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¿Vos cómo lo ves?

¿Vos cómo lo ves?. Hoy: «Esperanza: el que espera… ¿desespera?»

¿Vos cómo lo ves?. Hoy: "Esperanza: el que espera... ¿desespera?"
Lic. Patricia Orofino (*) Psicopedagoga Psicoterapeuta Familiar
Mat. 5108-76

Algunas veces me he preguntado qué significa ese dicho. Son tan ancestrales e interesantes los refranes y dichos que nos hacen pensar y a veces cuestionarnos.

Hay dos tipos diferentes de esperas… de esperanzas.

Una cosa es esperar algo concreto como puede ser el colectivo. Que, aunque desespera que tarde tanto cuando estamos apurados… en absoluto el resultado depende de mí.

Y otra, ¡es esperar y tener esperanzas que mi pareja funcione!

Platón en un diálogo con Aristóteles preguntaba:

 “La esperanza es el asiento en el que nos sentamos a esperar que los deseos se cumplan? o, es la base para impulsarnos a actuar?

Es evidente que la esperanza de que la pareja funcione, se asemeja más a tener una ilusión o un deseo de que esto se cumpla.

Pero si queremos que ocurra, tendremos que impulsarnos a actuar manteniéndonos activos; es preferible creer en lo que  uno hace… en el esfuerzo, en el ir «hacia». Es la  valentía de luchar para que mi objetivo suceda.

Les comparto este pensamiento de Julio Cortázar:

“La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose”

Este pensamiento nos corrobra que la esperanza nos impulsa a construir, a generar cambios para volver a empezar.

Optimismo vs Esperanza

Creo ciertamente que el optimismo es un buen aliado de la esperanza.

Cuando uno es optimista, el tener esperanza quiere decir tener grandes expectativas de que las cosas saldrán bien en la vida, a pesar de las frustraciones; siempre y cuando sea un objetivo realista.

Ejemplo:

Juan se sintió decepcionado cuando lo rechazaron en un trabajo, pero tenía un plan B de acción para superar ese sentimiento. Frente al hecho pudo decir: “como pude… puedo”.

Ahora bien, un optimismo demasiado ingenuo puede ser tan nefasto como un pesimismo crónico. ¿Por qué?

Porque lo irracional e injustificado hace que los pensamientos se distorsionen y empecemos a ver lo que queremos ver y sentir lo que queremos sentir.

Ejemplo:

Lucía va a la Facultad de Medicina en la cual también cursa Mario. Ella se sentía atraída y “enamorada” de este compañero porque él se mostraba muy atento. A veces la invitaba a comer para discutir temas de estudio; otras, la acompañaba a su casa de paso para la suya, o charlaban de distintos temas.

Lucía interpretó subjetivamente, que estas acciones eran claras señales de que Mario estaba casi “enamorado” de ella. Grande fue su decepción cuando tomando un café en el bar de la facultad, Mario le dice: “Mirá ahí viene mi novia… te la voy a presentar”

A propósito de este pequeño relato cito a Aristóteles que decía:

“La esperanza es el sueño del hombre despierto, como una visión utópica de algo en un futuro cercano”

Si hay un propósito, tenemos un “Por Qué” y si es así siempre encontraremos un “Cómo”

Ilusión vs Pensamiento Mágico

La ilusión es una Esperanza infundada.

En la ilusión estamos atrapados en el pensamiento mágico que nos lleva a dar a nuestros deseos un valor desmesurado. La consecuencia de esto, es que no ponemos en marcha la voluntad, trabajo y esfuerzo que son necesarios para alcanzar esos ideales.

La ilusión, la fantasía nos llevan a callejones sin salida.

Si nos dejamos llevar por la ilusión anulamos la capacidad de pensamiento; de poner en práctica el espíritu crítico, la capacidad para rebelarse… es como vivir en el “País de las Maravillas”.

El pensamiento mágico es natural en los niños pequeños; es un pensamiento simbólico, concreto, que da lugar a una visión fantástica del mundo.

Si un adulto se maneja con este tipo de pensamiento, llega a conclusiones basadas en supuestos erróneos, no justificados. Es el caso, cuando la persona formula un deseo o idea y espera que el destino lo haga realidad.

En el pensamiento mágico entonces, vivimos prisioneros de la ilusión que no nos sostiene.

En definitiva, tenemos que privilegiar el pensamiento racional junto al entusiasmo y no la ilusión, que nos lleva a la decepción. Hay que encontrar una armonía entre la razón y la emoción, separando la ilusión de la realidad para descubrir quiénes somos.

La varita mágica… está solo en los cuentos de hadas y princesas.

Sin embargo, a pesar de todo aquello en lo que creo, sabemos que todos compartimos algún tipo de pensamiento mágico… por ejemplo, cuando llega un nuevo año, se suelen despertar ilusiones viendo la posibilidad de hacer borrón y cuenta nueva… a la espera que las cosas las resuelva el destino.

No existe nada malo en este pensamiento, excepto cuando en verdad lo creemos y ponemos todas las fichas al destino. Y tampoco es bueno cuando ante un desafío, en lugar de buscar estrategias para resolverlo… nos limitamos a invocar al destino.

Cuando soplamos las velitas en nuestro cumpleaños, es un ritual pedir tres deseos… aunque ¡todos sabemos que no hay magia!

Volviendo al tema de la Esperanza, el psiquiatra y filósofo V. Frankel, quien estuvo prisionero en Auschwitz dice que, aún en situación más adversas, el ser humano no abandona la esperanza.

Aquellos que tenían una tarea a cumplir o los esperaba alguien eran los más aptos para la supervivencia.

“Si supiera que el mundo se acaba mañana yo, hoy  todavía plantaría un árbol”

                                                                                            Martin Luther King

¡Que tengan un lindo fin de semana!