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Orgullo local: una altagraciense patentó un detector de arsénico que podría cambiar el acceso al agua

Orgullo local: una altagraciense patentó un detector de arsénico que podría cambiar el acceso al agua
Tras años de investigación en la universidad pública, la profesora, Bioquímica y Doctora en Ciencias Químicas Dolores Rubianes lleva adelante, en conjunto con un equipo conformado por dos investigadoras más, un desarrollo clave para detectar contaminación en zonas rurales y prevenir enfermedades.

La doctora altagraciense Dolores Rubianes, investigadora de la Universidad Nacional de Córdoba y del CONICET, forma parte del equipo que patentó un sensor capaz de detectar arsénico en agua de manera rápida, accesible y en el lugar.

El desarrollo, pensado especialmente para contextos rurales y periurbanos, permite analizar muestras sin necesidad de equipamiento complejo de laboratorio. Se trata de una especie de “tirita reactiva” que, al entrar en contacto con una gota de agua, genera una señal electroquímica que indica la presencia y cantidad de arsénico.

“Esto permitiría ir al lugar, tomar la muestra y tomar una decisión en el momento”, explicó Dolores a AGNoticias. Además remarcó que el objetivo es acercar herramientas a comunidades que hoy no tienen acceso a tecnologías de análisis.

El equipo de trabajo: una parte crucial

El equipo está integrado por tres investigadoras del área de ciencias químicas: además de Rubianes, participan Daiana Reartes —quien desarrolló el sensor en el marco de su tesis doctoral— y Marcela Rodríguez, colega con quien comparte una trayectoria de formación e investigación desde hace años. Aunque el grupo lleva tres décadas trabajando en sensores electroquímicos, este dispositivo específico se desarrolló durante los últimos cinco a seis años.

El sensor utiliza una combinación innovadora de nanopartículas y biopolímeros que le permite detectar de forma selectiva el arsénico, incluso en muestras complejas que contienen múltiples sustancias. “Tiene la capacidad de discriminar el arsénico frente a otros compuestos, lo que lo hace muy selectivo”, detalló.

Dar solución a una problemática

La problemática que busca abordar no es menor. El arsénico en el agua es un contaminante silencioso que, con exposición prolongada, puede provocar enfermedades graves, desde distintos tipos de cáncer hasta afecciones cardiovasculares y neurológicas. En Argentina, y particularmente en Córdoba y la región chacopampeana, existen zonas con niveles elevados, especialmente en aguas subterráneas consumidas en áreas rurales.

En ese contexto, el desarrollo podría convertirse en una herramienta clave para la prevención. “Nuestro sensor detecta niveles incluso por debajo de los límites establecidos por la legislación, lo que permite anticiparse y tomar decisiones”, señaló.

Sobre su implementación, la doctora consideró que un primer uso podría darse a través de municipios, centros de salud o entidades estatales, que podrían realizar controles en territorio y definir acciones a partir de los resultados. “El problema más grave está en el agua de pozo, que es la que consumen muchas comunidades rurales”, advirtió.

Más allá del impacto sanitario, el logro tiene un fuerte componente personal y simbólico. Se trata de la primera patente en la carrera de la investigadora, luego de más de 30 años de trabajo en la universidad pública.

Hacer mucho con poco

“Es un orgullo enorme. Siempre trabajamos pensando en soluciones accesibles, pero durante mucho tiempo patentar era un camino muy difícil. Este logro significa que lo que hacemos en el laboratorio tiene trascendencia y está al servicio de la gente”, expresó.

En un contexto de dificultades para el financiamiento científico, Rubianes también puso en valor el rol de la educación pública. “Tenemos la fortuna de trabajar de lo que amamos. Y todo esto es posible gracias a una universidad pública de excelencia, que forma profesionales de primer nivel”, concluyó.

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