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Diez notas sobre el Diez

Diez notas sobre el Diez: «Los chicos nunca se equivocan»

Diez notas sobre el Diez: "Los chicos nunca se equivocan"

Como homenaje a Diego Maradona, y a todo lo que nos dio como futboleros que somos, AGNOTICIAS comienza hoy con una serie de artículos titulados «Diez notas sobre el Diez». Periodistas de nuestra redacción, y columnistas invitados desgranarán cada día, una historia distinta recordando el genio del fútbol mundial.

Los chicos nunca se equivocan

Por Juan Carlos Gamero

Dicen que los niños nunca se equivocan. Usted pone en una vereda a diez jugadores de fútbol, y luego, cuando vaya a la cancha, apúntele a aquel al que los pibes lo rodearon para pedirle autógrafos o selfies. No le va a errar.

Así pasaba con Diego. El pibe de rulitos que salía a la cancha haciendo jueguitos con la pelota y arrancaba aplausos de la multitud. El peticito que ya la dejaba chiquita en el equipo de Cebollitas del Bicho de la Paternal.

El mismo que hacía que la prensa comenzara a interesarse en aquel “pibe con porte y clase de crack”, como lo mencionó Clarín. Claro que para los periodistas, apenas si era conocido su apellido. Tan poco, que en aquella nota lo llamaron “Caradona”.

Desde Estrella Roja hasta los Cebollitas de Argentinos Juniors. Desde Fiorito a La Paternal, siempre soñando con jugar en la Selección, con debutar en Primera y con ganar un mundial. ¡Pavada de sueños!, ¿no?

Porque aquel primer hijo varón de Don Diego (“Chitoro” para los amigos) y de Dalma Salvadora (La “Tota”) estaba predestinado a ser grande. Claro que para eso, mucha agua debió pasar por el pico público de la calle Azamor. “Si tengo que definir en recuerdos aquella casa, digo ´lucha´”, expresó alguna vez Diego a la vuelta de los años.

Es que allí conoció las urgencias, las necesidades, las noches en que su mamá se acostaba “con dolor de panza” para ocultar que la comida no alcanzaba para todos. Vendrían tiempos mejores, pero para ello, al sueño había que hacerlo realidad.

Todos se acuerdan de Diego en su Fiorito natal. “Todo el barrio se juntaba a ver a este equipo. El gol que le metió a Inglaterra en el 86, Diego lo hizo como cien veces acá con el Estrella. Ya de chiquito se veía que era un distinto”, contó alguna vez Francisco Pérez -el Gordo Pancho- señalando una foto colgada en la pared, con aquel equipo clase 1960.

En el Bicho de la Paternal –como dijimos- ya deslumbraba cuando le sobraban los dedos de sus manos para decir su edad. Nacía la primera gran amistad de su vida. Con Jorge Cyterszpiler (“un hermano de la vida”). Junto a él recorrió el camino hasta su debut en Primera, y con el tiempo lo convirtió en su manager.

Y así el sueño de Diego fue creciendo. El “Pelusa”, el hijo del Chitorro y la Tota se hacía hombre en la cancha mientras continuaba divirtiéndose como un chico que era. Era un Diego salvaje aquel de Argentinos Juniors. Tal vez la mejor versión de su historia. Y miren que hubo buenas versiones…

Cuando Diego tuvo su primera pretemporada con la Primera de Argentinos Juniors, la hizo en Córdoba. Luego de varios días duros de trabajo físico, llegó la hora del fútbol. En la cancha de Las Palmas, en el viejo camino a La Calera, jugó por primera vez un partido con el equipo superior, en territorio cordobés.

Luego del partido, los pibes del barrio corrieron a pedirle un autógrafo. No lo conocían, pero lo intuían. Los chicos, nunca se equivocan…

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