Por Raúl Pourtau, exclusivo para AGNoticias
El Polaco… En nuestro derrotero de andar revisando historias del tango y sus protagonistas, hoy nos toca comenzar a hablar de una de las grandes voces de todos los tiempos.
Porque Roberto Goyeneche fue, a no dudarlo, un referente indiscutido a la hora de repasar nombres de cantores de nuestra música ciudadana. Adelante, pues, comencemos a conocer algo de su vida y de su obra.
Roberto Goyeneche nació en el barrio de Saavedra, en Buenos Aires. Integrante de una familia humilde, debió incursionar en distintos trabajos para contribuir al sostenimiento de su hogar.
Si bien su tío, el pianista Roberto Emilio Goyeneche había fallecido muy joven, éste resultó un valioso antecedente familiar para que nuestro músico pudiera ser un precoz visitante de los ambientes donde incursionaban artistas preferentemente tangueros.
Desde muy joven era visita conocida en cafés y cabarets. Eso fue incubando en él un espíritu artístico que iría creciendo día a día. En 1944 participó y ganó un concurso de cantores que organizaba un club próximo a su domicilio: el Federal Argentino.

Recordemos que Roberto carecía de formación académica. Poco más tarde, se vinculó a la orquesta del violinista Raúl Kaplun, aunque allí no llegó a grabar. Mientras tanto, su labor como cantor profesional la alternaba con otros oficios. Había que sobrevivir, claro…
Pero comenzarían sus mejores momentos. Fue en 1953 cuando el Maestro Horacio Salgán lo incorporó a su orquesta. Ello fue, sin duda alguna, un hecho trascendente en su trayectoria artística. Allí grabó su primer disco, el tango «Alma de Loca», de Font y Gavazza.
Con posterioridad lo requirió para su orquesta, Aníbal Troilo. ¡¡¡Nada menos !!!. Pero de esto y muchas otras cosas más sobre Roberto Goyeneche, seguiremos hablando en nuestra próxima columna.




