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Altagracienses destacados

“Un diagnóstico temprano lo puede cambiar todo”: la historia de Consuelo Olsina

Consuelo Olsina

Hay historias que no resultan fáciles de contar, incluso cuando pasó mucho tiempo. Historias que dejan marcas, que cambian prioridades y que obligan a mirar la vida de otra manera. La de Consuelo Olsina, actual concejal de Alta Gracia, es una de ellas. A los 25 años, cuando transitaba su carrera y tenía toda una vida de proyectos por delante, recibió un diagnóstico que jamás imaginó: cáncer de mama.

Hoy, nueve años después, decidió volver a ponerle palabras a aquella experiencia en una nueva entrega de Altagracienses Destacados, el ciclo de AGNoticias que recupera las historias de vecinos de nuestra ciudad. Lo hizo en el marco de Octubre Rosa, el mes dedicado a generar conciencia sobre el cáncer de mama, con una intención muy clara: que otras mujeres no posterguen sus controles y que quienes estén atravesando la enfermedad sepan que no están solas.

Todo comenzó con algo aparentemente pequeño. Mientras se bañaba, Consuelo sintió un bultito en su mama izquierda. Tenía apenas 25 años y, por su edad, nadie imaginaba que pudiera tratarse de una enfermedad como el cáncer.

Se lo contó a su mamá y juntas comenzaron a buscar respuestas. Llegaron las consultas médicas, una ecografía que mostró una alteración y nuevos estudios que finalmente confirmaron el diagnóstico. “Era muy chica, nadie imaginaba que podía tener eso, incluso los médicos. Me estaba bañando y me sentí un bultito en la mama izquierda”, recordó.

La noticia fue un golpe difícil de asimilar. Consuelo estaba estudiando, tenía otros planes y otras preocupaciones. De repente, su vida comenzó a girar alrededor de estudios, médicos y tratamientos. “Cuando me enteré no entendí nada. Fue un golpe muy duro de la realidad. Estaba cursando mi carrera, tenía otras prioridades y enfrentarme con eso fue muy difícil. Estaba bastante perdida”, confesó.

Después de la confirmación llegaron la cirugía, la quimioterapia y la radioterapia. Un proceso exigente, tanto física como emocionalmente, que la enfrentó a situaciones para las que nadie está preparado. Consuelo no esconde que tuvo miedo. Por el contrario, considera importante hablar de ese sentimiento porque sabe que muchas mujeres postergan sus controles precisamente por temor a recibir una mala noticia.

“El miedo es humano, a todos nos pasa. Imaginate a mí, después de enfrentarme a un diagnóstico. Pero no hacerse los controles tampoco resuelve el problema”, expresó. Con el paso del tiempo, el acompañamiento de sus seres queridos, la atención médica y su propia fortaleza fueron fundamentales para atravesar aquella etapa.

“Ya pasaron nueve años y hoy, gracias a Dios, a la medicina y al acompañamiento de mi familia y mis amigos, estoy muy bien”, aseguró.

Su historia demuestra que detrás de cada diagnóstico hay una persona con proyectos, vínculos y sueños que continúan. Y que, aun cuando el camino resulta difícil, existen tratamientos, profesionales y redes de apoyo capaces de marcar una diferencia enorme.

En medio de aquella incertidumbre apareció un grupo de mujeres que terminaría ocupando un lugar fundamental en su vida: la Fundación Amazonas. La organización, integrada por mujeres que atravesaron un diagnóstico de cáncer de mama, se convirtió para Consuelo en un espacio de contención, acompañamiento y comprensión.

“Fueron mi primer pilar. Se acercaron, me tendieron su mano y me dijeron: ‘Acá estamos para lo que necesites’”, relató emocionada. En un momento donde todo parecía desconocido, encontró personas capaces de comprender sus temores desde la propia experiencia.

“Les pregunté veinte mil cosas, porque una no sabe qué le van a hacer, qué viene después, qué significa cada cosa. Ellas me acompañaron muchísimo, me sostuvieron. Voy a estar eternamente agradecida”, expresó.

Ese acompañamiento dejó una huella profunda. Hoy, Consuelo entiende que compartir su experiencia también es una manera de devolver parte de todo lo que recibió.

La Fundación Amazonas no solamente brinda apoyo emocional a las pacientes y sus familias. También promueve la práctica de remo en bote dragón, una actividad física que puede contribuir al bienestar y a la recuperación de mujeres que atravesaron tratamientos por cáncer de mama, incluido el manejo del riesgo de linfedema bajo orientación profesional.

En ese marco, Olsina destacó la importancia de la Regata Rosa, una iniciativa que reúne deporte, concientización y solidaridad, y cuya declaración de interés impulsa desde su función pública.

Para Consuelo, Octubre Rosa no debería ser solamente una campaña de un mes. Es una oportunidad para recordar algo que muchas veces queda relegado entre las obligaciones cotidianas: cuidar la propia salud. “Tenemos muchísimas responsabilidades, hijos, trabajo, y muchas veces dejamos los controles para después. Pero es muy importante que prioricemos nuestra salud”, remarcó.

Desde su experiencia y su participación en Amazonas, insiste en que la detección temprana mejora considerablemente las posibilidades de tratamiento y curación. “No es lo mismo detectar un cáncer de mama en un estadio temprano que cuando ya está avanzado. Por eso es tan importante que nos hagamos los estudios y que no tengamos miedo”, señaló.

Su propio diagnóstico a los 25 años también invita a recordar que, aunque el cáncer de mama es más frecuente a edades mayores, puede presentarse en mujeres jóvenes. Ante la aparición de un bulto o cualquier cambio sospechoso en las mamas, la consulta médica resulta fundamental.

Hoy, desde su lugar como concejal de Alta Gracia, Consuelo reconoce que su exposición pública también puede convertirse en una herramienta para llegar a más personas. No se trata solamente de hablar de una enfermedad, sino de mostrar que detrás de una experiencia dolorosa puede surgir una oportunidad para acompañar a otros.

“Es muy difícil hablar y dar testimonio de lo que una pasó, porque se empiezan a mover muchas cosas y toda una historia. Pero creo que este lugar que me ha dado ser concejal y referente, que muchas personas me conozcan, me permite contar lo que viví y ayudar a quienes están atravesando lo mismo”, reflexionó.

Su testimonio cobra un significado especial porque no habla desde la distancia. Habla desde el recuerdo de aquella joven de 25 años que encontró un bulto mientras se bañaba, desde el miedo al escuchar un diagnóstico inesperado y desde la gratitud hacia quienes estuvieron a su lado cuando más los necesitaba.

Nueve años después, Consuelo Olsina elige transformar esa experiencia en un mensaje de prevención, acompañamiento y esperanza. Porque si algo aprendió en aquel camino es que el miedo no debe impedir una consulta médica y que, frente a un diagnóstico difícil, contar con alguien que tienda la mano puede cambiarlo todo.