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Crónicas al Voleo

La leyenda del Zorro en Buenos Aires

La leyenda del Zorro en Buenos Aires
Por Germán Tinti (especial para Crónicas al Voleo)

De todas las series de mi infancia, sin dudas la que más me «afectó» fue «El Zorro». Munido de una capa de plástico, un antifaz de tela y armado con una espada de madera, corría por el patio de mi casa cabalgando un imaginario «Tornado», subía a la terraza y trepaba por el viejo ciruelo.

Hablamos de la serie «El Zorro» que la Disney estrenó en 1957 y que permaneció en el aire durante dos temporadas y 78 capítulos. En los Estados Unidos fue un programa de moderado éxito que tuvo grandes momentos pero que nunca fue extremadamente popular.

La serie está basada en el personaje creado en 1919 por el periodista, escritor y guionista Johnston McCulley y que representa a un apuesto forajido enmascarado y encapotado, todo vestido de negro que defiende a la gente de funcionarios tiránicos y otros villanos, a quienes escarmienta y humilla.

Por las pampas

Sin embargo, en Argentina, donde se estrenó una década después, tuvo un éxito inusitado que ha atravesado un par de generaciones. Toda vez que aún hoy, casi sesenta años después, se sigue emitiendo. Según el periodista y productor cinematográfico Axel Kuschevatzky, «está comprobado que los adultos mayores son la principal audiencia del programa. Creo que establecen con la serie un vínculo de nostalgia que los lleva a un tiempo donde se sentían mejor».

El protagonista de la tira era el neoyorquino Armando Joseph Catalano, aunque todos lo conocemos como Guy Williams. Su carrera como actor no fue demasiado brillante para los standares de Hollywood. El Zorro fue su mayor éxito, aun cuando años después tuvo una participación protagónica en la serie de ciencia ficción «Perdidos en el espacio», en la que encarnó al profesor John Robinson, comandante de la nave «Júpiter 2» que intentaba colonizar el sistema planetario de Alfa de Centauro.

Amor a primera vista

Williams no supo de su fama (ni siquiera podía imaginarla) en nuestro país sino hasta 1973, cuando llegó por primera vez a Buenos Aires y se encontró con una multitud que no solamente lo esperó en el aeropuerto, sino que siguió sus pasos durante su estadía.

En aquella ocasión fue invitado estelar de varios programas televisivos, especialmente en el Canal 13, a algunos de los cuales concurrió caracterizado como su gran personaje. En el programa «Teleshow» que por entonces conducía Víctor Sueyro.

Después le siguieron tres visitas más, hasta que en 1979 decidió radicarse en nuestro país. Compró un departamento en el coqueto barrio porteño de Recoleta y solía veranear en la tranquila y casi solitaria playa bonaerense de La Lucila del Mar. Lejos de la actuación y del glamour hollywense, no dejó de hacer shows de El Zorro en todo el país. A más de 20 años del estreno de la serie en Estados Unidos, su popularidad en el país no decaía y era habitual invitado en programas de televisión.

Retiro dorado

Williams (Don Diego para los fans) disfrutaba de un retiro dorado. Alimentaba su vínculo con la comunidad artística local, donde encontró –incluso– a un heredero de sus habilidades como espadachín: Fernando Lúpiz, quien actuó en «Los pasajeros del jardín», «Brigada Cola» y «El profesor punk», entre otras.

Por otra parte, había conformado una pareja con la actriz y modelo española Araceli Lisazo. Con ella solía gozar de bucólicas estadías en estancias bonaerenses en las que daba rienda a su pasión por montar a caballo. Rememorando sus días con «Tornado», le gustaba galopar por la llanura bonaerense sintiendo en la cara el viento pampeano.

Voluntario frustrado

Su identificación con Argentina fue tal que en 1982, cuando se desató la guerra de Malvinas, se ofreció como voluntario. Era demasiado grande para entrar en combate (tenía 58 años) y carecía de formación militar. Sin embargo, se ofreció para, al menos, conducir ambulancias. «Como sé que Estados Unidos no los va a apoyar, quiero hacerlo yo» le dijo entonces a sus amistades.

El ofrecimiento, documentado en la Embajada de Estados Unidos, no pareció merecer respuesta por parte de las autoridades del país. Es necesario destacar que su ofrecimiento se debió a su gratitud con el país que lo había acogido y de ninguna manera significaba en gesto de apoyo al dictador beodo.

«De la misma manera que me pareció bien que Marilyn Monroe hiciera un show en Corea (1954) para los soldados, yo también quería hacer algo que me comprometiera, ser de utilidad… Una pena» declaró después del conflicto. Con algo de humor, aseveró que «Argentina se perdió al Zorro peleando por Malvinas».

No quedan muchos registros del gesto de Don Diego (perdón, Guy Williams). Una placa lo recuerda en el Monumento a los Caídos y Veteranos de Guerra en la plaza Colón de la localidad bonaerense de San Andrés de Giles.

Tardecitas en La Biela

Más allá del episodio «malvinero», la vida de Williams en Buenos Aires fue plácida y relajada. Adoraba pasar sus tardes en el bar La Biela, leyendo The Buenos Aires Herald, conversando con amigos y recibiendo la admiración de fanáticos. Le gustaba la vida simple de la ciudad y sentía que había encontrado su lugar en el mundo.

En 1983 sufrió una embolia de la que se pudo recuperar, pero que lo llevó a desistir de la idea de volver a radicarse en Los Angeles. En abril de 1989, cuando tenía 65 años, desapareció repentinamente de los lugares que solía frecuentar. Alarmados, sus vecinos, el 6 de mayo, llamaron a la policía que ingresó en su departamento y lo hallaron muerto.

La autopsia determinó que había fallecido el 30 de abril de un aneurisma estando solo en su domicilio. Sus restos fueron ubicados en el panteón de la Asociación Argentina de Actores. En 1991 su hijo Steve recibió sus cenizas en California y cumplió el deseo de su padre de que fueran esparcidas en las montañas de California, en la playa de Malibú y en el océano Pacífico.

El Zorro había vuelto a cabalgar en California.

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