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Crónicas al Voleo

The Cavern, el club nocturno que cambió el mundo

Por Germán Tinti

Hace unos días, medios de todo el mundo informaban que Paul McCartney ofreció un concierto gratuito para 250 malditos afortunados en The Cavern Club, el mítico club nocturno que sirvió de rampa de despegue para The Beatles. Casualmente, por estos días, se cumplen 55 años del último show de los Cuatro de Liverpool en el local ubicado (entonces y ahora) en el número 10 de Mathew St.

(Nota al margen: el gentilicio –en español– para los nacidos en Liverpool puede ser “liverpolio”, “liverpolita” o “liverpullense”. Todas palabras horribles. Claro está que por respeto no voy a usar ninguno, “scoucer” suena mucho mejor).

El 3 de agosto de 1963, la banda integrada por John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr era famosa en toda Inglaterra y su popularidad comenzaba a derramarse por todo el mundo. En marzo de ese año se había publicado “Please, please me”, que fue grabado en menos de 10 horas y que se convirtió en un éxito a poco de llegar a las bateas.

(Aclaración para milennials: “batea” era –para los locutores radiales– el espacio físico en el que se ordenaban los discos de vinilo en las disquerías).

The Beatles en The Cavern, el lugar que los vio nacer.

Lo cierto es que las entradas para el festival (antes que The Beatles actuaron The Escorts, The Merseybeats, The Road Runners, Johnny Ringo and the Colts, y Faron’s Flamingos. Lennon y los suyos subieron al escenario a las 23.30) se agotaron 30 minutos después de ponerse a la venta.

No era la primera vez que los Beatles se presentaban en The Cavern. En realidad lo hicieron unas 300 veces desde el 9 de febrero de 1961. Allí los vio por primera vez Brian Epstein una noche de noviembre que cambiaría la vida de todos ellos (y de millones de personas en el mundo). The Cavern y The Beatles eran inseparables en los primeros años de la década de 1960.

En ese último show en el pequeño local de Liverpool, los “fab-four” debieron soportar un corte de luz (porque esos problemas los han tenido todos los músicos en algún momento). La historia también da cuenta de que presentaron una nueva canción: “When I’m sixty-four”, un tema de Paul que recién sería publicado en “Sgt. Pepper Lonely Hearts Club Band”

Así se anunciaba la presencia de The Bealtes en The Carvern.

The Cavern había abierto sus puertas el 16 de enero de 1957. Su fundador, Alan Sytner, se inspiró en un club parisino llamado Le Caveau. Originalmente orientado al jazz, al poco tiempo Sytner decidió ampliar el espectro (conocía el paño, ya que era propietario de otros dos pubs) y comenzó a programar algunas bandas que seguían las tendencias del momento: la música Beat y el Skiffle.

El local era un subsuelo de techo abovedado que durante la Segunda Guerra Mundial había sido utilizado como refugio antiaéreo y que por su diseño y estructura ofrecía una buena acústica y un importante aislamiento sonoro, condiciones ideales para la interpretación de música en vivo.

Le duró poco el entusiasmo a Alan Sytner y en 1959 vendió The Cavern para radicarse en Londres. No obstante, ya había pasado por su escenario The Quarrymen, banda que con los años devendría en…The Beatles, claro.

El nuevo dueño del mítico club era Ray McFall, quien continuó y acentuó la idea de abrir el escenario a las bandas beat del momento. Ya se había acuñado el término “Merseybeat” en referencia al estilo que se desarrollaba e identificaba a Liverpool en Inglaterra. Era un tsunami que no podía detenerse y lo mejor era acompañar una tendencia que finalmente –aunque ellos no lo sabían– cambiaría la historia. Lo vislumbró McFall, lo llevó adelante Brian Epstein y lo materializó poco después George Martin.

The Cavern dejó de ser un club de jazz y los nuevos ritmos coparon su escenario y su audiencia.

Los Beatles eran sensacionales y quedé locamente enamorado. Total, absoluta, instantáneamente. Estaba de pie a un lado, entre los pilares, a mitad de la sala, y tan pronto como empezaron a tocar me cautivaron”, declaró hace años McFall.

Hay amores que se llevan por delante al mundo entero. Este fue, sin dudas, uno de ellos.

Ray McFall, el segundo dueño del mítico local.

Desde aquel recital de 1961, The Beatles se convirtieron en una especie de “banda residente”. El detalle no es menor, porque ese show estuvo a punto de no hacerse, cuando el portero de The Cavern quiso impedirle el ingreso a George Harrison por su aspecto.

Desde entonces fue conocido mundialmente, generó negocios alternativos como “The Cavern Sound”, un estudio de grabación instalado en el sótano de un edificio contiguo y se convirtió en uno de los escenarios de culto para el mundo de la música internacional.

Sin embargo, con The Beatles el pub llegó –aparentemente– a su techo y comenzó un lento declinar que solamente se demoró con la actuación de artistas consagrados hacia fines de los sesenta y principios de los setenta. The Rolling Stones, The Yardbirds, The Kinks, Elton John, Queen, The Who y John Lee Hooker –entre otros– pasaron por su escenario, fortaleciendo el aspecto mitológico del local, pero sin poder detener su decadencia.

Las historias berretas terminan con el muchachito llevándose a la dama. Las buenas, las que recordamos siempre, tienen un triste final. Rick Blaine decide, a último momento, quedarse en Casablanca y ve a Ilsa Lund partir en el último vuelo. Jack Dawson se ahoga. El coyote no puede atrapar al correcaminos. The Cavern fue expropiado y rellenado en pos de un mejor transporte público. Aquello de “la picota del progreso” le llegó también a este mítico espacio. En 1973 cerró sus puertas. La banda holandesa Focus fue la última en presentarse.

 “Este cuento, que así nomás te cuento

acaso no tendría ningún triste final

si no fuera que viene la perrera

y adiós los perros sueltos, lastimosa verdad”

Renacimiento

¿No más Cavern para nadie? No. En 1984 Tommy Smith, un rústico ex defensor del Liverpool, en sociedad con Royal Life, reconstruyó The Cavern a pocos metros de su emplazamiento original. Dejaron todo casi igual: casi el mismo domicilio, la misma arquitectura… inclusive utilizaron ladrillos originales. Pero no le fue bien y unos cinco años después volvió a cerrar.

Tommy Smith, de rústico defensor a dueño del local.

En 1991 fue adquirido por Bill Heckle y Dave Jones, profesor de escuela y taxista respectivamente. Desde entonces regentean The Cavern que, además de ser un centro de atracción turística imposible de soslayar, continúa ofreciendo música en vivo, además de shows de DJ’s, museo del rock, tiendas de recuerdos y memoriabilia. En los alrededores encontramos referencias constantes a The Beatles en hamburgueserías, casas de ropa, kioscos de revistas, farmacias y paradas de colectivos.

En el club todo parece estar igual: las mismas arcadas, los mismos ladrillos. Pero hay detalles en la pintura de las paredes, la iluminación, la barra… hay una especie de impostura en casi todo.

Además ya no están Johnn ni George.

Todo parece estar igual, pero sabemos (o al menos intuimos) que no es lo mismo. Aquello de que “no hay nada más bello que lo que nunca he tenido, nada más amado que lo que perdí” se hace realidad una vez más.

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