Por Belén Montoya – Platea preferencial es una columna pensada para hablar de cine. Saliendo del lado formal de AGNoticias, la columna se propone a recomendar películas y series, comentar films y a brindar «datos color» de actrices y actores pertenecientes a Hollywood, cine argentino y cine independiente. En esta ocasión, hablaremos de Cromañón, la serie estrenada el 8 de noviembre en Prime Video que habla de la masacre ocurrida el 30 de diciembre de 2004.
Primer punto clave: la trama
Malena y sus amigos van al club República Cromañón para el recital del grupo de rock «Callejeros». Sin embargo, ocurre un incendio provocado por una bengala y el recinto al no tener salidas de emergencia, provoca un centenar de muertos. La serie se ubica temporalmente en dos líneas: tenemos el 2004, época en la cual sucede la masacre y luego está el 2008, con los juicios por el acontecimiento. Primero, me gustaría aclarar que habrá spoilers pequeños, para ahondar mejor en los capítulos. En segundo lugar, destaco el respeto que hay detrás de la producción, un tema que aún es sensible en la sociedad. La gran pregunta que queda es ¿la serie refleja la masacre que marcó a un país?

Una mezcla de clichés y estereotipos
Para comenzar, la serie tiene tanto aspectos positivos como negativos. En cuanto a lo negativo, lo más evidente es que recurre a un conjunto amplio de clichés y estereotipos. Desde el primer capítulo, sin caer en spoilers, es notoria la ambientación y la caracterización de los personajes, especialmente el grupo principal. Al inicio, por sus vestimentas, podemos decir que la estética recuerda al rock de los 2000, pero luego ocurren situaciones que refuerzan ciertos estereotipos: los personajes consumen alcohol, se drogan, y caen una y otra vez en los mismos lugares. La serie nunca logra revertir este enfoque, ni siquiera cuando aborda el tema del juicio, que tiene lugar cuatro años después de la masacre. Un error bastante común a la hora de retratar épocas y/o hechos traumáticos que lamentablemente ocurre aquí también.

La fuerza de la experiencia colectiva
Me pareció poderosa la forma en que la serie narra lo ocurrido esa noche y lo que sucedió después de Cromañón. Como decíamos, la historia se desarrolla en dos momentos: el antes y durante la masacre de Cromañón; y el juicio, -o el «después»- que representa el futuro que enfrentan los sobrevivientes. En este sentido, resulta muy fuerte el mensaje sobre la supervivencia tras vivir una experiencia traumática. La serie también profundiza en temas más complejos, como la diferencia entre la tragedia colectiva y la tragedia individual, destacando un sentido de pertenencia entre los sobrevivientes.
Además, aborda la importancia de la compañía en estos momentos y trata adecuadamente el tema de la salud mental. Aunque los personajes son ficticios, se muestra cómo una persona, tras una masacre de esta magnitud, puede enfrentar el estrés postraumático y esto puede llevarle incluso la vida. El «después» está bien retratado: no se trata de un «después en el tiempo», se trata de salir adelante y sobrevivir luego de lo ocurrido en Cromañón.
Por otro lado, hay personajes que toman Cromañón como una prueba para ver si podrán alcanzar la felicidad después de vivir eso. Me pareció muy bien tratado este aspecto. Además, hay un mensaje en uno de los últimos capítulos, durante el juicio, que me resultó muy significativo: «todos tenemos que darle las gracias a alguien». Me pareció valioso que se aborde esto, porque sigue remarcando el sentido de pertenencia en el grupo de sobrevivientes y también entre todos aquellos que asistieron esa noche.

La antesala de la masacre y los capítulos cinco y seis
Sin entrar en grandes detalles, los primeros cuatro capítulos tienen una narrativa tranquila. Sin embargo, su importancia radica en que brindar el contexto necesario para que entendamos la masacre de Cromañón. Aún sabiendo lo que ocurrirá, como espectadora no pude dejar de impactarme ante la situación y de la cantidad de negligencias que habia en el boliche. Y la desesperación por hacer que algo sea diferente también se incrementa a medida que avanza la serie, hasta que llega el temido quinto capítulo donde sabemos que realmente no se puede cambiar la historia.
El quinto y el sexto capítulo son, por lejos, los que se llevan la serie. Quizás los mas crudos pero los más necesarios. De la escena del incendio, solo queda decir que es desoladora. Tecnicamente tiene sus cosas para criticar, pero nuevamente el relato se lleva el verdadero protagonismo. Es terrible, y más aún, entendiendo que tenemos una versión «light» de lo que en serio se vivió. Por otra parte, el sexto capítulo es donde se despliegan las actuaciones de los actores experimentados, quienes interpretan a los padres de los chicos que fueron al recital. Destacar a Machín o a Villamil me parece repetitivo, ya sabemos de lo que son capaces en la pantalla. A quien quiero destacar es a Muriel Santa Ana quien, desde el quinto capítulo y hasta el final de la serie, hace un papel excepcional.

Los juicios y los debates en torno a Callejeros
Realmente, me hubiese gustado ver más sobre los juicios de 2008, ya que siento que esa parte quedó un poco relegada. Aun así, valoro que la serie se mantenga fiel a los debates que surgieron en aquel momento, especialmente el más importante: ¿Quién es responsable? En este punto, quiero destacar dos temas que la serie también explora: el uso de bengalas y la inocencia o culpabilidad de Callejeros. Sobre el uso de bengalas, me pareció que está bien planteado, ya que permite entender el contexto de los recitales de rock de los 2000. En cuanto a la banda, la serie es clara al mostrarnos cómo ese debate —que sigue vigente hasta hoy— divide aguas, aún ante los mismos sobrevivientes.

¿La serie del momento refleja la masacre que marcó a un país?
Me gustaría volver a repetir que la serie se me hace muy respetuosa. Me parece que Prime Vídeo logró redimirse del desastre que hizo con Nahír, probando que pueden invertir en productos audiovisuales que aborden temas delicados con el cuidado que esto requiere. También se me hizo inteligente que la serie no utilizara historias reales.
Aunque incluye detalles específicos que ocurrieron esa noche -como es la historia de los niños presentes en el lugar y de los pibes que fallecieron tras entrar y salir del edificio para rescatar a más gente- que además son de público conocimiento, me pareció bien que la serie no se centrara en la historia de una persona en particular. Personalmente, siempre digo algo de este tipo de series “si no vas a hacerlo bien, mejor no lo hagas”. Creo que es la primera vez que una serie aborda un tema tan delicado de esta manera, y pienso que no habrían llegado a buen puerto si hubieran tomado una historia real.

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Este tipo de series suele ser una puerta para quienes desean conocer más sobre la historia real detrás de un hecho, y celebro eso enormemente. Siento que esta serie abre un espacio para que jóvenes y adultos, entre los que me incluyo, comprendan mejor lo que sucedió en aquel trágico día. Sin embargo, en cuanto a la serie en sí, no considero que logre reflejar completamente lo que ocurrió en la masacre, debido a las licencias creativas y ficcionales que toma. Es probable que lo que vemos en pantalla sea solo una mínima parte de todo lo que implica Cromañón. Pero esto no es necesariamente algo negativo, ya que la serie invita a profundizar y seguir investigando sobre el tema. Para quienes queremos aprender más, afortunadamente existen documentales y libros que abordan lo ocurrido desde la no ficción, ofreciendo una mirada más cercana a la realidad.
Finalmente, diría que ver Cromañón vale enormemente la pena. Aunque es dolorosa, es necesario conocer más sobre este tema para poder interiorizarlo como parte de nuestra historia. La serie tiene un total de ocho capítulos que duran entre 30 y 40 minutos.

