Fiorella Raimondi, egresada de El Obraje, se mudó a San Antonio Oeste para cursar Biología Marina. Junto a su pareja, Dante, llevan adelante un emprendimiento de diseño científico para costear sus viajes de estudio y concientizar sobre la fauna patagónica.
Cambiar el paisaje serrano por la inmensidad del Atlántico no es una decisión que se toma todos los días. Sin embargo, para Fiorella Raimondi, una joven de 20 años oriunda de Alta Gracia, fue el paso necesario para perseguir su vocación en Biología Marina.
Egresada el año pasado del colegio El Obraje con el título de Técnica Química, hizo las valijas apenas terminó la secundaria y se instaló en San Antonio Oeste, Río Negro.

Allí, en una ciudad que describe con «alma de pueblo», cursa el segundo año de la Licenciatura en Biología Marina en la Facultad de Ciencias Marinas, una carrera que tiene una particularidad desconocida por muchos:
«Es la única universidad en Argentina que ofrece el título literalmente como Biólogo Marino. En lugares como Madryn o Mar del Plata es una especialización, pero donde estamos nosotros salimos con ese título específico», explicó en diálogo con AGNoticias, destacando el valor de una facultad pequeña que cuenta con apenas 200 alumnos en total.
Por otro lado, el «boom» del mar y una facultad por descubrir, la estudiante hizo hincapié en un contraste que vive de cerca: el creciente interés público por el océano frente al desconocimiento de la oferta académica.
Recordando la repercusión que tuvieron en julio, durante las vacaciones de invierno, las investigaciones del CONICET sobre el fondo marino, la joven advirtió que esa curiosidad muchas veces no encuentra dónde canalizarse. «Está muy bueno hablar de esto porque muy poca gente conoce nuestra universidad».
«Ayudaría un montón a la difusión, porque es muy chiquita mi facultad y por ahí a mucha gente le gusta y no sabe que acá se puede hacer«, declaró, invitando a los apasionados por la ciencia a descubrir esta oportunidad educativa en el sur argentino.
Un equipo dentro y fuera del aula
En este viaje no está sola. Su compañero de vida y de estudios es Dante Coria, un joven de Quilmes (Buenos Aires) a quien conoció en la cursada. Juntos formaron un equipo que se complementa a la perfección para superar la exigencia académica.



«Es una carrera que te exige mucho estudio. Tenés materias como matemática, química y física que son la primera pared con la que muchos se encuentran», relató la joven.
Y agregó: «Nos fuimos ayudando mutuamente: él viene de una escuela de economía y me ayudaba con matemática, y yo, como técnica química, lo ayudaba a él. Vamos viendo cuál es el fuerte de cada uno».
Emprender para investigar
La vida en el sur tiene sus desafíos, y el económico es uno de los más grandes. «Vivir acá es costoso. Cuando voy a Córdoba o mi novio va a Buenos Aires, nos queremos llevar todo de lo barato que está allá», comentó entre risas.
Aunque ambos cuentan con el apoyo de sus familias para la manutención diaria, la pareja decidió no quedarse de brazos cruzados. Con el objetivo de costearse un viaje al Congreso de Ciencias del Mar en Puerto Madryn sin pedir dinero extra a sus padres, nació su emprendimiento de stickers y llaveros con temática marina.


«La idea de unir la biología marina con los stickers surgió porque queríamos costear el congreso nosotros. Buscamos algo que se pueda comprar, que valga unos mil pesos, ideal para un regalo económico«, explicó Fiorella.
La división de tareas es clara: Dante, con su ojo estético, selecciona y perfecciona los diseños; Fiorella se encarga de los proveedores, los contactos y la venta mayorista a los locales de Las Grutas, aprovechando la temporada turística.


Conciencia ambiental y un pedacito de mar en Alta Gracia
El proyecto trasciende lo comercial; tiene un fuerte componente educativo. «La idea no es solamente vender, sino hacer una concientización sobre la fauna y su ambiente, que hoy está bastante perjudicado. Siempre donde se pueda divulgar, hay que aprovechar esos espacios», reflexionó la estudiante.
Recientemente, Fiorella sintió el abrazo de su ciudad natal. Aprovechando una visita familiar, ofreció envíos gratis a Alta Gracia y la respuesta fue inmediata.
«Mucha gente compró y se sintió el apoyo. Es una forma de llevar un pedacito del mar patagónico para distintas partes de Argentina«, expresó emocionada.

La vida entre ballenas y el futuro
A pesar de extrañar a los amigos y la familia, disfruta de su nuevo hogar, ubicado a solo 30 minutos en colectivo de las playas de Las Grutas, una distancia similar a la de Alta Gracia con Córdoba Capital.
Sus ratos libres son la envidia de cualquier amante de la naturaleza: «En invierno, cuando están las ballenas, nos fascina ir a la costa, tomar mates con los binoculares y disfrutar de la fauna sin gente en la playa».
De cara al futuro, la pareja sueña con realizar pasantías para «poner en concreto lo que estudiamos en los libros» y, más adelante, dedicarse a la investigación y conservación.

Por último, Fiorella dejó un mensaje para los jóvenes de Alta Gracia: «Si pueden hacerse un tiempo de planear un emprendimiento, háganlo. Es cuestión de organización y buscar lo original«.
Y abre las puertas a quien quiera seguir sus pasos: «Si alguien quiere estudiar Biología Marina y no sabe que acá se puede hacer, estamos abiertos a responder cualquier consulta«.
Quienes deseen comunicarse con Fiorella para poder comprar lo que ellos elaboran en su emprendimiento o si necesitan realizarse alguna consulta por la carrera en particular, pueden contactarla a través de su instagram: @fiorella_raimondi




