Por Juan Carlos Gamero
A veces las casualidades existen, y en algún momento el destino quiere que entrelacen historias. ¿Qué tendrían en común el asesinato de Cecilia Basaldúa y la desaparición de Eduardo «Pelé» Arce?. Nada en esencia, pero terminarían teniendo un desenlace que les sería común.
De las canchas a las calles
Eduardo Jaime «Pelé» Arce fue uno de los más grandes futbolistas que dio Alta Gracia de finales de los 70 a esta parte. El Negro fue un crack que tuvo en Racing de Nueva Italia su momento de gloria. La vida lo llevó por el camino que nadie desea. El alcohol lo llevó a convertirse en una persona en situación de calle, pese a la ayuda incansable de Amalia, una de sus hermanas.

Esa vida lo llevó a sobrevivir en los viejos vagones abandonados del ferrocarril. Y una de esas noches, la del 20 de octubre de 2020 empezó el principio del final. Una vieja frazada con la que se protegía de las inclemencias del tiempo tomó fuego dentro del vagón. «Pelé» no tuvo la reacción necesaria para zafar de las llamas, y cuando pudo ser rescatado, las consecuencias eran graves. Quemaduras de distinto grado y gravedad hicieron que fuera trasladado primero al Hospital Illia, e inmediatamente al Instituto del Quemado, en Córdoba.
Allí, en Córdoba, estuvo internado por un largo perìodo de tiempo, hasta ser dado de alta. Amigos del fútbol, parientes y este periodista intentaron sin suerte averiguar sobre su destino. Nunca más se supo de él. Hasta ayer.
El final de una mochilera
Cecilia Gisela Basaldúa tenía 35 años. Nacida en Buenos Aires, fue toda su vida una entusiasta viajera por Latinoamérica. Desde México hasta Bolivia, Cecilia recorrió rutas y países conociendo palmo a palmo este hermoso continente. A fines de marzo de 2020, decidió que sus viajes habían terminado y que debía resumir todas sus experiencias en un libro. Y eligió Capilla del Monte para hacerlo.

Cecilia desapareció el 5 de abril de 2020, durante las primeras semanas que se implementaron las restricciones sanitarias, para prevenir la propagación del Covid-19. Llamativamente, su ausencia fue reportada recién 3 días después por Mario Mainardi, dueño de la casa donde estaba alojada. Recién el 25 de abril de 2020 su cuerpo sin vida y con signos de haber sido ultrajado, fue encontrado a orillas del arroyo Calabalumba, cerca de un basural
Hasta hoy, no hay un culpable condenado por su asesinato. Los sospechosos fueron absueltos por la Justicia y su crimen sigue impune.
Cuando el destino decide jugar
Es acá cuando el destino dice presente en ambas historias. Los propios padres de Cecilia y su abogada denunciaron hace pocos días (durante el sexto aniversario de su homicidio) que el cuerpo de la joven fue enterrado en el Cementerio San Vicente, en Córdoba. Por orden de la Justicia y sin consentimiento de la familia. Así de irregular la medida adoptada por quienes dieron las órdenes.
Y es acá donde se tocan las historias. Los Basaldúa pudieron comprobar que el cuerpo de su hija fue enterrado en una fosa común con otros dos cuerpos cuya procedencia (por ahora) se desconoce. En una misma fosa, los restos de Cecilia fueron enterrados junto a un N.N. y a los de una persona que respondería al nombre de Eduardo Arce.
La fecha del enterramiento coincidiría con el momento en que «Pelé» Arce (recién ahora se conoce este dato) se habría fugado del establecimiento hospitalario donde habría estado internado un largo tiempo desde su alta médica en el Instituto del Quemado.

La familia de Cecilia Basaldúa, sensibilizados con la situación de poder darle una cristiana despedida a su hija, decicieron contactarse con allegados a la familia de Arce. «Este hombre debe haber tenido familia, merecen saber cómo terminó y dónde está el cuerpo de su ser querido», dijeron. Una breve investigación sobre el nombre anotado en la bitácora del cementerio los llevó hasta la nota que AGNoticias publicara hace un tiempo y fue el nexo para que llamaran a Alta Gracia.
¿El cuerpo hallado en la fosa común junto al de Cecilia Basaldúa será realmente el de Eduardo Arce?. ¿Será así el final de una historia hasta ahora inconclusa acerca de su último destino?. Si esto finalmente se confirmara, se abrirían nuevos interrogantes: ¿Cuáles fueron las circunstancias de su muerte? ¿Dónde trancurrió sus últimas horas?. Si estaba identificado con nombre y apellido, ¿cómo fue que terminó su cuerpo en una fosa común del Cementerio de San Vicente?. Preguntas por ahora sin respuestas.
Daniela Pavón, abogada defensora de la familia Basaldúa ha pedido la exhumación de los cuerpos para realizarles pruebas que ratifiquen o rectifiquen sus identidades. Un proceso que seguramente llevará largos tiempos judiciales.

Mientras tanto, dos familias continúan a la espera de respuestas que nadie da. Unos, por una justicia que parece lejana. Otros, por cerrar una historia familiar que sigue doliendo.




