En esta sección te invitamos a conocer las historias de aquellos altagracienses viviendo en diferentes partes del mundo. AGNoticias dialogó con Mariano quien se animó a abandonar su zona de confort por un sueño: hoy vive en España, trabaja de lo que nunca imaginó y demuestra que con ganas y paciencia, los cambios valen la pena.
En AGNoticias la sección «Altagracienses por el Mundo» ya es un clásico de nuestro portal informativo. Un espacio dónde les acercamos los lectores historias de vecinos, amigos o familiares que dejaron su ciudad natal y que ahora están viviendo diferentes experiencias alrededor del mundo. En esta oportunidad, conocemos más al altagraciense Mariano Gigena.
Por casi una década, Mariano desarrolló su vida profesional en la Farmacia Olsina de Alta Gracia. Su trabajo era estable, su vida ordenada. Sin embargo, una inquietud interior lo impulsaba a buscar algo más.
“Sentía la necesidad de un cambio, de conocer algo nuevo, de ver el mundo”, contó. Esa necesidad, sumada a que su hermano ya se encontraba en Europa, fue el empujón definitivo para tomar una decisión que cambiaría su vida.
Hoy vive en Valencia, España, donde se instaló hace dos años. Pero su experiencia europea comenzó antes, cuando llegó al continente y se reunió con su hermano Tadeo en Italia. Allí vivieron juntos los primeros meses, lograron regularizar su situación migratoria y obtener la ciudadanía.


Poco después, un nuevo giro: conoció a un amigo que lo invitó a acompañarlo a Valencia. Lo que empezó como unas vacaciones se convirtió en un nuevo comienzo. “Llegué de vacaciones, me gustó y me quedé”, resumió con naturalidad.
Desde entonces, no solo encontró un nuevo lugar en el mundo, sino también la posibilidad de explorar. Ha recorrido distintas regiones de España, ha viajado por Italia y visitado las Islas Canarias. Pero fue Valencia la ciudad que eligió para echar raíces. “Por ahora, todo marcha muy bien”.
La cocina como nuevo rumbo: una pasión latente que se convirtió en profesión
Instalado en Valencia, no solo encontró un nuevo hogar, sino también una nueva vocación. Hoy se desempeña como encargado en un restaurante que forma parte de un proyecto gastronómico innovador, centrado en los panes Bao, una especialidad originaria de Tokio.
Aunque nunca antes había trabajado formalmente en cocina, confesó que siempre le atrajo el mundo culinario. “Hoy estoy especializado en ese rubro y ya llevo un año y medio en este puesto”, expresó con orgullo.
El cambio fue radical: de su vida anterior en una farmacia en Alta Gracia, pasó a liderar un equipo en una cocina europea, aprendiendo técnicas nuevas y sumergiéndose en una propuesta gastronómica moderna.


Y lejos de quedarse quieto, el joven ya proyecta nuevos desafíos. “Por suerte, tengo muchos proyectos, no solo en esta empresa, sino también con posibilidades de emprender por mi cuenta”, aseguró.
Según sostuvo, emprender en España es más accesible que en Argentina. “Acá es muy fácil emprender. En Alta Gracia cocinaba, pero todo era más casero, más básico”, recordó.
¿Cómo es la realidad de conseguir trabajo y vivienda en el extranjero?
Emigrar en busca de nuevas oportunidades lleva tiempo. La incertidumbre de no saber si se podrá conseguir trabajo y vivir con una mínima seguridad pesa a la hora de tomar la decisión.
En relación al empleo, Mariano compartió una mirada realista pero alentadora sobre lo que implica instalarse en otro país. “Conseguir trabajo no es difícil”, dijo y remarcó que hay una oferta laboral constante para quienes están dispuestos a trabajar.




Sin embargo, aclaró que todo depende de una condición clave: la situación legal. “Lo fundamental es tener los papeles en regla. Si no tenés papeles, o al menos una residencia o algún permiso, se vuelve muy complicado. Como en cualquier parte del mundo, si no estás en situación legal, todo cuesta el doble”.
Lo mismo ocurre con la vivienda. Acceder a un alquiler también se vuelve cuesta arriba si no se cuenta con documentación que respalde la estadía legal. Aun así, el joven considera que hay formas para que los argentinos puedan regularizar su situación y permanecer en regla durante un tiempo, aunque prefiere no entrar en detalles.
Más allá de los obstáculos, mantiene una actitud optimista: “Si uno tiene ganas de trabajar, de progresar y de cumplir objetivos, las oportunidades están. Es una especie de ley de vida: si luchás por lo que querés, lo conseguís”.
Entre la calidez del clima y la de su gente: así vive Mariano en Valencia
A miles de kilómetros de Alta Gracia, el altagraciense encontró en Valencia un nuevo hogar que no solo lo cautivó por su belleza, sino también por su gente. “Lo que más me gusta de España es la gente”, admitió con una sonrisa.
Instalado en esta ciudad costera del Mediterráneo, hizo énfasis en el vínculo afectivo que logró construir con los valencianos: “Son muy cariñosos, amables y hospitalarios. Te abren las puertas de su casa sin problema”. Esa calidez humana es, para él, uno de los mayores tesoros de su vida en el exterior.


El clima es otro punto a favor. Con temperaturas agradables la mayor parte del año, le recuerda a su Córdoba natal. “Es una mezcla entre Córdoba y Mendoza, pero con playa”, bromeó. Salvo por unos pocos meses de frío suave, el resto del año se disfruta al sol. “Prácticamente es cálido todo el año, lo cual está buenísimo”, añadió.
La nostalgia, por supuesto, tiene su lugar. Pero Mariano descubrió pequeñas formas de estar cerca de casa: “Se consiguen muchas cosas argentinas, y además hay muchísimos cordobeses viviendo en Valencia. Incluso hay restaurantes cordobeses, alguno que otro de lomitos”.
Desde su punto de vista, esos espacios son un refugio donde, aunque sea por un rato, se puede volver a sentir el sabor de lo conocido. “Se extraña, sí, pero cada tanto uno puede darse un gusto y sentirse un poco más cerca de casa”.
Experiencias personales y consejos para aquellos que están pensando en vivir en otro país
Por otro lado, el altagraciense se replanteó sobre algunas de las cosas que en Argentina —y en especial en Córdoba— se han vuelto parte de la rutina, pese a lo difíciles que son. “Muchas veces naturalizamos lo complicado que es acceder a cuestiones básicas”, afirma. Fue recién al instalarse en otro país cuando comprendió el peso de esas dificultades: “Allá muchas veces vivís luchando por derechos elementales”, señaló, en referencia a su país natal.
Entre trámites, documentación y gestiones que en Europa son parte del proceso migratorio —como el DNI, la residencia o la ciudadanía—, vivió una etapa de gran aprendizaje personal. “Son experiencias agotadoras, tediosas, y te ponen a prueba”.


Pero también le dejaron enseñanzas valiosas: la paciencia como herramienta imprescindible y la buena energía como motor. “Mantener una actitud positiva marca la diferencia. Esa es la clave: buena energía, optimismo y seguir adelante. Se puede, y si te lo proponés, las cosas llegan”.
Al pensar en quienes sueñan con vivir en el exterior, Mariano no duda en enviar un mensaje claro: “Que se animen”. A pesar de que reconoce que contar con los papeles facilita mucho las cosas, sostiene que no tenerlos no debería ser un freno definitivo.
“El que no los tenga tiene que investigar un poco más, informarse bien, pero igual: que se anime. El mundo es muy lindo para conocerlo”, afirmó, convencido de que vale la pena salir a buscar algo distinto. “No quedarse en la comodidad o en una estabilidad que quizás no te llena”, agregó.
Su convicción se resume en una frase que lo define: “Yo tengo la mentalidad de no quedarme con la duda. Nunca me hubiera perdonado no saber qué habría pasado si me animaba. Así que mi consejo es ese: animarse”.


¿Volver a Argentina?
Toda persona que emprende un viaje para irse a vivir a otro país lejano y ajeno, lleva consigo en su memoria los recuerdos de los seres queridos que dejó atrás. Mariano expresó que lo que más extraña sin dudas de Argentina es a su mamá, familia y amigos.
Son los afectos lo que más pesa en la balanza emocional de un emigrante, pero también esas pequeñas costumbres cotidianas que, desde la distancia, adquieren otro valor: compartir una salida con amigos, reírse con las típicas bromas cordobesas, o simplemente pasar por un bar como parte de la rutina.
Por suerte, no está completamente solo. Su hermano también se encuentra viajando por el mundo y, cada tanto, logran reencontrarse. Además, algunos primos que viven en España le brindan un respaldo afectivo que lo hace sentir contenido. “En ese sentido, estoy acompañado”.


Y como buen cordobés, hay una ausencia que no pasa desapercibida: el Fernet. “Se consigue, sí, pero el argentino sale carísimo”, explicó entre risas. La mayoría opta por el italiano, más accesible, aunque —precisó— no tiene el mismo sabor. “El Fernet es, definitivamente, lo que más extraño”.
Por último, al consultarle por una posible regreso, su respuesta fue que no tiene planes de volver definitivamente a nuestro país, aunque no descarta hacerlo en el futuro.
“En algún momento iré, pero solo para ver a mi mamá, a mis amigos”, manifestó, dejando claro que, aunque por ahora su vida está en otro continente, los recuerdos y vínculos con su tierra nunca se desvanecen.

