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Crónicas al Voleo

El hombre más malo del mundo

El hombre más malo del mundo
Por Germán Tinti (especial para Crónicas al Voleo)

Edward Alexander Crowley nació en 1875 en el seno de una familia puritana y rica de Royal Leamington Spa, una pequeña ciudad conocida por sus aguas termales, cerca de Birmingham, en el centro de Inglaterra. Desde chico se mostró rebelde ante las estrictas reglas religiosas que imperaban en su familia. Su madre, Emily Bertha Bishop, lo llamaba «La Bestia» cuando era un niño. Sin embargo, Edward (todavía lo conocían así) admiraba profundamente a su padre Edward, dueño de una fábrica de cerveza y carismático predicador, y su muerte, cuando apenas tenía 11 años (Edward hijo, se entiende), lo afectó profundamente.

Cuando tenía 20 años ingresó en el Trinity College de Cambridge y, ya lejos de su familia, empezó a saborear la libertad. En ese centro educativo, donde se educaron nenes como Francis Bacon, Isaac Newton, Lord Byron o Bertrand Russell entre otros muchos (lo que incluye la nada despreciable cifra de 34 premios Nobel hasta la fecha) escribió sus primeros ensayos, novelas y poemas eróticos, inauguró su creciente escepticismo respecto al cristianismo y desarrolló su pasión por el montañismo. También cambió su nombre Alexander por su forma galesa Aleister.

«Sr. Crowley, ¿qué pasó por su cabeza? / Oh, Sr. Crowley, ¿habló con los muertos?»

«Durante muchos años detestaba que me llamaran Alick –escribió Aleister alguna vez– en parte por el desagradable sonido y la vista de la palabra, en parte porque era el nombre con que mi madre me llamaba. Edward no parecía complacerme y los diminutivos Ted o Ned eran aún menos apropiados. Alexander era demasiado largo y Sandy sugería peinado hacia atrás y pecas. Había leído en algún libro que el nombre más favorable para hacerse famoso era uno consistente en un dáctilo seguido de un espondeo, como al final de un hexámetro: como Jeremy Taylor. Aleister Crowley cumplía estas condiciones y Aleister es la forma gaélica de Alexander. Adoptarlo satisfaría mis ideales románticos».

De aquella época también proviene su interés por el esoterismo y su ingreso en la Orden Hermética de la Aurora Dorada, una organización secreta en la que se estudiaba y practicaba magia, astrología, cábala, tarot y alquimia y a la que también pertenecieron el escritor de terror Arthur Machen (admirado por Stephen King), el poeta William Butler Yeats (tantas veces citado por Borges), la actriz y activista feminista Florence Farr y los también escritores H. G. Wells y Bram Stoker.

«Tu estilo de vida me pareció tan trágico  / Engañaste a toda la gente con magia»

No duró mucho en la secreta organización y al poco tiempo se enfrentó a varios de los miembros superiores y se fue dando un portazo. Luego se mudó a un castillo a orillas del lago Ness, en Escocia. Por aquella época comienza a revelar una marcada falta de moral y escrúpulos, ganándose el apodo (o mejor, la definición) de «el hombre más malo del mundo».

Apasionado viajero, recorrió Italia, Francia, Egipto, Rusia, China, India, México (donde escaló el Popocatepetl en 1900) y Estados Unidos. En sus viajes por Oriente estudió budismo, yoga, el I-Ching y tantrismo y comenzó a hacerse adicto a la heroína, la que solía utilizar en las orgías sagradas, prácticas sadomasoquistas y ritos místicos y mágicos que organizaba en occidente.

En 1903, cuando se encontraba de luna de miel con Rose Kelly en Egipto, Aleister sintió que el dios Horus le había dictado un libro en el que constaban las «nuevas tablas de la ley». Un año después ingresaba en la imprenta «El libro de la ley» en el que anunciaba una nueva era y una flamante religión, de la que él mismo sería el profeta. «Haz lo que quieras y será toda la ley» era una de las máximas principales.

«Sí, esperaste la llamada de Satanás / Sr. Encantador, ¿pensaba que era puro?»

En 1910, se unió a la Orden de los Templarios Orientales (Ordo Templi Orientis), en la que escaló rápidamente hasta el décimo grado, haciéndose cargo de Gran Bretaña e Irlanda.  Diez años después se instaló en Cefalú, un pueblito medieval de Sicilia, junto a su nueva esposa, Leah Hirsig, y fundó la abadía de Thelema, que en los papeles pretendía ser una comunidad modelo y una «escuela mágica» en la que los estudiantes – pupilos realizarían adoraciones diarias al sol, estudiarían los escritos de Crowley, realizarían prácticas regulares de yoga y rituales mágicos, así como los cotidianos trabajos domésticos. Pero todo terminó en desastre cuando tres años después uno de los miembros de la abadía, un graduado de Oxford llamado Raoul Loveday, murió en la Abadía luego de una prolongada inflamación del tubo. La esposa de Loveday acusó a Crowley de envenenarlo haciéndole beber la sangre de un gato durante una de sus ceremonias.

Y es que desde hacía tiempo corrían insistentes rumores sobre la realización de orgías sexuales, sacrificios masivos de animales y personas, así como todas las formas de la magia negra. Lo cierto es que el gobierno italiano, en manos de Benito Mussolini, que hasta el momento se había hecho el otario, lo expulsó del país. Crowley nunca negó ninguna de las acusaciones.

Sr. Alarmante, en relación nocturna / Descubriendo cosas que eran sagradas

De vuelta en Gran Bretaña continuó realizando actividades ocultistas, magia y rituales orgiásticos… y chutándose heroína. Fue además un destacado jugador de ajedrez, pintor, astrólogo y escribió muchos libros sobre magia, política, filosofía y cultura. Recorrió toda Europa viviendo un tiempo en Francia donde se relacionó con la famosa bailarina Isadora Duncan o el escultor Rodin entre otros, hasta volver a Inglaterra. También cultivó amistad con el poeta portugués Fernando Pessoa, con quien mantuvo una intensa relación epistolar. Hace unos años se publicaron estas cartas en un libro llamado «Encuentro Mágico en la Boca del Infierno».

Su aura mágica, misteriosa y polémica alcanzó a artistas como The Beatles (que lo incluyen en la portada de Sgt. Pepper Lonely Hearts Club Band); Ozzy Osbourne (que compuso el tema Mr. Crowley, del que se extrajeron los subtítulos de este artículo), Iron Maiden, Led Zeppelin (Jimmy Page compró el castillo de Crowley a orillas del lago Ness), David Bowie (en la canción Quicksand decía: «Estoy cada vez más cerca de The Golden Dawn / inmerso en el uniforme de Crowley»). En la parte trasera del álbum “13”, Jim Morrison y los otros miembros de The Doors aparecían posando con un busto del hombre más malo del mundo.

Aleister Crowley murió en 1947. Existen versiones que en su lecho de muerte maldijo a su médico porque se negaba a suministrarle heroína. Nadie cree en maldiciones, pero el facultativo murió un día después que Aleister. Otras fuentes indican que sus últimas palabras fueron «estoy perplejo». Su cuerpo fue cremado y sus cenizas entregadas a sus seguidores.

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