El ciclista de Alta Gracia volvió a demostrar que los sueños deportivos no tienen fecha de vencimiento. En el Campeonato Panamericano Máster de ciclismo en pista, disputado en Tarija, Bolivia, conquistó una medalla de oro y otra de bronce. Detrás de los resultados hay años de entrenamiento, sacrificios familiares y una pasión que sigue intacta.
Hay historias deportivas que no se explican solamente con medallas. Detrás de cada logro aparecen las horas de entrenamiento, los esfuerzos económicos, el acompañamiento familiar y, sobre todo, esa pasión que empuja a seguir compitiendo cuando el paso de los años podría invitar a bajar el ritmo. Gustavo Gómez, es uno de esos ejemplos.
Del 4 al 11 de octubre, el deportista volvió a representar a la Argentina en el Campeonato Panamericano Máster de ciclismo en pista, desarrollado en Tarija, Bolivia. Y su regreso no pudo ser mejor: se consagró campeón panamericano en la prueba de persecución y obtuvo la medalla de bronce en eliminación.
Dos nuevas conquistas que se suman a una trayectoria cargada de esfuerzo y que le permitieron alcanzar su sexta medalla panamericana.
Una preparación de meses respaldada por años de sacrificio
En diálogo con AGNoticias, Gustavo explicó que llegar a una competencia de semejante nivel requiere mucho más que algunos meses de entrenamiento. «La preparación lleva muchísimos años. Cuando tenemos una competencia importante, hacemos un trabajo específico de tres o cuatro meses, pero siempre sobre la base que venimos construyendo desde hace mucho tiempo», contó.
Su rutina incluye trabajos de gimnasio una o dos veces por semana, dos jornadas de entrenamiento en ruta y otras dos dedicadas exclusivamente a la pista. Para este Panamericano, gran parte de la preparación la realizó junto a César, un compañero de Córdoba, en el velódromo de barrio Ayacucho, en la capital provincial.
«Fue una preparación muy dura, pero al mismo tiempo muy linda, porque es lo que nos mueve. Es nuestro motor, la pasión que tenemos por competir en pista», expresó.
El momento de las medallas y los recuerdos que emocionan
Después de tantos meses de preparación, llegó el momento de competir en Bolivia. Y cuando finalmente consiguió subir al podio, las emociones fueron mucho más allá del resultado deportivo. «Cuando pude obtener las medallas, me acordé de todas las horas de sacrificio, de las horas de trabajo y de mi familia. Sobre todo, de mi hijo Joaquín», relató.
También tuvo palabras para su hermano, a quien reconoció que muchas veces le complica la vida para poder sostener sus compromisos deportivos. El oro en persecución y el bronce en eliminación significaron mucho más que dos nuevas preseas. Representaron la recompensa a un esfuerzo que se mantiene desde hace décadas.
Un regreso al podio panamericano después de diez años
Gustavo ya conocía lo que significaba estar entre los mejores del continente. En 2015 había conseguido consagrarse campeón panamericano en Puerto Rico, mientras que en 2014 y 2016 también había alcanzado posiciones de podio con medallas de plata y bronce.
Sin embargo, durante los últimos años su calendario deportivo estuvo enfocado principalmente en los campeonatos mundiales, lo que lo mantuvo alejado de las competencias panamericanas. «Este año, por una cuestión económica más que nada, decidimos volver a los Panamericanos. Y la verdad que estamos muy contentos», explicó. La decisión terminó convirtiéndose en una nueva página destacada de su carrera deportiva.
La edad no es un límite cuando sobra pasión
Lejos de pensar en el retiro inmediato, Gustavo todavía tiene ganas de seguir compitiendo. El ciclismo máster organiza sus categorías por franjas de edad de cinco años, una modalidad que le permite continuar enfrentándose con deportistas de su misma generación.
«Estamos en la categoría de 49 a 54 años y todavía tenemos la posibilidad de seguir corriendo. Esperemos poder hacerlo, sobre todo con salud, un par de años más», aseguró. Pero detrás de esa intención de continuar aparece algo que va mucho más allá de las competencias.
«Nuestra pasión se convirtió en nuestra ilusión de que todo ese esfuerzo se viera reflejado en nuestro trabajo. Es un sueño de años», reflexionó. Antes de terminar la charla, el ciclista quiso agradecer especialmente a quienes lo acompañan en este camino.
«Estoy muy agradecido a mi familia, a mis amigos y a muchísima gente que, por ahí en silencio, nos acompaña para que nosotros podamos realizarnos deportivamente».
Gustavo regresó de Bolivia con dos medallas, pero también con la satisfacción de comprobar que tantos años de dedicación siguen dando sus frutos.

