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Crónicas al Voleo

Messi. Una elegía anticipada

Messi. Una elegía anticipada
Por Germán Tinti (especial para Crónicas al Voleo)

Desde hace tiempo vengo masticando una expresión que no sé si tiene algún fundamento teórico – científico, pero que me sirve para explicarme algunos estados de ánimo (cuando digo «algunos estados de ánimo» me refiero a repentina e imprevista tristeza): la expresión es «nostalgia preventiva».

Nostalgia preventiva es la certeza, entre pesimista y melancólica, de que lo bueno se va a acabar. A muchos les habrá pasado eso de sufrir una súbita aflicción en un momento de mucho disfrute; una densa niebla que cruza fugazmente un instante feliz, una helada caricia que nos alerta de que nuestra alegría es efímera y más tarde o más temprano será un recuerdo. Todos tenemos nuestros miedos, nuestros fantasmas ulteriores… todos podemos ponerle nombre pero muchas veces nos hacemos los otarios y preferimos no hacerlo.

Ojo, no es la muerte (no es solamente la muerte). Son también esas sensaciones o experiencias que ya será muy difícil que volvamos a sentir y muchas veces son baladíes y ramplonas. ¿Sacarán un nuevo disco los Rolling Sones? ¿Filmará otra peli Jack Nicholson antes que lo perdamos? En ese caso, ¿interpretará a un anciano decadente que nos pondrá en evidencia que el tiempo se acaba…. «el siglo se va»? ¿El “Muñeco” Gallardo volverá a ganar un campeonato con River antes de irse a Europa? ¿Podré ordenar otra vez unos carabineros con papas bravas en el bar de la esquina de la calle del Ferrocarril y la calle de la Batalla del Salado, allí donde Atocha se besa con Delicias? (olvídate gordo iluso) ¿La sonrisa de esa chica volverá a provocarme sensaciones acaloradas y oscuramente confusas? ¿Me volverá a sonreír esa chica?

El peticito de Rosario

Bueno, a riesgo de traer las cosas muy tiradas de los pelos, me pasa lo mismo con Messi. Todos somos conscientes de que el tipo está en la etapa final de su carrera y que nos queda cada vez menos tiempo para maravillarnos, y también menos oportunidades. En otro tiempo era un milagro tras cada parpadeo. Pocos en la historia del fútbol lograron eso: el Diego, claro, Ronaldinho, Pelé, Romario, Cristiano… no muchos más. Bueno, Lio Messi es nuestro héroe crepuscular. El escritor Hernán Casciari decía que lo hacía acordar a un perro que había tenido de chico, que perseguía la pelota sin importar todo lo rigurosos que pudieran ser sus rivales más toscos. Bueno, ese perro ahora está más viejo, sigue corriendo la pelota pero elige mejor sus batallas.

Es el paso del tiempo, en definitiva, de lo que estamos hablando, de tomar conciencia de su inflexible transcurrir («Lo que nos ocupa es esa abuela, la conciencia que regula el mundo» escribió el Flaco Spinetta). Lo que ayer nomás nos parecía eterno hoy lo advertimos fugaz. Adquirir esa certeza es un poco doloroso y algo frustrante. Es complicado pero al mismo tiempo nos obliga a poner todo nuestro empeño en disfrutar profundamente cosas, hechos, hazañas: o pequeños milagros que en algún momento nos parecieron habituales y ahora tenemos la oscura certeza de que tal vez sea la última vez que seremos testigos de esa magia. «Hay un camino que nace de tu imagen / al que es muy fácil llegar / solo es preciso ver el brillo de unos ojos / Para encontrar un alma…»

Errores «imperdonables»

Mucho tiempo hemos estado involucrados en estériles discusiones y bastas comparaciones entre éste y aquel. Estuvimos con la guardia alta y con la cara de orto, más preocupados en responder el argumento del que no tenía la misma opinión que nosotros; sin escuchar y tratando de hablar más fuerte, en la absurda certeza de que el grite más tendrá la razón.

Hay quienes le reprochan a Messi no haber salido campeón del mundo… con la selección.  Algunos lo acusan de «pecho frío» (¡hay que joderse!).  Hay quienes le recriminan (recriminamos) a Maradona haber sido un admirador serial de dictadores o haber tomado merca y algo de razón habrá, pero en el verde césped se elevaba y nos dejaba boquiabiertos. Lo critican por el gol con la mano a los ingleses, pero lo gritaron como locos, esos caretas. Todavía hay quienes cuestionan a Marcelo Bielsa porque no puso a Batistuta y Crespo juntos en el 2002 y va a desdeñar cualquier logro del rosarino. Olvidando incluso aquel consejo envuelto en una recriminación a sus jugadores: «tengan conciencia de que son muy jóvenes, son millonarios prematuros, no tienen problemas, no les importa mayormente lo que va a pasar, porque todo el mundo tiente resuelto lo que va a pasar» . ¿Será más importante ganar un trofeo?.

El caso de Pekerman parece ser distinto para la doble vara de buena parte del periodismo deportivo: hoy nadie parece recordar que le reprochaban no haber puesto a un adolescente Messi en el mundial de Alemania.

El último vals

No sé nada de psicología pero no creo que sea descabellado hablar de resentimiento; o por lo menos de trasladar nuestras frustraciones y hacerlas menos dolorosas culpando a tipos que ganan fortunas y no logran que nuestro ego nacionalista y filo facho se sienta satisfecho. El Diego cumple con el objetivo porque a su genialidad le agregó una gran intuición para la demagogia (aquí meto mi opinión que –obviamente– es discutible y refutable). A Passarella, Fillol, Kempes, Luque, Bertoni y Luis Galván los disfrutamos no sin algo de culpa, en silencio. Algunos canallas lograron que muchos se avergüencen de la gesta deportiva de 1978, porque confunden todo y obtienen ganancias del río revuelto: los milicos hijos de puta y los revisionistas a sueldo.

En definitiva, vuelvo al tema. Probablemente esta sea la última Copa América de Lionel Messi. El año que viene será, seguramente, su último Mundial (quisiera que no, pero el calendario suele ser implacable). Son cartuchos finales del, hasta ahora, último milagro argentino. Si vas a seguir responsabilizándolo de tus frustraciones, allá vos. Pero es un fenómeno irrepetible que se va apagando y ¿no lo vas a disfrutar por terco y mal llevado? Tal vez en los años por venir nos sorprendan nuevos héroes que se convertirán en mitológicos sin importar su nacionalidad (en el fondo la geopolítica nunca ha sido un obstáculo demasiado importante cuando de fútbol se ha tratado. Sobre todo en tiempos de redes que vulneran fronteras geográficas e ideológicas), pero capaz que no estés vivo (o lúcido) para apreciarlo. La vida es ahora.

Aprovechar toda oportunidad

Todo este palabrerío para decir que me emociona Lionel Messi en esta devaluada Copa América. Disfruto que alrededor tenga un equipo que, finalmente, comprendió que aquello de «la pelota siempre al Diez» está bien para una canción. Pero que en el fútbol bien pensado y bien jugado, al Diez hay que darle la pelota cuando hace falta, no para sacársela de encima. El más catalán de los rosarinos sabe que, más allá de las circunstancias de cada partido, hay una generación de futbolistas que entiende que son testigos y protagonistas del esplendor final del más esplendoroso de, por lo menos, este siglo. Saben que es la última oportunidad y no están dispuestos –ninguno, ni Lionel Messi, ni Lionel Scaloni, ni los camaradas de la vieja guardia como Di María y Agüero, ni la nueva generación– a desaprovecharla.

Puedo estar completamente equivocado, pero me gustaría estar en lo cierto. No hay que dejar de creer.

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