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La Patria en botines

La Patria en botines
Por Juan Carlos Gamero

Atardecer de un miércoles con sabor a domingo. Mientras el periodista se sienta frente a la pantalla y acomete el desafío de la pantalla en blanco para comenzar a escribir, suenan los bocinazos del otro lado de la ventana.

Afuera, miles de personas en auto, caminando, corriendo… todos buscando poblar el centro. Y qué lindo que por un buen rato, el centro de Alta Gracia vuelva a estar en el centro. Usted sabe a qué me refiero.

Alguna vez, el conocido escritor brasileño Nelson Rodrigues, allá por 1950, creó la expresión «A pátria de chuteiras» (la patria en botines). El concepto resumía una forma de describir cómo el fútbol iba más allá del deporte en sí mismo para pasar a ser un mojón indispensable de la tan mentada identidad nacional.

No me vengan los puristas ahora con aquello de que el deporte no tiene nada que ver con la política. Siempre tuvo que ver. Las más de las veces, como cortina de humo para distraer atenciones sobre cuestiones mucho más relevantes. Tanto como la vida (y la muerte) mismas.

¡Qué quiere que le diga!. Ganarle a Inglaterra siempre será un deleite, por más que sea en una cancha, en un partido de fútbol y con una pelota de por medio. Ganarle a este rival, para nosotros los argentinos significa mucho, muchísimo más. Los límites de lo deportivo se atraviesan sin pensarlo. Como lo hicieron las balas que alguna vez surcaron los helados aires de Malvinas. ¿Es mezclar mucho los tantos?. Estoy convencido que no.

Por eso el grito desaforado cuando Diego empuñó la «Mano de Dios». Por eso el delirio cuando el mismo Diego dejó ingleses desparramados por el piso para sellar la victoria hace 40 años, cuando las cicatrices estaban aún muy, muy frescas. Es por eso que hoy es absolutamente justificado el festejo interminable cuando Lionel y compañía dieron vuelta un encuentro a base de fútbol y entrañas, sin dejar margen a dudas de que la victoria hizo justicia con el partido.

La patria en botines volvió a hacerse presente. El fútbol, que sigue siendo el deporte más maravilloso del mundo, nos permite volver a creer en nosotros mismos. En que unidos se puede y que la fuerza del todo siempre será más representativa que las ideas de unos pocos.

Que el fútbol no tape la realidad. Al contrario, que sirva para demostrarnos una vez más que no hay que bajar los brazos para luchar por lo que es nuestro, como nuestro fue el derecho ganado a sudor y talento, de alcanzar una final. Que así como somos dignos en la cancha, sepamos pelear por nuestra dignidad diaria.

Que «la patria en botines» se convierta en un emblema, en un símbolo de lucha, de unión, de reivindicaciones ante quienes pretendieron humillarnos alguna vez y frente a quienes osen enaltecer a aquellos verdugos.

El miércoles con sabor a domingo se va yendo. Las luces del alumbrado público le ganan la batalla al sol que se fue. Queda la hermosa sensación de saber que una vez en la vida, la moneda terminó cayendo para el lado de los justos.

El periodista se asoma a la ventana una vez más. En un auto, con los vidrios bajos y las banderas en alto, pasan cinco personas cantando la Marcha de Malvinas… y no es producto de la casualidad.

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