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Hablemos de adaptaciones cinematográficas: Harry Potter vs El señor de los anillos

Platea preferencial es una columna pensada para hablar de cine. Saliendo del lado formal y periodístico de AG Noticias; la columna se propone a recomendar películas, comentar films y a brindar «datos color» de actrices y actores pertenecientes a Hollywood, cine argentino y cine independiente. En esta ocasión, hablaremos de dos grandes adaptaciones cinematográficas: Harry Potter y El señor de los anillos.

Alerta spoilers: si no viste estas películas y queres hacerlo, volve luego de verlas.

Adaptaciones literarias y tramas

Llevar adaptaciones literarias al cine es una tarea complicada, ya que estas historias y personajes cuentan con un grupo de fanáticos que esperan, mínimamente, que la trama se respete al 100%. Sin embargo, al pensar en adaptaciones exitosas, es casi imposible no tener en cuenta a Harry Potter y El señor de los anillos.

Si bien por años se ha comparado a ambas franquicias cinematográficas, es importante arrancar esta columna preguntando: ¿Realmente hay muchos puntos de comparación entre estas películas? Es por eso que, en primer lugar, retomaremos ambas tramas para luego ir desglosando los lugares comunes en los que caen los films, para definir si realmente hay una adaptación «superior».

Harry Potter es un saga que comenzó a publicarse en el año 1997 por la escritora J.K. Rowling. La premisa que se nos presenta en este primer tomo -que luego se va complejizando más y más- trae consigo a Harry Potter, un niño huérfano que vive con sus tíos en Londres. Al cumplir once años, Harry se entera que en realidad es un mago y comienza sus estudios en el colegio Hogwarts de magia y hechicería. Allí adentro se entera de su pasado ligado al mago tenebroso Lord Voldemort y comienza a tener aventuras para librar a la escuela del mal.

Por otra parte, El señor de los anillos es una trilogía que fue escrita por J. R. R. Tolkien y publicada entre el año 1954 y 1955. Aquí seguimos la historia de Frodo Bolsón, un pequeño hobbit que tiene una importante misión: destruir un anillo maligno antes que lo recupere el señor oscuro -Sauron-. Al comenzar con esta misión, Frodo deberá enfrentar un sinfín de complicadas pruebas que buscan acabarlo, sin contar con la más difícil: resistir a la tentación que le produce el anillo.

El bien vs el mal

Luego de presentar ambas tramas, vamos al primer lugar común en el cual caen ambas películas: la representación del bien y del mal. Decir esto no es ninguna novedad, ya que esta representación es tomada por la mayoría de largometrajes, pero la cuestión es que Harry Potter y El señor de los anillos toman al bien y al mal de maneras muy distintas.

Harry Potter:

En Harry Potter el bien es muy relativo. Tenemos a personajes buenos haciendo cosas malas y aprendiendo de ellas. Esto se debe al contexto en el cual se asienta la mayor parte del film: en una escuela. Allí, además de aprender acerca de la magia, los personajes aprenden a ser mejores personas. Si bien estas cosas son mínimas, están muy latentes a lo largo de la saga. Un ejemplo de esto puede ser cuando Harry ataca a Malfoy en la sexta película, si bien Harry es el héroe también es capaz de caer, equivocarse y actuar de manera errónea.

Algunos de los malos actúan de una manera similar, teniendo buenas acciones entre muchas malas. Este puede ser el caso de Draco Malfoy ocultando la identidad de Harry Potter en la Mansión Malfoy durante la séptima película. Si bien hay villanos macabros sin un ápice de bondad, en general los personajes presentan varias capas. El caso más característico de esto es Severus Snape, un personaje tan gris que es imposible catalogarlo como bueno o malo.

El señor de los anillos:

Esta visión es un poco más simple en El señor de los anillos. Es mucho más clara, estructurada y concisa. Esto se debe, en primer término, a que los escenarios en los cuales transcurre este film son totalmente crueles y hostiles. Aquí no tenemos un margen de error, un espacio para equivocaciones. No hay una escuela en la cual tropezar, para Frodo equivocarse es de vida o muerte, significa el fracaso de la misión y la extinción de la vida como la conoce. En segundo término, el mal está latente en todo momento. No hay muchos momentos de relajación, sino que el peligro acecha constantemente.

Otro punto importante a destacar es que el bien y el mal son representados de maneras épicas. El bien es encarnado por una criatura inocente, buena y noble, que tiene una tarea demasiado pesada pero que también posee la valentía suficiente para seguir adelante. Por otro lado, el mal es representado con espectros monstruosos y con un señor oscuro que es demasiado poderoso y siniestro, con la fuerza suficiente para exterminar todo a su paso. Estos extremos están bien marcados y dejan de lado las escalas de gris.

Como dato color, cabe destacar que en ambas adaptaciones hay objetos específicos que representan el mal: en el caso de Harry Potter se trata de los horocruxes de Voldemort, mientras que en El Señor de los anillos es el anillo único. Ambas representaciones logran transmitir una vibra oscura y se entiende perfectamente el simbolismo.

Desarrollo de personajes y villanos principales

Retomar uno por uno a todos los personajes que intervienen en ambas franquicias es prácticamente imposible. Pero si se pueden tomar en cuenta algunos rasgos generales para entender el modo en que las adaptaciones llevan a cabo los desarrollos de personajes en cada producción, partiendo por los villanos principales.

Al hablar de Lord Voldemort, estamos hablando de un ser malvado sin piedad alguna. Si bien Voldemort se presenta como el eslabón de maldad más alto en toda la saga, las películas de Harry Potter logran darnos una historia detrás en la cual entendemos su arco de personaje. De niño fue criado en un orfanato, sin ninguna muestra de afecto y fue concebido bajo una poción de amor. Logramos entender como llegó a ser el temible villano que nos muestra la saga.

Lo que pasa con Sauron es completamente diferente. Aquí lo desconocido toma un rol casi protagónico. La película no explica el porqué de la maldad de Sauron. Puede que simplemente sea un ente que se ha vuelto maligno con el paso del tiempo, puede que sea malvado de naturaleza. No tenemos idea. El espectador no tiene modo de empatizar con el y la película no busca eso. Busca, simplemente, exponer los horrores de los cuales Sauron es capaz. La maldad de Sauron es inmensa, está asentada en el aquí y el ahora, no tiene un pasado que justifique y deja claro, de entrada, que tampoco tendrá un arco de redención.

En cuanto al resto de personajes, ambas adaptaciones tienen a su favor elementos que ayudan a completar todos los arcos. En el caso de Harry Potter, el tiempo ha sido un factor clave que acompaña a los hechos. Desde la primera hasta la última película han pasado siete años en los cuales los personajes han crecido, madurado y cambiado. Han cometido errores y se han redimido por ellos, o han elegido de qué lado estar. Seguimos a estos personajes, sabemos el motivo por el cual tomaron cada decisión.

El caso de El señor de los anillos es diferente. Los personajes no tienen al tiempo como eje, pero si tienen sus características muy bien definidas, lo cual ayuda a denotar el crecimiento. Un buen ejemplo de esto puede ser la inocencia de Frodo y como esta se va perdiendo a medida que su misión se vuelve más complicada y oscura. También el apoyo incondicional de Sam y Aragorn que los vuelve más y más valientes pese a las circunstancias que los rodean. Las caracterizaciones hacen que los personajes avancen, ya sea acentuando su forma de ser o mutándola.

La noción del héroe

Algo que ambas adaptaciones tienen en común, es el rol que encaran los dos protagonistas. Tanto Harry como Frodo encarnan el papel del héroe de la historia. La ejecución de este aspecto es extremadamente similar en ambas producciones. En primer lugar, la amistad es un pilar fundamental para que los héroes lleguen a destino -Frodo tiene a Sam; Harry tiene a Ron y Hermione-. En segundo lugar, los dos reciben ayuda para llegar al momento del enfrentamiento final -Esta ayuda aparece de diferentes maneras. Sin embargo, también podemos decir que es representada por dos personajes: en Harry Potter la ayuda y la sabiduría es encarnada por Dumbledore, mientras que en El señor de los anillos es Gandalf quien ayuda a Frodo a comenzar la misión-.

El concepto de la «misión oscura» también es similar. Harry deja su último año de escuela para ir a buscar horocruxes, mientras que Frodo deja su vida para destruir el anillo. Y bueno, como era de esperar, la muerte siempre es una posibilidad latente para ambos personajes… Pero el bien triunfa sobre el mal, a pesar del sufrimiento que ambos atraviesan para llegar a ese desenlace.

¿A qué público apuntan?

Este es un punto fundamental. Si bien hay una tendencia en comparar ambas adaptaciones, una pregunta interesante es: ¿Ambas están dirigidas para el mismo público?

La respuesta es clara y concisa: no. El señor de los anillos es una película de fantasía épica, aventuras y acción que desde el momento cero está dirigida a personas mayores de 13 años. Por su parte, Harry Potter es un film que parte siendo apto para todo público, e incluso es considerada como contenido familiar. Además, su género predominante es la fantasía. El señor de los anillos no se caracteriza por ser contenido familiar, sino por la complejidad de su trama desde el minuto cero. Por su parte, Harry Potter tiene una premisa mucho más sencilla y apta para todo público, que se va complejizando con el avance de la saga.

¿Hay una adaptación mejor que la otra?

Luego de analizar ambas adaptaciones, podemos concluir algunos puntos. Si bien ambas sagas caen en algunos clichés comunes, los modos de ejecución y los objetivos son muy diferentes en ambos largometrajes. El señor de los anillos parte siendo una trama compleja, mostrando el camino hostil que recorrerá el protagonista. Por otra parte, Harry Potter al principio es una película familiar, que luego se va volviendo más y más oscura hasta llegar a su clímax en la octava película.

Harry Potter hizo algo que aún ninguna saga ha podido hacer: crecer con una generación. Conocimos a Daniel Radcliffe interpretando a Harry Potter cuando apenas tenía 11 años. Este actor, al terminar la saga, ya tenía 21. En esos 10 años todos crecimos, todos vimos su crecimiento reflejado en el nuestro. Vimos a niños convertirse en adolescentes -y luego en adultos- con misiones complejas, pero siempre teniendo algo porque luchar. Es por eso que esta saga tiene su bien merecido lugar en el mundo del cine, porque su historia es digna y nosotros como espectadores somos parte de ella.

Por su parte, El señor de los anillos trajo consigo una propuesta más adulta, dejando de lado a los niños. Pero esa propuesta es exquisita. Todo lo que ocurre en esta trilogía es épico. Todo lo que ocurre es espectacular, el espectador realmente entiende el peligro que corren los protagonistas y al tiempo que lo apremia. Este universo es complejo, pero tiene una grandeza e inmensidad que la vuelve hermosa. Estas tres películas son una obra de arte, piezas que también tienen un lugar digno en el mundo del cine.

Es por eso mismo que ninguna adaptación es superior. Ambas apuntan a públicos diferentes, con historias muy distintas entre sí. Pero tanto la trilogía como la saga son igual de recomendables. Si tu idea es tener un domingo relajado, podes mirar Harry Potter… Pero si buscas ver algo épico, sin duda alguna tenes que poner El señor de los anillos.