En esta sección te invitamos a conocer las historias de altagracienses que recorren diferentes partes del mundo. AGNoticias dialogó con Santiago quien cansado de la rutina, armó su mochila y se lanzó a la aventura sin un destino fijo. Lo que comenzó como un viaje hacia el norte argentino terminó convirtiéndose en una nueva vida en Colombia. Hoy vive en Palomino, un pequeño pueblo costero donde logró algo que durante años parecía lejano: vivir de la música.
En AGNoticias la sección «Altagracienses por el Mundo» ya es un clásico de nuestro portal informativo. Un espacio dónde les acercamos los lectores historias de vecinos, amigos o familiares que dejaron su ciudad natal y que ahora están viviendo diferentes experiencias alrededor del mundo. En esta oportunidad, conocemos más al altagraciense Santiago Guarneri.
Para muchos, dejar el país implica una planificación extensa, trámites y una búsqueda concreta de oportunidades. En el caso de este altagraciense, el punto de partida fue otro: la necesidad de salir, de moverse, de probar. De escuchar lo que durante años había sido una voz interna constante.
“Lo pensé desde hace mucho tiempo y siempre mi sueño fue viajar, pero nunca antes tuve la posibilidad”. Ese deseo de conocer el mundo había estado presente por años, pero como ocurre con tantas personas, el trabajo, la rutina y las responsabilidades diarias terminaban postergando la aventura.

Con el tiempo, esa sensación de estar atrapado en lo mismo se volvió cada vez más fuerte. “Estaba cansado de la rutina y el trabajo”, recordó, y fue entonces cuando decidió dar el paso que cambiaría todo: salir de Argentina sin saber exactamente qué iba a pasar.
“Decidí emprender un viaje de mochilero hacia el norte del país sin saber cuál iba a ser el destino”, relató, dejando en claro que no se trató de un viaje turístico, sino de una experiencia de vida.
Salir de Córdoba y buscarse en el camino
Santiago arrancó su viaje hacia el norte argentino con lo justo. No fue un plan armado con meses de anticipación, sino más bien un impulso profundo.
Un salto al vacío. Y como suele pasar cuando uno viaja sin demasiadas certezas, el camino empieza a enseñarte rápido que todo se construye paso a paso.

Ya en Jujuy, comprendió que para continuar necesitaba generar ingresos. Allí consiguió trabajo en un restaurante, y ese empleo fue clave para que la experiencia siguiera en marcha. “En Jujuy estuve trabajando en un restaurante y así pude ahorrar plata y seguir mi viaje más hacia el norte”, explicó.
En su relato aparece algo que se repite en muchos argentinos que se animan a viajar: la idea de ir resolviendo sobre la marcha, de adaptarse y buscar oportunidades donde aparezcan. No tenía un destino final, pero sí tenía una actitud: avanzar.

Una vida nómada: Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia
El viaje continuó, y con él llegaron nuevas fronteras. Fue recorriendo distintos países, sumando experiencias, aprendiendo de cada lugar y descubriendo una forma de vivir completamente diferente.
Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia fueron parte de ese itinerario. Pero él no habla de un viaje lineal, sino de una experiencia que se movía al ritmo de las circunstancias. Según contó, durante mucho tiempo fue un viajero constante, con estadías cortas y sin establecerse demasiado.
“Siempre fue un viaje en movimiento, conocí muchísimos pueblos, ciudades, etc. Nunca me establecí más de dos meses en estos lugares”, expresó.


Esa vida itinerante lo llevó a conocer realidades muy distintas entre sí: culturas, paisajes, formas de vida, ritmos sociales y maneras de relacionarse. En cada lugar aprendía algo nuevo, pero también se encontraba con desafíos.
Viajar por Sudamérica puede ser maravilloso, pero también implica cansancio, incertidumbre, días de no saber dónde se va a dormir o cuánto dinero alcanza.
Aunque no profundizó en cada detalle, su historia deja entrever el esfuerzo de sostener el movimiento y adaptarse a lo que venía.
El destino inesperado: Palomino, un rincón del Caribe colombiano

Este pequeño pueblo, ubicado en el departamento de La Guajira, sobre la costa norte de Colombia, fue el lugar donde por primera vez sintió que podía quedarse.
Palomino es conocido por sus playas, su ambiente relajado, su cercanía con la Sierra Nevada de Santa Marta y su mezcla cultural, donde conviven habitantes locales, comunidades indígenas cercanas y viajeros de todas partes del mundo.

“Ahora vivo en Palomino, La Guajira, Colombia. Hace tres años que llegué aquí”, contó.
Y a pesar de que durante años su experiencia fue de constante movimiento, Palomino le despertó otra sensación: la de pertenencia. Santiago contó que ese pueblo lo enamoró no solo por su belleza natural, sino también por la energía social y cultural que se respira en el lugar.


Allí, el ritmo es otro. La vida se vive más despacio. La gente comparte espacios, música, playa, noches largas y conversaciones con desconocidos que muchas veces terminan convirtiéndose en amistades.
El joven llegó como mochilero, como viajero, pero el lugar lo abrazó. Y en ese abrazo encontró algo que estaba buscando sin saberlo: un hogar.

La pasión por la música se convirtió en trabajo
Uno de los puntos centrales de esta historia es la música. Santiago siempre fue músico. Desde joven estuvo vinculado a bandas, proyectos y ensayos, pero en Argentina esa pasión no había logrado convertirse en una fuente de ingresos estable.
“Mi profesión actualmente es músico. Siempre me gustó, pero en Argentina, a pesar de que siempre tuve bandas y le dediqué tiempo, nunca fue algo de lo que viví, sino más un hobby”.
La música era su identidad, pero no su sustento. Como ocurre con muchos artistas, el arte convivía con otros trabajos, con obligaciones y con la dificultad de sostener una carrera en un contexto económico complejo.


No obstante, en Colombia encontró otro escenario. Allí, especialmente en zonas como Palomino, la música es parte de la vida diaria. Hay bares, encuentros culturales, turistas que buscan experiencias auténticas y una comunidad artística activa.
Fue en ese ambiente donde empezó a consolidarse. El lugar le permitió desarrollar proyectos musicales, conectarse con personas del mismo rubro y, poco a poco, vivir de lo que más le apasiona.
Palomino se convirtió en el escenario perfecto para que su arte dejara de ser un simple pasatiempo y se transformara en su forma de vida.

Trabajar en el exterior: un desafío que requiere paciencia
Santiago reconoció que emigrar o viajar por el mundo no es fácil. Más allá de las fotos lindas o los paisajes paradisíacos, hay una parte de la experiencia que muchas veces no se cuenta tanto: buscar trabajo, conseguir dinero para sostenerse, adaptarse a un mercado laboral distinto y resolver necesidades básicas como vivienda y comida.
“Conseguir trabajo en el extranjero no es tan fácil”, afirmó. Pero también aclaró que no es imposible, y que la clave es insistir: “si uno le dedica tiempo podés conseguir”.

Además, explicó que para los argentinos hay un punto importante: la diferencia económica. Si bien cada país tiene su realidad, el contexto argentino hace que muchas veces trabajar afuera rinda más. “Rinde más por la situación económica de Argentina que no es muy buena”.
En su experiencia, la combinación entre trabajo, arte y oportunidades locales fue lo que le permitió sostenerse.
Lo cotidiano en Colombia: idioma, comida y clima
Aunque parezca un detalle menor, remarcó que incluso en un país hispanohablante como Colombia, adaptarse al idioma lleva tiempo. “Aquí el idioma como sabemos es el español, pero hablan muy distinto”, contó.
El joven explicó que el acento y los modismos del Caribe colombiano son particulares y al principio le costaba comprender algunas palabras o expresiones. “Hay muchas palabras y formas de decir las cosas que al principio me costaba entender”, confesó.
Sin embargo, con el paso del tiempo, el oído se acostumbra y la adaptación se vuelve natural. “Con el tiempo ya me acostumbré y me encanta cómo hablan”, agregó.


En cuanto a la comida, su experiencia fue muy positiva. Le llamó la atención la variedad de frutas y verduras que encontró, muchas de ellas desconocidas para él. “Hay muchísima variedad de frutas y verduras que no conocía y aquí son normales y deliciosas”.
El clima fue otro gran cambio. Palomino es Caribe: calor todo el año, ropa liviana y vida al aire libre. Santiago lo describió con claridad: “Aquí en donde estoy yo es pleno Caribe y el clima es caliente, hace calor todo el año”.
En su día a día, esa temperatura constante modifica completamente el estilo de vida. “Vida de playa, liviano, ropa ligera y cómoda. Si traes buzo o campera no vas a necesitar porque hace muchísimo calor a toda hora”.


Paisajes, cultura y gente: lo que más lo enamoró de Colombia
Santiago no dudó cuando se le preguntó qué es lo que más le gusta del país donde eligió vivir. Para él, Colombia tiene algo especial, y su diversidad natural lo sorprende constantemente. “Lo que más me gusta de Colombia es sus paisajes naturales tan diversos”, contó.
Colombia es un país de contrastes: selvas, montañas, playas, ríos, desiertos y ciudades enormes conviven en un mismo territorio. Y para alguien que viene viajando hace años, esa variedad se vuelve un regalo.

Pero más allá de la naturaleza, también destacó el trato humano. Se sintió recibido desde el primer momento. “Su gente y su cultura… me recibieron muy bien”, expresó.
Esa calidez fue clave para que pudiera adaptarse. “El trato hacia los argentinos es genial, les encanta como hablamos y les interesa mucho nuestra historia y cultura”.
Alta Gracia siempre tira: lo que más extraña Santiago
Santiago admitió que hay cosas que nunca se dejan de extrañar. Y no se trata solamente de costumbres o sabores, sino principalmente de la gente. “Lo que más extraño de Argentina es mi familia, amigos, mi barrio, la comida”.
En su relato aparece un sentimiento muy común en quienes viven lejos: la nostalgia por lo cotidiano. El mate compartido, las reuniones con amigos, la comida de casa y esa sensación de pertenencia que se construye en el barrio.


De todos modos, tuvo la oportunidad de regresar hace poco a Argentina para visitar a sus seres queridos. Esa experiencia le dio un impulso emocional importante. “Tuve la oportunidad de ir a visitar hace poco y ya me siento otra vez recargado”, afirmó.
Ese viaje le permitió reencontrarse con sus raíces, pero también confirmar que hoy su vida está en otro lugar.

En cada lugar que recorre, lleva consigo su identidad. Y aunque no todos conocen Alta Gracia, cuando alguien la ubica, la respuesta suele ser muy positiva. “Cada vez que yo digo que soy de Alta Gracia y alguien conoce me dice que hermosa ciudad”.
Asimismo, aseguró que Argentina tiene una imagen muy buena en el exterior. “Por lo general a la gente le gusta mucho Argentina y sobre todo Córdoba”.
Ese reconocimiento, aunque parezca pequeño, para quienes viven lejos suele ser un abrazo inesperado: una forma de sentirse cerca de casa.

El consejo más importante: animarse y dejar el miedo
Por otro lado, el consejo a quienes sueñan con viajar o vivir en el exterior, es directo y sincero. Nacido desde su propia experiencia. “Desde mi experiencia, hay que animarse y dejar el miedo de lado”.
El verdadero desafío está en el primer paso. En tomar la decisión de dejar lo conocido y enfrentarse a la incertidumbre. “Lo más difícil es dejar lo que uno tiene y soltar”, reflexionó.
Pero también dejó una frase que resume su historia y su camino: “Después todo fluye y las cosas llegan a su tiempo”.




Para el altagraciense, el viaje no solo fue un cambio de país. Fue un cambio interno. Un proceso de crecimiento personal donde aprendió a confiar en el camino, a adaptarse, a buscar oportunidades y a construir una vida nueva desde cero.
¿Volver a vivir a Argentina? Un futuro abierto
Finalmente, hoy el joven no piensa en volver definitivamente. Su presente está en Colombia, en Palomino, y en una vida que logró armar en base a lo que ama.

“Por el momento solo pienso ir de visita, siempre que pueda voy a ir a visitar. No sé si en algún futuro regresaré a vivir, pero por el momento no”, concluyó.
Su historia, como tantas otras de altagracienses que se animan a dar el salto, refleja que muchas veces la vida cambia cuando uno se permite intentar. Santiago se fue buscando algo distinto y terminó encontrando mucho más: un lugar donde la música, la cultura y el mar se mezclan con su identidad argentina.
Hoy, desde la costa del Caribe colombiano, sigue escribiendo su camino, con la guitarra como compañera y con Alta Gracia siempre presente en el corazón.





