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Editorial

Coronavirus y responsabilidad social

Coronavirus y responsabilidad social

Desde que comenzó la pandemia resuena en los medios y las redes sociales el término ‘responsabilidad social’. El término refiere a los compromisos y obligaciones de los miembros de una sociedad tanto entre sí como para la sociedad en su conjunto. El concepto introduce una valoración positiva o negativa al impacto que una decisión tiene en la sociedad.

Como dije anteriormente, el término comenzó a sonar con más fuerza durante marzo y abril, meses en los cuales nos vimos obligados a adaptarnos al aislamiento social. De este modo, la principal consigna era que no salgamos de nuestras casas y si nos veíamos obligados a hacerlo fuese con responsabilidad, ya que el virus es altamente contagioso.

Hoy, a casi cinco meses del inicio de la cuarentena, puedo afirmar que el concepto no está del todo interiorizado. A pesar que gran parte de la sociedad logró cambiar sus hábitos o adaptar su forma de vida a la nueva normalidad, hay un porcentaje que subestima la fuerza del virus, ignorando el riesgo que este implica.

Si bien el virus tiene una tasa de mortalidad baja, su fuerza radica en la capacidad de contagio que tiene. Y creo que acá es donde entra en juego el concepto de responsabilidad social: si nos contagiamos, nunca sabemos a quién podemos llegar a contagiar. Yo soy una persona sana y no soy factor de riesgo, sin embargo, puedo llegar a contagiar a alguien que sí lo sea.

El tema es bastante complejo. Intervienen otros factores, como por ejemplo el hartazgo social que la mayoría atravesamos luego de estar meses encerrados. Es complicado, sí. Pero considero que día a día vamos adaptándonos al contexto que nos toca atravesar, y considero que las medidas de bioseguridad e higiene dictaminadas por el COE deberían respetarse a rajatabla.

Cada vez que hago este análisis, no puedo evitar pensar en todas aquellas personas que no tuvieron la posibilidad de quedarse en sus casas. Médicas/os, enfermeras/os, policías, recolectores de residuos, cajeras/os y repositores de supermercados, farmacéuticas/os y recepcionistas. Ni hablar de aquellos trabajadores en negro que no pudieron darse el ‘lujo’ de quedarse en sus casas, ya que tenían que llevar comida a sus hogares.

Entonces más pienso y más considero relevante interiorizar el concepto de responsabilidad social. Se lo debemos a la gente que no pudo frenar ni un segundo. Porque ellos no “rompieron la cuarentena”, sino que no tuvieron posibilidad de hacerla. Y si se contagian, no va a ser por una juntada familiar de 15 personas o más, sino por brindar servicios a la sociedad para que esta siga funcionando. Se lo debemos a las personas factor de riesgo.

Como la gran mayoría, extraño muchas cosas. Ir a juntadas familiares numerosas, salir a bailar, grandes cenas con amigos. No obstante, elijo acatar las disposiciones sanitarias y no hacer estas cosas de modo ilegal. Pero no por mí, sino por mi abuela de 85 años, por mi amiga de 21 años que es diabética y por mi vecina que es médica.

Porque a la larga no elegir por uno sino por el otro, es tener responsabilidad social y ser solidaria/o.

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