Por Germán Tinti (especial para Crónicas al Voleo)
Es conocida mundialmente la afición… fanatismo más bien, que profesa Rod Stewart por el fútbol. El artista británico no pierde oportunidad, en medio de sus giras, grabaciones y compromisos comerciales, para concurrir a algún estadio donde juegue su querido Celtic de Glasgow o el seleccionado escocés, recientemente clasificado para el próximo Mundial.
Incluso, en su juventud y antes de ser un cantante superexitoso, Roderick David se probó en el Brentford FC. Un club londinense que actualmente navega en la mitad de la tabla de la Premier League, pero que en esos años participaban en divisiones menores del fútbol inglés. No quedó.
Si bien Stewart es londinense, tiene fuertes raíces escocesas. En más de una ocasión ha reconocido que fue criado como «escocés en un hogar escocés, con su música, sus costumbre, su humor y su fútbol». Nunca ha dicho nada sobre el ancestral odio que se profesa en las Highlands por todo lo que sea inglés.

Una apuesta con Elton
Su pasión futbolera ha llevado a Stewart por distintos estadios del mundo para seguir a Escocia. Lo hizo en competencias internacionales como un miembro más de la «Tartan Army». Pero con un poder adquisitivo un poco más sólido, claro.
Así, mucho antes de llegar a Argentina para ofrecer multitudinarios conciertos, Rod Stewart había visitado nuestro país en 1978, cuando el seleccionado escocés participó en el Mundial que se jugó en nuestro país. El fixture llevó al cantante por Córdoba y Mendoza. Siempre tras los pasos del equipo dirigido por Ally MacLeod (nada que ver con Connor MacLeod, el «Ultimo inmortal»).
El arribo del cantante se debió a una apuesta que había hecho con Elton John. Si Inglaterra clasificaba, Rod le pagaba el viaje a Argentina a Elton. Si el clasificado era Escocia, el que tenía que pagar era el autor de «Rocket man», lo que finalmente sucedió.

Un guardaespaldas para Rod
Su compromiso con el representativo escocés fue completo. Llegó a punto tal que, luego de participar en el Carnaval de Rio y disfrutar de todos sus excesos, grabó, junto a los jugadores del plantel, una canción de aliento para los jugadores «Cuando las camisetas azules corran por Argentina/ el golpeteo de nuestros corazones será como el de un tambor. Pero rápidamente toma coraje y deja de lado el pudor y la cautela. El ejército de Ally tiene todo bajo control/ No es solo imaginación/ ni siquiera especulación/ La meta de Escocia es traerse la copa a casa». La música reflejaba la fascinación del músico la música brasileña: «Esperaban gaitas y le di sabor latino» afirmó.
En nuestro país, Rod –que había viajado acompañado por Bomi Bulsara, padre de Freddie Mercury– contó con la compañía de un asistente que lo seguía a todas partes. El cantante lo cuenta no sin asombro en su biografía. Porque entendía que se trataba de un guardaespaldas y era la primera vez que le pasaba algo así. Y es que si bien faltaban algunos meses para que lanzara su primer megahit global «Da Ya Think I’m Sexy?» (¿Crees que soy sexy?), Stewart era una figura reconocida. Y las cosas en nuestro país no estaban como para que los popes locales de la discográfica Warner corrieran riesgos.

Es cierto, no se trataba de un guardaespaldas propiamente dicho. Era un productor de nombre Peter Deantoni que por entonces representaba al grupo Vox Dei. Y ciertamente la previsión no fue en vano. El trabajo del asistente argentino no debió ser fácil, porque el escocés aprovechaba su casi anonimato en Buenos Aires y transitaba las discotecas de moda y disfrutaba de la simpatía de las mujeres sudamericanas.
Todos al suelo
Estando en la ciudad de Buenos Aires, luego de la inesperada eliminación de Escocia en la fase de grupos. (Había grandes expectativas, pero se trataba de un plantel con algunos cracks y muchos fiesteros), lo invitaron a cenar en uno de los mejores restaurantes de la ciudad.
Degustaba el escocés de la reconocida calidad de la carne argentina en la Parrilla La Candela, en pleno microcentro porteño, a pocas cuadras del del Alvear Hotel, donde se alojaba. Deantoni recordó años después que «era una parrilla adonde medio que iba el jet-set local. Estábamos sentados y de pronto entran tres tipos con armas cortas, tipo itaka. Uno se quedó en la puerta, el otro fue para el lado de la caja y el tercero empezó a pasar por las mesas juntando las cosas de valor de los que estaban comiendo».
El representante recuerda que Stewart atinó a esconder un valioso reloj que llevaba. Y que pocos instantes después llegó la policía y se generó un violento tiroteo (¿puede acaso un tiroteo no ser violento?). Todos se tiraron al piso y uno de los acompañantes de Rod se arrojó sobre el cantante gritando «¡no disparen que el tipo vale un millón de dólares».
El resultado fue que los tres delincuentes cayeron bajo las balas policiales. Algunos analistas creen que no era buena época para llevar a cabo este tipo de emprendimientos, porque el país estaba militarizado por el Mundial de Fútbol. Y las fuerzas de seguridad por demás alerta y en modo «Boogie el aceitoso»: Primero disparaban y después preguntaban.

Un nuevo mundial
Rod Stewart dejó el país algunos días después, un poco por el asalto sufrido, pero también porque su selección había quedado eliminada en medio de escándalos internos de su plantel y no le quedaba mucho por hacer en Argentina. Se llevó de recuerdo una pelota autografiada por Diego Maradona, que si bien había quedado afuera del plantel argentino, los fanáticos del fútbol de todo el mundo ya sabían de él.
Rod Stewart regresó a nuestro país 1989, cuando ofreció recitales en el Monumental de Núñez y en el mundialista de Mar del Plata y hace poco menos de un mes se presentó en Buenos Aires en uno de los capítulos de su gira de despedida «One last time».
Por su parte, en los últimos días Escocia volvió a clasificar a un Mundial, algo que no sucedía desde 1998. Será su noveno mundial y hasta ahora nunca superó la fase de grupos. Pero esto no impedirá que la «Tartan Army» vuelva a hacer realidad aquello de «No Scotland, no party». Y seguramente allí estará Rod Stewart.




