Un análisis científico identificó al clásico de 1982 como la canción perfecta. Su estructura armónica y repetitiva activa zonas del cerebro asociadas al placer, pero también hay factores emocionales y culturales que explican su éxito duradero.
La música puede gustarnos por muchas razones, pero ¿qué pasa cuando la ciencia intenta explicar por qué una canción es mejor que las demás? Un grupo de neurocientíficos y expertos musicales llevó adelante un análisis para identificar la “mejor canción de todos los tiempos” a partir de patrones objetivos. El resultado sorprendió a muchos: el clásico África, de la banda estadounidense Toto, lanzado en 1982, fue elegido como la canción que más se ajusta a las reglas que el cerebro humano percibe como placenteras.
El estudio, citado por el medio Far Out, señala que la canción cumple con principios de armonía, repetición y estructura melódica que generan una respuesta positiva en el cerebro. A través de escáneres cerebrales y análisis de la liberación de dopamina, los científicos observaron que África activa zonas asociadas al placer, la memoria y las emociones. Según el neurocientífico Daniel Glaser, incluso pequeños gestos como mover el pie o sonreír al escucharla son indicios claros de su impacto en el sistema nervioso.
Pero la explicación no es solo biológica. Desde tiempos antiguos, pensadores como Pitágoras ya vinculaban la música con las matemáticas, sugiriendo que las notas musicales obedecen a leyes físicas precisas. En esa línea, África presenta una composición sólida, sin errores evidentes, y un flujo melódico que engancha desde el primer acorde. Su estilo ochentoso y su atmósfera nostálgica también colaboran a que sea una canción difícil de olvidar.
Además de su perfección técnica, los especialistas destacan su capacidad para evocar emociones y generar una fuerte identificación cultural. Con el paso de los años, África se convirtió en un himno generacional, trascendiendo las barreras del tiempo y los géneros musicales.
Aunque la ciencia puede ayudar a entender por qué ciertas canciones nos gustan más que otras, la conexión emocional sigue siendo un factor clave. La música, más allá de fórmulas y algoritmos, es una experiencia profundamente humana. Y quizás ahí radique el verdadero secreto detrás de una canción inolvidable.




