Para la gran crónica diaria, pueden pasar al cajón de las «pequeñas cosas». Hechos que lejos de ser noticia, forman parte de la vida diaria, casi diríamos rutinaria.
Pero hay pequeñas cosas que no lo son tanto. Que algunas veces representan gestos que no buscan el aplauso de multitudes. Ni siquiera la aprobación de los «políticamente correctos» que tratan de encontrar un rédito de cada acción.
Jorge De Nápoli, a cargo de la Intendencia de Alta Gracia está llevando a cabo una rutina lejos de las cámaras y los micrófonos, pero cerca de sectores que no siempre son acompañados. Desde hace ya unas semanas, desde el mes de mayo, De Nápoli recorre escuelas a la hora del izamiento o el arriado de la bandera. Nos enteramos casi de casualidad, simplemente por coincidir en un sitio y a una hora por motivos periodísticos ajenos a esta actividad oficial.
Cada día, todos los días, acompaña a los directivos, conversa con los docentes, charla con los alumnos. Y fundamentalmente marca una presencia del Estado municipal en actos que puedan parecer rutinarios y hasta secundarios, pero que se revalorizan con este tipo de acciones.

No es el propósito de esta nota construir un altar para De Nápoli. Tampoco obviar que hay asuntos mucho más importantes que estos de los que debe ocuparse (y de hecho lo hace). Simplemente queremos mostrar que no siempre un funcionario realiza acciones para salir en cámara o tener aire en los medios.
A veces, como en este caso, las cosas se hacen porque se sienten, por pequeñas e intrascendentes que puedan parecer. Y así como muchas veces levantamos el tono para marcar errores o falencias, bueno es destacar asuntos que suman, desde lo humano, a una gestión.
Como alguna vez cantara Serrat: son aquellas pequeñas cosas que el viento arrastra allá o aquí…




