Dos hombres de 24 y 40 años fueron detenidos al intentar ingresar al Dispensario N°8 de Parque Virrey. El hecho reabre el debate sobre el deterioro de los valores y el daño a espacios que sostienen la salud de todos los vecinos.
En horas de la noche de este miércoles, un patrullaje preventivo en barrio Parque Virrey derivó en la detención de dos sujetos que intentaban robar en un dispensario que, paradójicamente, está destinado a la salud y al cuidado de los vecinos.
El operativo se llevó adelante en inmediaciones de la Escuela Julio Barrientos. Los efectivos observaron a dos hombres —de 24 y 40 años— salir del sector del Dispensario N°8. Tras identificarlos, constataron que las aberturas del centro habían sido forzadas. Inmediatamente ambos fueron aprehendidos, evitando que el hecho se concretara. Los detenidos quedaron a disposición de la Justicia.
El absurdo de dañar lo que cuida
Más allá del hecho policial, la situación abre un interrogante profundo: ¿Qué lleva a alguien a atentar contra un dispensario, un lugar al que seguramente ellos mismos, sus hijos o sus familias recurren cuando la salud les juega una mala pasada?
El centro de salud no es un edificio cualquiera: es la primera puerta de auxilio para un niño con fiebre en la madrugada, para un abuelo que necesita un medicamento, para un vecino que busca contención. Robar allí es, en definitiva, robarle a la propia comunidad, y también a uno mismo.
Por último, este episodio vuelve a poner sobre la mesa cómo se han distorsionado los valores. Hasta qué punto se pierde de vista la importancia de cuidar lo que es de todos. Porque la salud no distingue condiciones sociales ni económicas: cuando hace falta, el dispensario abre sus puertas. Y resulta, por lo menos, doloroso que alguien intente cerrarlas a la fuerza.

