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La Educación sobre la Mesa

La Educación sobre la mesa. Hoy: Reunión de padres, reunión para la unión

La Educación sobre la mesa. Hoy: Reunión de padres, reunión para la unión
Por Laura Iglesias (Especial para «La Educación sobre la Mesa»)

Los cambios de la sociedad actual son rápidos y profundos La complejidad, cada vez mayor, que la caracteriza, demanda una nueva visión educadora de la familia y la escuela. Lo que exige su compromiso para trabajar unidas en un proyecto común.

Familia y Escuela son un marco referencial imprescindible para la incorporación de un nuevo ser humano a la sociedad. Pero este marco se encuentra a merced de los avatares impuestos por transformaciones diversas que han de asumir ambas instituciones si quieren responder a su tarea educativa y socializadora.

Hablar de reunión, nos remite a la idea de un agrupamiento de personas con algún objetivo en común, una razón que por alguna circunstancia los convoca a participar. Notorias palabras se han mencionado: agrupamiento, objetivo, común, razón, participar. Traduciendo: Reunión de Padres y Escuela, agrupamiento de personas, con un objetivo común, compartido, la Educación. Con una razón fundamental niños, adolescentes e hijos, habitando en un mismo término; estudiantes, que ameritan de nuestro compromiso, que se hace visible a través de la participación.  Describirlo de esta manera hace inferir la importancia que estas instancias representan en la dinámica de las Instituciones Educativas. Como así también establece claramente que la interacción de mensajería instantánea en un grupo de WhatsApp no reemplaza una Reunión de Padres y Escuela.

 Uno de los objetivos principales que revisten estas convocatorias es la de encontrar y favorecer un momento y espacio de reflexión. Siempre sobre la necesidad de tomar conciencia de la importancia del trabajo conjunto entre la formación familiar y la escolar. Para contribuir a la concreción de la calidad de la enseñanza y prevención del fracaso escolar, a comprender el valor del papel que cumple en la educación de sus hijos la comunicación familiar; y el promover la significancia de la formación integral de la persona a través de la educación.

No es menor tener en cuenta los patrones conceptuales y modelos pedagógicos que hoy están atravesados por un sinfín de cuestionamientos. Tanto en el ámbito escolar como familiar.

“Estos cambios, que afectan a la educación familiar, se sitúan en dos planos: interno y externo:

1. Interno. La familia necesita un marco de referencia para guiar, orientar y educar a sus hijos, porque sumergida en un mundo cambiante, cuya inestabilidad e incertidumbre fomenta inseguridad y miedo, se encuentra confundida. Las viejas creencias, los valores vividos, en definitiva, la educación recibida no le sirve para educar a su generación actual.

2. Externo. La familia se encuentra en medio de contrastes ante los cuales se siente sobrepasada y se pregunta cómo responder a las demandas de sus hijos que están fuera de los esquemas de sus propias experiencias y vivencias.

En este contexto, la familia tradicional aparece desdibujada, ha perdido sus antiguos puntos de sustentación, se han venido abajo los grandes pilares que sostenían sus creencias y cimentaban los roles atribuidos a los diferentes miembros de la familia. Por ejemplo: el hombre, en la figura del padre, no representa la autoridad como pilar de fuerza y poder; la mujer, en la figura de madre, no representa el amor como pilar de sumisión y abnegación. Y la sexualidad, no representa lo puro y misterioso como pilar de reproducción…  En definitiva, la familia se encuentra buscando nuevos pilares donde asentar una nueva identidad.

Desde otra perspectiva, la escuela, también se encuentra en una situación similar.

Los viejos patrones educativos no le sirven para educar hoy. A merced de los vientos del autoritarismo de ayer y del permisivismo actual, a veces, deja hacer… porque no sabe qué hacer. Encerrada en una burocracia asfixiante, se le hace difícil vivir el sentido comunitario que proclaman los documentos que la rodean y le exigen los nuevos valores democráticos. Siente la presión de las demandas que van más allá de su tradicional función transmisora de conocimientos y no se siente preparada para afrontarlas.

¿Qué pueden hacer familia y escuela ante esta situación? Sencillamente, aliarse y emprender juntas un camino que les permita crear una nueva concepción de la educación, desde una perspectiva comunitaria real dónde el verdadero protagonista sea el niño, adolescente, estudiante. Este objetivo exige la elaboración de un proyecto educativo común entre familia y escuela.

¿Cómo? Analizando y reflexionando la realidad sociohistórica en la que están inmersas. Y tratando de responder al tipo de educación que quieren dar a las nuevas generaciones y el tipo de persona que quieren formar, así como en los medios e instrumentos que han de utilizar para lograrlo. Este análisis implica tener en cuenta algunos contrastes de la sociedad actual.”

(Fuente: Jornadas de Reflexión sobre Educación. UNRC.)

La familia es el primer ámbito educativo, la escuela lo complementa. Cuando el niño vive en el hogar los valores comunitarios de participación y comunicación puede transferirlos a otros contextos.

Me despido con una frase interesante, como señala Savater, F. (1997 :71), “mientras que la función educadora de la autoridad paternal se eclipsa, la educación televisiva conoce cada vez mayor auge ofreciendo sin esfuerzo ni discriminación pudorosa el producto ejemplarizante que antes era manufacturado por la jerárquica artesanía familiar”.

¡¡¡Les deseo un lindo domingo!!!