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Crónicas al Voleo

El Lute, enemigo público número uno

El Lute, enemigo público número uno
Por Germán Tinti (especial para Crónicas al Voleo)

El Lute. Eleuterio Sánchez Rodríguez nació en Salamanca, en el seno de una comunidad merchera, una etnia nómada de cuyo origen existen muchas teorías y ninguna certeza, que suele moverse generalmente en Madrid, Castilla y León, Asturias, Cantabria y Euskadi y cuya actividad principal es la compraventa de «quincalla» (objetos de metal de poco valor). Por ese motivo también se los suele llamar «quinquis».

La primera vez que cayó preso, Eleuterio Sánchez no era todavía «El Lute». En el ámbito familiar lo llamaban «Terio» o «Luterio». Lo detuvieron por robar tres gallinas y lo condenaron a 6 meses de prisión. Estamos hablando de la primera mitad de la década de 1960 y la dictadura franquista era inflexible con los ladrones de gallinas.

Un disparo en la tarde

Recuperada la libertad y afincado en Madrid, el 5 de mayo de 1965, junto a Juan José Agudo Benítez y Raimundo Medrano –todos quinquis y analfabetos– asaltaron una joyería de la comercial calle Bravo Murillo, en el barrio de Tetuán. La idea era romper la vidriera y manotear todas las joyas que pudieran. Se conducían en una precaria motocicleta que conducía Medrano (que era diabético, casi ciego y con problemas coronarios). Era la hora de la siesta, había pocos transeúntes y el negocio estaba cerrado. Todo parecía ir bien hasta que del interior del local salió un veterano vigilante que intentó impedir el robo. Hubo un forcejeo, se escuchó un disparo y el vigilante cayó muerto en la vereda.

Aprehendidos a los pocos días los tres compinches, Eleuterio guardó silencio y no delató a sus compañeros. Él no había disparado el arma pero no delataría a sus paisanos. Pero Agudo Benítez y Medrano no tuvieron la misma nobleza y apuntaron a Sánchez como autor del crimen, en virtud de lo cual fue sometido a juicio sumario ante una corte militar y con un defensor que en realidad jugaba para los otros. La sentencia de muerte salió en minutos, aunque poco después, cuando ya era «El Lute» por obra y gracia de un sumariante de la Guardia Civil, la pena fue conmutada por prisión por 30 años.

Fuga en nochevieja

Un año después de la condena y su conmutación, cuando era trasladado por tren de línea desde el penal del Dueso en Santander, hacia Madrid. Al saltar del tren se quebró un brazo, pero eso no le impidió caminar durante 12 días, durante los cuales recorrió 170 kilómetros. «Ole tus cojones» le dijo con admiración el oficial de la Guardia Civil que lo detuvo. La cobertura periodística –que lo mencionaba como el «enemigo número uno»– que tuvo su desesperada huida lo convirtieron en un mito popular.

Su condena se agravó y, a los 22 años, su perspectiva era salir del talego solamente para ser trasladado al camposanto. En el presidio de Puerto de Santa María aprendió a leer y escribir. Sin embargo, el ansia de libertad lo llevó a intentar, una vez más, dejar atrás los altos muros de la prisión.

La noche del 31 de diciembre de 1970, Eleuterio y cuatro presos más abrieron un boquete en una pared que los depositaría en el tejado del presidio (durante varios días estuvieron sustrayendo y escondiendo los materiales necesarios para el escape) aprovechando que en esa jornada festiva la disciplina se relajaba y tanto presos como guardias tomaban algunas copas de más. El plan era arriesgado y había muchas chances que los guardias los liquidaran, pero como dijo Eleuterio años más tarde, «yo no era más valiente que el resto, pero tenía cadena perpetua y el miedo es inversamente proporcional a la condena que tienes».

Después de cuatro horas de picar la pared, lograron llegar al tejado y arrojar una cuerda hacia el otro lado del muro. El Lute fue el primero en intentarlo pero algo salió mal (en realidad era larga la lista de lo que podía salir mal, lo verdaderamente raro hubiera sido que todo saliera bien), la cuerda se cortó y el ruido alertó a los guardias que comenzaron a dispararle. Eleuterio había caído de una altura de 5 metros y se había torcido un tobillo, pero los balazos de los uniformados le hicieron ignorar el dolor y correr en la noche sin rumbo fijo. Sus camaradas de huida habían quedado en el tejado, sin siquiera la posibilidad de intentar saltar.

«Mi amor, la libertad no es fantástica»

«El Lute había escapado –crónica Alfonso López García en diario El Independiente de España. Era la noticia que recorría, una vez más, el país. Él por su parte volvía a vivir con esa etiqueta tan familiar de hombre más buscado de España que le llevó a dormir en copas de árboles, barriadas o a pasar varios meses en un colector, de huida en huida entre Jerez, Málaga, Granada y Sevilla. Siempre escapando, siempre desconfiado, siempre escondido, siempre buscando cómo conseguir un trozo de pan. Siempre dando gracias al final del día por un día más lejos de la cárcel».

Pero la libertad, que era un constante estado de fuga cobijándose en cada comunidad merchera que se cruzaba, llegó a su fin en junio de 1973, cuando fue recapturado en Sevilla y regresado a Puerto de Santa María. Si bien los primeros meses fantaseó con una nueva fuga, algo empezó a cambiar en él. El Lute estudió derecho y escribió su autobiografía: «Camina o revienta».

También allí conoció al dirigente comunista Simón Sánchez Montero (que luego, con el regreso de la democracia, llegaría a ser diputado). «Recuerdo que íbamos por las galerías de la prisión andando hacia los locutorios y se me acercó –evoca El Lute en una entrevista publicada en el diario El Mundo. Yo no respondía al patrón del delincuente en la cárcel; era ya entonces serio, calmado, reflexivo. Y debí caerle bien. Me dijo algo que me cambió la manera de ver mi condena: “Te veo amargado. Pero de aquí se sale”, me repitió. “Franco es mucho más viejo que tú y acabará muriéndose antes o después. Y cuando eso ocurra tú saldrás de la cárcel. Piensa para entonces qué hombre quieres ser”».

Una última oportunidad

En virtud del evidente cambio de personalidad y conducta expuesto por Eleuterio Sánchez Rodríguez, el entonces presidente del gobierno Leopoldo Ramón Pedro Calvo-Sotelo y Bustelo​ decidió darle el indulto en 1981.

Desde entonces, El Lute, que ya no quería ser El Lute; editó cinco libros más y ha dado conferencias en toda España y numerosas ciudades de Europa. Su primer libro fue llevado al cine con Imanol Arias y Victoria Abril como protagonistas; el grupo alemán Boney M publicó la canción «El Lute/Gotta Go Home» y visitó a Eleuterio en Puerto de Santa María. «Furtivo como el Lute cuando era el Lute / así estoy yo sin ti» canta Joaquín Sabina en «Así estoy yo sin ti».

Se ha convertido, a su pesar, en un personaje de la cultura popular, aunque Eleuterio Sánchez Rodríguez haya optado por la vida tranquila de la pequeña población de Niebla y mirar las tranquilas aguas del río Tinto discurrir mansamente hacia el golfo de Cádiz, contradiciendo la tradición merchera. «Ya no hay nomadismo, afortunadamente, que es la condición que mejor define a los miembros de mi etnia. Durante siglos estuvimos perseguidos por eso y, sin embargo, finalmente, lo que nos ha hecho asentar en un territorio no son las prohibiciones ni las condenas, sino la comodidad».

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