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Cosas Nuestras

¿Te acordás de aquellos «Primaverazos»?

La Primavera siempre fue bien recibida en Alta Gracia. A lo largo de los años, siempre hubo festejos y mucha alegría cada 21 de setiembre.

La Primavera, la estación del amor, las flores y la juventud siempre fue bien recibida en Alta Gracia. Del archivo de Cosas Nuestras

La llegada de la primavera ha sido y es festejada en todo el mundo, y Alta Gracia no ha sido nunca la excepción.

A lo largo de los años, con más o con menos vuelo, el arribo de la estación del amor y las flores motivó festejos, juntadas, fogones, carrozas, escenarios, desfiles y todo lo que uno pueda imaginarse.

Corría el año 1953 y el Club Neptuno organizaba un pomposo baile para recibir la Primavera.

En los últimos años, las carpas ocuparon el lugar de elaborados quinchos de otros tiempos, pero sirven igual para aglutinar a los pibes de la ciudad en un mismo predio recibiendo la nueva estación; antes de los fogones, hubo desfiles de carrozas y elecciones de reinas y reyes. Durante algunas noches, la alegría se apoderaba de la ciudad en forma de festejo.

Día del Estudiante

Es que además, el 21 de setiembre es el Día del Estudiante. Y así lo vienen entendiendo generaciones y generaciones de chicos y chicas que a su turno, han salido a las calles a festejarlo.

En los años 50, el Centro de Estudiantes Universitarios de Alta Gracia ya organizaba carrozas, y elegía su reina.

Las chicas se divertían, y mucho allá por inicios de los ochenta.

Unos pocos años más tarde, fue el Movimiento Católico de Juventudes el encargado de los festejos primaverales. Se convocaba a todos los colegios de la ciudad, se organizaba un regio desfile, y cada carroza tenía su candidata a reina y su cohorte. En 1964, cuentan quienes lo vivieron, llegó a haber nada menos que 36 carrozas compitiendo por el centro de la ciudad. El desfile, lo abría el mateo propiedad de Don Luis Ellese. Una belleza todo, sin dudas.

Los fogones

Las décadas del sesenta y del setenta fueron, sin dudas, tiempos en que la juventud estuvo más revolucionada que nunca. El Mayo Francés marcó un hito, la aparición del movimiento hippie marcó a la generación naciente, la política del mundo vivió cambios que fueron acogidos por los jóvenes, y todo ello también se reflejó en las inquietudes y las ganas de hacerse notar en una sociedad que -sentían- los tenía relegados.  Vaya uno hoy a saber de quién fue la idea, pero a inicios de los setenta, comenzó en Alta Gracia una tradición que hasta hoy perdura: los fogones estudiantiles.

Al principio eran algunas construcciones realizadas por los propios chicos de secundaria en el predio del Tajamar, formando un semicírculo en torno, precisamente, a un gran fogón donde la guitarreada, el canto y la alegría se hacían presente cada noche.

El Primaverazo

Pero aquella primaria idea tendría un correlato superador. En los primeros años de los setenta se organizaron los “Primaverazos”, versión ampliada y mejorada de los originales fogones estudiantiles.

“Carlos Paz comenzaba a aglutinar chicos el día de la primavera y acá se nos ocurrió hacer un festejo grande. Lo llamamos Primaverazo porque por ese entonces estaba todavía muy presente el Cordobazo, y jugamos con el término. Fue un éxito bárbaro, llegaron chicos de muchas ciudades cercanas, fue una fiesta hermosa”, cuenta Jorge Scorrani.

Infaltable. El Cardito actuando en el palco de los Fogones Estudiantiles.

Jorge fue uno de los animadores y organizadores de la fiesta, que aquella primera edición se realizó en la Pileta Olímpica, y que tuvo el predio del actual Parque García Lorca para que los chicos llegados de toda la ciudad y ciudades vecinas pudieran hacer sus picnics de primavera, tocar la guitarra, cantar y pasarla muy pero muy bien.

“Carrozas y desfiles hubo desde siempre, luego nosotros hicimos los fogones y luego llegó el Primaverazo. El primero fue en la Pileta Olímpica. El escenario estaba donde están los vestuarios y la fiesta era todo alrededor y usamos todo el predio. Invitamos a todos los colegios, los ómnibus llegaban de todos lados y para los chicos de acá, salían colectivos desde el Reloj Público”, rememora Jorge,

Y sigue contando: “Todo arrancó junto a la Dirección de Turismo, con Eladio Fabro. El grupo de chicos que organizábamos era casi toda la barra de Krakatoa, entre ellos Valdo Rugani, el Bicho Savinski… Se había contratado un locutor de afuera, pero en el escenario estábamos también el Loro Trejo y yo. Hicimos juegos, concursos, elección de reina y Mr. Facha. Fue un festejo puntual el día 21 de setiembre”. Y así fue durante un par de años. El Primaverazo -ya trasladado al Tajamar- conviviendo con los fogones y los quinchos.

Los recuerdos siguen agolpándose en la memoria de aquellos que vivieron a pleno esos años de fogones.

“Hubo una época dorada para la creatividad primaveral pues no solo se montaban carrozas espectaculares como el colibrí suspendido sobre una flor gigante de El Obraje, la ostra de La Misericordia; el planetoide B612 del Principito presentado por El Anglo; el Reloj Público y la murga de caníbales del Colegio Nacional. También se erigían quinchos temáticos como un hongo, un castillo con foso y puente levadizo y hasta una pirámide.

Recuerdo que otro año hubo un desfile de Citroen Ami 8 y CV3 disfrazados de ranas, mariposas y langostas”, aporta Walter Villarreal a la hora de la nostalgia.

“Eran noches inolvidables, y cómo se esperaban! Los chicos hacíamos todo para tener el mejor quincho. Los del Obraje realmente ganaban. Ellos sabían de construcciones”, cuenta Itatí Heredia.

Fiesta entre todos

La fiesta de los fogones y los quinchos estudiantiles siempre se hizo con el esfuerzo de todos los chicos de los últimos años de cada colegio.

Tiempos en que los quinchos realmente se construían con postes, maderas, cañas, y mucha felicidad. Así, “hacer los quinchos” significaba para varios zafar de una semanita de clases, (no te ponían falta) en la previa a los fogones. El predio del Tajamar se vestía de juventud que a media mañana salía a buscar cañas a la zona del arroyo y que por las noches, luego de trabajar todo el día en el armado del quincho, compartía guitarra y un traguito junto a las carpas donde algunos se quedaban a dormir en la vigilia del evento.

Así de lindos, así de socializantes eran aquellos históricos fogones estudiantiles. Duraban tres o cuatro días, cada colegio aportaba “artistas” al escenario, se elegía a la reina y se vendía choripán, locro y sangría a mansalva sin que a nadie se le ocurriera hacer lío.

Los tiempos, fueron cambiando; la sociedad fue cambiando. Del Tajamar, los fogones fueron mudados al predio del Ferrocarril, para ahora recalar en Colectividades.

Cambia la escenografía, las caras, cambian las modas. Lo que nunca cambiará serán las ganas de festejar la llegada de la Primavera, la estación más linda del año.

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