que se veía bien y era sólido y fácil de utilizar. Había nacido el Zippo, que con pequeños cambios en su diseño, es el mismo que podemos adquirir 90 años después.

También en 1932 George Blaisdell fundó la Zippo Manufacturing Company. El origen del nombre del producto (y de la empresa) se adjudica a que a Blaisdell le llamaba la atención el vocablo “zipper” (cremallera en inglés) y luego de jugar con las posibles variantes se inclinó por zippo. Nada épico, hay que reconocer.

El primer modelo salió al mercado a principios de 1933 a un precio de U$S 1,95, nada barato para aquellos tiempos. Tanta confianza tenía su creador en su producto que desde entonces cuenta con garantía de por vida («It works or we fix it free»– «Funciona o se lo arreglamos gratuitamente»). Y es la pura verdad. Por cualquier falla hay que poner el encendedor en un sobre y enviarlo a la dirección que indica el folleto de garantía y te lo devolverán como nuevo. La demora depende de la distancia.

Zippo va a la guerra

Algo que aprendí utilizando mi viejo Zippo es que hay que proveerse de repuestos originales: la piedra, los algodones del tanque, la mecha y –especialmente– la bencina. En épocas de bolsillos hambrientos me incliné alguna vez por una lata de bencina Ronson (empresa que pertenece a la Zippo Manufacturing Company) y los resultados fueron frustrantes. Es más, en tiempos de Lecor, ticket canasta y otras cuasi monedas decidí probar con una latita de bencina YPF y llegué a la conclusión que es más inflamable el agua.

A mediados de los años 30, la Bradford Kendall Refining Company (actualmente Kendall Motor Oil Company) hizo un pedido por 500 encendedores Zippo. Según los registros, esta fue la primera vez que una empresa utilizó estos encendedores como elemento publicitario, una práctica que fue ampliándose y aún en nuestros días es utilizada por cientos de empresas, lo que genera –además– un marcado interés por  parte de los coleccionistas.

Otro gran impulso para la la Zippo Manufacturing Company fue, paradójicamente, la Segunda Guerra Mundial. Con la entrada de Estados Unidos en la guerra, cesó la producción de encendedores para los mercados de consumo y la compañía se dedicó a fabricarlos para el personal militar de EE.UU. El hecho de que millones de militares estadounidenses llevaran el encendedor en el campo de batalla fue un catalizador importante en el establecimiento de Zippo como un icono de Estados Unidos en todo el mundo. Abastecer el mercado militar mantuvo en la planta en plena producción. Esto permitió a la compañía fortalecerse económicamente y convertirse en una empresa viable. Algo similar ocurrió décadas después, durante la guerra de Vietnam.

El encendedor de la gran pantalla

Pero lo que hizo de Zippo un ícono mundial fue su constante aparición en la silver screen. Desde que Donna Reed le enciende el cigarrillo a Montgomery Clift en «De aquí a la eternidad» o Errol Flynn sostiene su Zippo en su característico estilo de hombre dominante y suave a la vez en «Objective Burma», el mechero desarrollado por George G. Blaisdell tuvo constantes apariciones en las grandes producciones de Hollywood.

La lista es larguísima e intentar una enumeración sería una tarea ciclópea. Casablanca, la mayoría de las de guerra, todas las de Quentin Tarantino, las de Scorcese y siguen las firmas. Un Zippo es un elemento tan común en las películas que muchas veces pasa desapercibido. Es más icónico que el Colt o el Winchester. El romance entre Zippo y Panavision es el más duradero que ha dado la historia de Hollywood.

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