Si bien el bullying es un tema complicado, los adultos son una parte fundamental de la prevención y del acompañamiento. AGNoticias dialogó con la psicóloga Pilar González -M.P. 15775 sobre cómo detectar situaciones de acoso, acompañar una denuncia y trabajar tanto con la víctima como con el agresor desde una mirada integral.
El bullying no es un conflicto aislado ni una simple pelea escolar. Se trata de una forma de violencia sostenida que implica daño y desigualdad. “El bullying es toda intimidación o agresión —física, psicológica o sexual— que ocurre de manera reiterada en el tiempo y genera daño, miedo o tristeza en quien la recibe”, explicó la psicóloga Pilar González.
La profesional remarcó que hay tres elementos clave que permiten identificarlo: la intencionalidad de dañar, la repetición en el tiempo y el desequilibrio de poder. “Esto último es fundamental: no es un conflicto entre iguales, sino una relación donde uno queda en desventaja y no logra defenderse”, señaló.
Las distintas formas que puede tomar el acoso
El bullying no siempre es visible. Puede manifestarse de múltiples maneras y no necesariamente a través de la violencia física. “El acoso puede ser físico, verbal, social, psicológico o darse en entornos digitales. Muchas veces aparece combinado”, detalló.
Entre las formas más frecuentes, mencionó los insultos, apodos, exclusión social, amenazas o humillaciones. Estas prácticas, aunque a veces naturalizadas, generan un impacto profundo en quien las padece.
Sobre el cyberbullying, González advirtió que presenta características que lo vuelven especialmente dañino: “No tiene límites de tiempo ni espacio, puede ocurrir en cualquier momento, con mayor exposición y muchas veces desde el anonimato”. Además, explicó que los contenidos pueden persistir y reaparecer, lo que intensifica el malestar.
Señales de alerta: lo que muchas veces no se dice
Detectar el bullying no siempre es sencillo, ya que muchas veces no se expresa de forma directa. Por eso, la especialista insistió en la importancia de observar cambios en el comportamiento.
“No querer ir al colegio, cambios en el ánimo, problemas de sueño, bajo rendimiento o síntomas físicos como dolor de cabeza o de panza pueden ser indicadores de que algo está pasando. La clave es mirar los cambios. Cuando algo cambia, algo está pasando”, afirmó.
Cómo acompañar una denuncia sin generar más daño
Uno de los momentos más delicados es cuando la persona decide denunciar. En ese proceso, el acompañamiento resulta fundamental para evitar la revictimización.
“Es importante respetar el ritmo, no forzar el relato y permitir que la persona diga lo que pueda, cuando pueda”, explicó González. También destacó la importancia de validar la experiencia: “Creerle, no minimizar ni poner en duda lo que cuenta”.
La profesional subrayó que se debe evitar la sobreexposición. “No es necesario pedir detalles innecesarios ni insistir en que ‘cuente todo’. Acompañar también es saber hasta dónde preguntar”, indicó.
El rol de la familia, la escuela y los adultos
El entorno cercano cumple un papel central en todo el proceso. Sin embargo, González advirtió que muchas veces se comete el error de presionar. “El rol no es exigir que hable más rápido o de determinada manera, sino cuidar que el proceso sea lo menos dañino posible”, explicó. En esa línea, remarcó la importancia de intervenir y no mirar para otro lado. “Los chicos quieren pertenecer, quieren ser queridos. Pero ahí aparece el rol adulto: enseñar que no es a cualquier precio”, sostuvo.
Además, señaló que es fundamental trabajar en conjunto con la escuela. “Los adultos responsables tienen que acompañar, contener y generar espacios donde se pueda hablar con seguridad”, agregó.
Un aspecto que suele quedar en segundo plano es el abordaje del agresor. Sin embargo, González fue clara: “El agresor también necesita intervención. No desde justificar, sino desde comprender y reeducar”.
Según explicó, muchas veces detrás de estas conductas hay falta de límites, dificultades emocionales o modelos violentos aprendidos. Por eso, el trabajo debe apuntar a modificar esas bases.
“Reeducar implica trabajar la empatía, enseñar formas saludables de vincularse y desarrollar la regulación emocional”, concluyó.
Prevención: trabajar antes de que ocurra
La prevención es una herramienta clave y debe comenzar mucho antes de que aparezcan los conflictos. Para la psicóloga, esto implica un trabajo sostenido en valores y habilidades emocionales.
“Fomentar la empatía, enseñar regulación emocional y promover vínculos respetuosos son pilares fundamentales”, indicó. También destacó la necesidad de hablar de diversidad y generar espacios seguros donde los chicos puedan expresarse.
En cuanto al uso de dispositivos, señaló que no se trata solo de permitir o prohibir. “Es clave acompañar, establecer acuerdos y enseñar responsabilidad digital. Lo que se dice o comparte en redes también tiene efectos reales”, explicó.




