AG Noticias
Sociedad

La Otra Orilla: un refugio donde se reconstruyen vidas desde el amor y la fe

La Otra Orilla: un refugio donde se reconstruyen vidas desde el amor y la fe

En el corazón de los barrios Parque Virrey y Primero de Mayo, La Otra Orilla trabaja día a día con personas en situación de consumo, exclusión y vulnerabilidad. Con una mirada integral, este centro barrial inspirado en los Hogares de Cristo transforma la desesperanza en familia y comunidad.

“Llegué a La Otra Orilla participando en otro grupo parroquial, el Gesto Solidario, que construía casas para personas sin techo en los barrios Parque Virrey y Primero de Mayo”, contó a AGNoticias uno de los integrantes del espacio.

De ese primer contacto con la necesidad concreta del otro, surgió una inquietud más profunda: no bastaba con construir casas, había que acompañar las historias de quienes vivían dentro.

Así nació La Otra Orilla, una casa que busca dar respuestas integrales a las múltiples problemáticas que atraviesan a los vecinos de la ciudad.

“Veíamos que además de la falta de viviendas, había consumo de drogas en jóvenes muy chicos, chicos solos, peleas, abandono escolar. Por eso decidimos abrir un Hogar de Cristo, para abordar todo esto desde otro lugar”, relataron desde el equipo.

Un espacio para sanar y crear nuevos vínculos

Los objetivos del centro son tanto específicos como generales. “Lo más urgente es acompañar a personas que están atravesadas por el consumo problemático de sustancias, ofreciéndoles contención, comunidad y un camino para rearmar su proyecto de vida”, explicaron.

A ese proceso lo definen como la construcción de una “nueva familia”, basada en vínculos sanos y una fe que sostiene. Pero también hay otro nivel de trabajo, enfocado en la prevención: “Queremos que los niños, jóvenes y adultos tengan espacios donde puedan hacer algo distinto al consumo, donde se sientan cuidados”.

Así nacen los talleres de huerta, fútbol, música, costura, mantenimiento, oración y actividades con mujeres y niños. También funcionan duchas, un merendero y se celebran festividades parroquiales. “El centro es una forma de ser Iglesia que abraza a todos, especialmente a los más vulnerables. Recibimos la vida como viene”, afirmaron.

Acompañar cuerpo a cuerpo

La actividad es diaria. Por las mañanas, se trabaja principalmente con personas en consumo o situación de calle; por las tardes, con grupos específicos o familias. La asistencia profesional también es parte clave del proceso.

“La psicólogas Lourdes Oviedo y Renata Casali aportan una mirada técnica, interdisciplinaria y humana. No se trata solo de lo clínico, sino de acompañar respetando la subjetividad y la historia de cada persona, desde el momento en que toma conciencia de su situación hasta que puede proyectar una vida distinta”, detallaron.

El equipo define su metodología como “cuerpo a cuerpo”: se trata de estar cerca, de compartir la mesa, de no esperar que el otro sea distinto para ayudarlo. “Todos somos sanadores heridos”, reflexionaron.

La urgencia de una realidad que duele

Entre 50 y 70 personas participan mensualmente en las propuestas de La Otra Orilla. El centro se sostiene gracias al apoyo de la comunidad de Fátima y del Buen Pastor, y con subsidios de SEDRONAR y del gobierno provincial.

Pero el contexto económico actual agrava las dificultades. “El consumo es una forma de evadir la realidad. Cuando hay crisis, la demanda aumenta”, señalaron. Advirtieron además que los consumos se inician cada vez más temprano:

“Tenemos bebés que nacen con abstinencia, porque sus madres ya consumen durante el embarazo. Desde niños ya ven violencia y adicciones todos los días. Eso va naturalizando el consumo como parte de la vida”.

Además de la falta de familia, de trabajo y de salud, mencionan la ausencia de un proyecto de vida como una de las causas más profundas. “Sin algo que te ilusione, que te proyecte, es muy fácil caer en la droga”, sintetizaron.

Mirar hacia adelante con esperanza

Pensando en el futuro, La Otra Orilla se plantea seguir acompañando a las personas en situación de calle. Ya ofrecen una cena nocturna, y recientemente habilitaron duchas y lavarropas para que puedan higienizarse. “Queremos seguir estando presentes. No sabemos aún qué más va a surgir, pero estamos atentos a lo que el Espíritu nos va mostrando”, expresaron con fe.

En un contexto donde muchas veces todo parece perdido, en La Otra Orilla no se resignan. Siguen creyendo que cada vida puede cambiar, si hay comunidad que abrace, escuche y camine al lado. Porque, como ellos mismos lo dicen, “recibimos la vida como viene… y la acompañamos”.