Por Germán Tinti (especial para Crónicas al Voleo)
Luis Cardei podía cantar en modo autobiográfico aquello de «Yo soy del barrio de tango, de esquina, de luna y de sol, / de cien barrios porteños que tienen el alma del pueblo y el corazón».
Durante décadas su frágil figura transitó por piringundines tangueros de cada uno de los más tradicionales barrios de Buenos Aires, aquellos señalados como tierra de guapos, malevos y de tormentosos amores no correspondidos.

La niñez vista por la ventana
No fue fácil la niñez del hijo de Luis Eduardo y Catalina Fontanella. Había nacido en 1944 en el barrio de Villa Urquiza y a los 8 años le diagnosticaron hemofilia, la enfermedad hereditaria que impide que la sangre coagule con normalidad. Desde entonces a los juegos infantiles los vio por la ventana, mientras en su casa sonaban tangos en la radio.
También influyó en él su padre, que se había hecho una cierta fama como cantor. Por eso, siendo poco más que un adolescente participó en concursos de cantores en clubes de Paternal, Chacarita y Villa Urquiza. No ganó, pero mucha gente tomó nota de este muchacho enfermizo y de voz cristalina. Al mismo tiempo trabajaba de lo que podía: levantando quiniela o como vendedor.

Las siguientes décadas lo encontraron cantando allí donde lo quisieran escuchar: cabarets, sótanos oscuros, bares de mala muerte y, alguna vez y a falta de escenario, en el ring de boxeo de un humilde club de Villa Urquiza.
El rengo fascinante
Todo eso mientras afrontaba prolongados y dolorosos tratamientos por su enfermedad. «A los ocho años dejé de caminar– contó en una entrevista–– Me golpeaba las piernas jugando a la pelota y de tenerlas quietas tanto tiempo para que se me fueran los derrames ya no las podía estirar. Estuve enyesado hasta los trece, y después me las fueron estirando de a poquito. Por eso camino así».
Un poco por eso, en su momento el diario francés Le Monde lo definió como «el rengo fascinante» (así, en castellano, suena feo, pero el francés todo lo mejora, y «le boiteaux fascinant» es mucho mejor).
En su gran novela «El cantor de tango», ambientada en el convulsionado año 2001, Tomás Eloy Martínez cuenta la pesquisa de un estudiante norteamericano detrás de un mítico cantante de tangos llamado Julio Martel, que se acercaba más a la leyenda urbana que a un personaje real. El periodista y escritor tucumano nunca ocultó que se inspiró en Cardei para componer su personaje, y eso queda más que claro en el texto, ya que sus características de cantor más nombrado que conocido y más mítico que real los emparentan indisimulablemente.

Las luces del centro
Probablemente el punto de quiebre en su carrera haya sido la noche de 1994 en la que cantó en «La Esquina de Arturito», un viejo bodegón ubicado en el difuso límite entre Parque Patricios, Boedo y San Cristobal. Allí fue visto y escuchado por algunos periodistas que hicieron correr la voz sobre su voz.
Medio siglo de vida debió recorrer Luis Cardei para por fin ser aceptado en los más importantes círculos culturales de Buenos Aires. De este modo llegó, luego de girar por barrios suburbiales, a la avenida Corrientes, cuando cantó en el prestigioso Foro Gandhi. Poco después llegó al Club del Vino y la intelectualidad porteña lo adoptó con entusiasmo.
Para el periodista Andrés Casak fue «un fenómeno único en el tango. Suerte de antihéroe, con severas dificultades para caminar –la contracara de la estampa recia de Julio Sosa–, se transformaba en un chamán en vivo junto al bandoneonista Antonio Pisano. Decidor con un estilo intimista y una voz pequeña, elegía obras escondidas, entonaba los textos y lograba trasladarnos a los climas e imágenes de las letras».
De culto
Personajes de la cultura y de las artes como Héctor Alterio fueron sus fans, actuó bajo la dirección de Pino Solanas en su película de 1998 «La nube», el poeta Horacio Salas lo postuló como el sucesor de Roberto Goyeneche, Umberto Ecco solía ir a verlo cuando estaba en Argentina. El director Gabriel Arregui lo retrató en el filme autobiográfico «El torcán», en la que fue personificado por el actor Osqui Guzmán.
Luego de su demorado acceso a la fama y la popularidad, Luis Cardei pudo gozar las mieles del éxito. Con respecto a su particular estilo interpretativo, el cantor de Villa Urquiza solía decir: «Yo juego con el argumento de los tangos y me emociono interpretando al personaje que está en las letras. Elijo compositores de los años 40 para atrás porque después surge el poeta que perfuma el tango, lo intelectualiza. Yo necesito emocionarme con el argumento del tango, porque interpreto el personaje. Una frase como “trenzas del color del mate amargo” es más para pensar que para sentir. En cambio, cuando uno dice “calle donde mi lindo barrio se alzó” no hay nada más que decir».
En apenas seis años grabó cuatro discos, compartió cartel con artistas de la talla del Nuevo Quinteto Real, con el dúo Salgán-De Lío y con la cantora Nelly Omar. Cantó en Brasil y pudo abrir su propio local en el Paseo La Plaza, en plena calle Corrientes.

Agradecido de la vida
Para el crítico Mariano del Mazo, «Cardei fue al tango lo que René Lavand al ilusionismo: practicaba un tipo de arte en estado de pureza, complementado por relatos alucinantes, tiernos, de ritmo moroso, como musicalizados por la chicharra de la siesta».
María Maratea fue primero su agente de prensa, después su esposa y finalmente su biógrafa. En el libro que publicó en 2002, Cardei decía que «mis viejos pensaban que me iba a morir a los trece años. Pero mirá, tengo 55», y agregaba: «Crecí, fui a la escuela, tuve novias. Me casé y tuve un hijo. Levanté quiniela, tuve amores, canté. Salí en los diarios, en las revistas, en la televisión. Siempre fui respetado y querido. Viví. Me divertí. Disfruté cada día, de verdad (…) Y al final de mi vida me enamoré por primera vez. De una mujer como vos, que me ama como nunca nadie me amó. ¿Cómo no le voy a estar agradecido a la vida? ¿Qué más puede pedir un hombre? Pero así, no. Perdoname mi amor, pero así no puedo seguir».
Y no pudo. Una de las tantas transfusiones que recibió lo contagió de hepatitis C, lo que provocó su fallecimiento el 8 de junio de 2000.




