Edgar Fontana fue boxeador. Y de los buenos según cuentan los que lo conocieron. Luego, los caminos de la vida lo llevaron por donde no debía y hace tiempo lucha por su recuperación. Una vez más, el deporte aparece en su horizonte como herramienta de renacimiento.
Fontana fue de los que daban que hablar cuando subía al ring. Nacido en la ciudad de Córdoba tuvo una rica trayectoria como amateur. Como aficionado enfrentó, entre otros, nada menos que al «Chino» Maidana. En 1998 fue Campeón Argentino Amateur en la Categoría hasta 60 kg. Fue en un Campeonato Argentino, cuando integró la Selección de Córdoba bajo la tutela de Carlos Tello.

Eran tiempos en que la vida de Edgar se entecruzaba con la de Santos Falucho Laciar, con quien compartía horas de entrenamiento en el Estadio Córdoba. Más tarde, cuando decidió dar clases de boxeo, fundó Fontanabox, donde formó a varios pugilistas tanto amateurs como profesionales. El propio Laciar fue su padrino en este emprendimiento.
Los caminos de la vida
Pero no todo fue rosas en la vida de Edgar Lionel Fontana. Hubo período negro que lo llevó a perder el rumbo. Caída en adicciones y una lucha por recuperarse que aún hoy continúa día día, paso a paso.
«Siempre quise ser Campeón Mundial y no lo logré. Con el tiempo tuve que alejarme del boxeo y sentí un vacío interno muy grande que me llevó al infierno. Un infierno del que fui saliendo de a poco, siempre de la mano del deporte», cuenta Edgar.
Hoy, Edgar es -además de un deportista hecho y derecho- un creyente en Dios. Entrega sus días a la fe, que lo ayuda a retomar el buen camino y a recuperar el tiempo y la familia de la cual alguna vez se alejó.
«Durante años luché contra una adicción que me alejó de mí mismo y de los míos. Pasé por el Refugio Papa Francisco, donde empecé a recuperar la dignidad y la esperanza. Con esfuerzo y fe, logré independizarme, retomé mi trabajo y mi vida. Hoy sigo en tratamiento con psicóloga en el Hogar de Cristo, en Alta Gracia, porque la recuperación es diaria y el acompañamiento es clave».

El deporte, herramienta para vivir
El próximo domingo no será solo un día marcado en rojo en el calendario para Edgar. Será el punto culminante de tanta lucha por volver a ser, por volver a tener una meta por cumplir. A las 8 de la mañana de este domingo, este muchacho correrá la carrera de su vida.
«Este domingo corro 30 kilómetros en Jesús María, en la Maratón «Rompiendo límites». No es solo una carrera. Es mi forma de decir que se puede salir adelante. Que nadie está perdido, y que las adicciones se vencen con voluntad, ayuda y fe. Corro también para dejar un mensaje de concientización: hay camino, hay salida, hay segunda oportunidad».

Así vive Edgar Lionel su proceso de recuperación, su renacer a la vida y su reinserción social. Y una vez más, aparece el deporte como herramienta. Ya no serán los puños, ahora serán sus piernas, su entereza, su corazón…
«No llego a la meta solo: llego con todos los que me ayudaron, con los que creyeron en mí, y con la esperanza de que mi historia sirva de ejemplo a quien todavía está luchando», cierra Edgar como mensaje para todos quienes atraviesan una situación complicada.
A Edgar lo conocimos casi por casualidad, trabajando honradamente en una calle de Alta Gracia. Nos contó algo acerca de él y quisimos compartirlo con ustedes. Porque consideramos que estas historias de vida y de recuperación ameritan ser contadas como ejemplos para todos quienes la están luchando.




