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Crónicas al Voleo

El Capitán del Calipso

«El Capitán del Calipso» – Por Germán Tinti

Cahuita es un pequeño pueblo costero, ubicado en la denominada Región de Limón, al este de Costa Rica, sobre la costa del mar Caribe. Está enclavado a la vera del Parque Nacional del mismo nombre, a poca distancia de la frontera con Panamá. Se caracteriza por sus casas bajas y distanciadas entre sí, hechas en muchos casos de madera, sus calles de tierra, sus playas de arena negra, las cálidas aguas del mar que baña su costa y un estilo de vida relajado, decididamente pueblerino. El clima es por demás amigable; los días invitan a disfrutar de sus playas, las noches a los fogones. El turista suele fantasear con pasar el resto de su vida así: bebiendo ron, comiendo camarones y escuchando calipso mientras mira la luna reflejarse en el manso mar.

Cahuita, un pequeño paraíso en la costa caribeña tica, cuna de Walter “Gavitt” Ferguson

Y si hablamos de calipso, muchos seguramente se remitirán a la escena de la película Beetlejuice , (Tim Burton, 1988) en la que varios de los personajes realizan una desopilante coreografía al ritmo de Day-O (Banana boat song), más conocida por estas tierras como “Calipso bananero”,  la canción más conocida del artista neoyorquino Harry Belafonte, quien hizo de este estilo musical caribeño una verdadera tendencia mundial allá por las décadas de 1950 y 1960.

Belafonte, descendiente de jamaicanos, tomó la música de las tierras de sus ancestros y la adaptó al gusto norteamericano, agregando cuidados arreglos corales e instrumentales. Podemos decir que hizo una versión “comercial” del calipso, sin que esto insinúe crítica alguna. Belafonte fue (es) un artista innovador que sin lugar a dudas amplió el espectro musical de mucha gente.

Nacido en Trinidad y Tobago, pero extendido a toda la zona de las Antillas, el Calipso es popular en Barbados, Norte de Brasil (principalmente el estado de Pará), Colombia (principalmente en el Archipiélago de San Andrés y Providencia), Jamaica, Nicaragua (costa atlántica), Panamá, (principalmente en Bocas del Toro, Colón y barrios de la ciudad de Panamá en los que se asentó la población anglo afroantillana), Puerto Rico, Venezuela, además de –como quedó dicho– la provincia de Limón en Costa Rica.

Walter “Gavitt” Ferguson, leyenda viviente de la cultura caribeña.

Entonces volvemos a Cahuita y nos centramos en uno de sus habitantes más famosos y prestigiosos: un hombre nacido hace 99 años en Guabito, un caserío ubicado a pocos kilómetros, pero cruzando la frontera con Panamá. Actualmente retirado, Walter “Gavitt” Ferguson Byfield es una verdadera personalidad en Cahuita y en el ámbito de la música popular costarricense y antillana. Es un referente mundial de un estilo musical que se relaciona directamente con los afrodescendientes de la región. A lo largo de su vida fue agricultor y ejerció algo que podríamos llamar “medicina popular” (o sea, curandería) cuando su pueblo estaba aislado por falta de caminos y puentes.

“Con su humilde guitarra y su lúcida mente creativa ha compuesto una doscientas canciones en el género del calypso, las cuales han retratado a su pueblo y han narrado la historia de los últimos ochenta años ha dicho el periodista Manuel Monestel. Sus letras describen su entorno y su circunstancia con humor y nostalgia, pero también con una ácida visión de las problemáticas sociales y económicas.

Con el tiempo, el mundo fue reconociendo su arte, y pudieron grabarse varios discos con sus canciones.

Ferguson fue haciéndose conocido entre los turistas que llegaban a Cahuita en busca de sol y descanso. Con una vieja grabadora y su guitarra grababa cassettes a pedido. Como músico es autodidacta y –además de la guitarra– toca el piano, el clarinete y las tumbadoras. “Mi mamá me decía que yo iba a ser un gran compositor porque yo cantaba todo lo que ella cantaba. Ella trabajaba como costurera con una máquina pequeña y yo me sentaba a la par a escuchar y cantar”, contó don Walter en una entrevista brindada en febrero de este año al diario La Nación de Puerto Rico.

Conocido regionalmente por su capacidad de improvisación (dicen que era imbatible en las competencias con otros “calipsionans”, especies de duelos en que cada contendiente va improvisando versos, una especie de duelo de payadores o “batalla de gallos” entre los cultores del rap). Tenía más de 60 años cuando el musicólogo estadounidense Michael Williams llegó a su casa y le propuso grabar su primer vinilo. “Mr. Gavitt: Calypso of Costa Rica (cocoa plantation calypso songs sung in english)”, lanzado bajo el sello Smithsonian Folkways Recordings. Allí se recogían algunos de sus temas más famosos.

También incluía las letras en inglés y una breve biografía. Esta grabación, sin embargo, es de muy mala calidad, con grillos y ruido de fondo incluidos, y no tuvo difusión en Costa Rica. En 1986, el Ministerio de Cultura y Juventud editó un disco titulado “Calipsos del Caribe de Costa Rica: Walter Gavitt Ferguson”. Más adelante, en 2003 se realizó la producción “Babylon” y en 2004 llegó “Dr. Bombodee”, ambas con el sello de Papaya Music.

La particularidad de todas estas grabaciones es que Walter “Gavitt” Ferguson nunca abandonó su pueblo. Las primeras dos grabaciones fueron hechas con una intención casi antropológica. Para las dos últimas, la discográfica debió instalar un estudio de grabación en su propia casa. El nivel de amateurismo es enternecedor, en algunos casos ni siquiera existe edición y se registra incluso cuando el artista olvida la letra y debe estar tarareando unos segundos hasta que la recuerda (o la inventa).

Walter “Gavitt” Ferguson nunca dejó Cahuita para grabar sus discos.

“Describe tu aldea y serás universal” dijo alguna vez el Conde Lev Nikoláievich Tolstó (León Tolstoi para los íntimos). Walter “Gavitt” Ferguson es la prueba viviente (una más) de que el novelista ruso estaba en lo cierto. Una canción que describe un paisaje, en realidad describe todos los paisajes. Un poema que homenajea a una ciudad, rinde homenaje a todas las ciudades. Un artista que habla de su pueblo, habla de todos los pueblos.

Es aquí cuando estas líneas abandonan toda intención biográfica y asumen su verdadera intención: la de ser ferviente recomendación para descubrir (o revisitar) a un artista universal, de la estatura de Bob Seger, Camarón de la Isla e incluso Atahualpa. Su música, hasta hace poco fuera de catálogo (para hacerse de una copia de sus discos había que viajar a Cahuita), hoy están disponibles en plataformas como Spotify o Youtube. Las nuevas tecnologías y la globalización tienen estos aspectos positivos. Sepamos valorarlos y aprovecharlos.

Hoy, a sus 99 años, Walter “Gavitt” Ferguson sigue siendo un referente de la música afroantillana.