Por la Dra. Laura Iglesias (Especial para «La Educación sobre la Mesa»)
“Los estudiantes de casa las esperan con gran ilusión; finalizan el curso académico visiblemente exhaustos, intelectualmente cansados y por encima de todo ansiosos ante la expectativa. ¿De qué hablamos? Naturalmente, de las vacaciones escolares de verano.”
A diferencia de lo que se podría pensar, las vacaciones no suponen una suspensión del aprendizaje para los estudiantes. Al contrario: constituyen otra forma de estimularlos para que puedan absorber conocimientos.
Además, les brindan la oportunidad de poner en práctica lo que ya saben. El hecho de tomar vacaciones y disfrutar de períodos de descanso otorga la oportunidad de liberarse del estrés acumulado por el cumplimiento de las obligaciones. Psicólogos y sociólogos indican que es necesario dejar que los menores descansen, jueguen, e incluso se aburran, para romper con la monotonía y evitar la saturación.
Según los especialistas en aprendizaje cognitivo, son cinco las áreas específicas que resultan beneficiadas durante los períodos de descanso, ocio y esparcimiento:
Coeficiente intelectual
Capacidad de concentración
Consolidación del carácter
Capacidad de liberarse del estrés
Capacidad de crear lazos afectivos hacia personas y lugares
Esto sucede porque los niños, niñas y adolescentes, en el tiempo libre que tienen en las vacaciones para recrearse, liberan neuroquímicos. Que los estimulan a buscar la emoción por medio de la experimentación y el contacto con el medio ambiente, lo que se traduce luego como un mejor desarrollo de las neuronas y las conexiones cerebrales. Las vacaciones, entonces, son el momento perfecto para reforzar el afecto y la autoestima. Es importante que los chicos se sientan importantes y que son partícipes en la unidad que simboliza la familia. Esto les ayudará a tener interacciones sanas en la escuela.
Vacaciones con historia
La mayoría de los sistemas educativos modernos fueron diseñados durante el siglo XIX, con sociedades mayoritariamente agrícolas, en las que el corte de verano era el momento en el que muchos de los chicos volvían a sus casas a ayudar en el trabajo del campo.
Además, según argumenta Gladwell, existía la idea de que el intelecto debía ser trabajado como la tierra en ese momento: con un tiempo de reposo necesario. Incluso cita a uno de los precursores de la educación pública en los Estados Unidos, Horace Mann, quien creía que el exceso de trabajo intelectual podía tener la “más perniciosa influencia sobre el carácter y los hábitos No pocas veces es la propia salud destruida por la sobre-estimulación de la mente”. Lo cierto es que hoy quedan pocas sociedades agrícolas. En la Argentina el 93% de la población vive en zonas urbanas. Sin embargo, el calendario escolar mantiene el diseño original, armado alrededor de una estructura social muy diferente de la contemporánea.
Contrapartida de las vacaciones
No obstante, en esta etapa existe el riesgo de que se produzca una afectación en las habilidades aprendidas a lo largo del año lectivo. Esto no implica obligatoriamente la inscripción de los estudiantes en programas de verano, refuerzo escolar o cursos durante las vacaciones, sino más bien la incorporación de hábitos que favorecen la ejercitación de habilidades en las actividades diarias.
Algunas sugerencias son:
- Iniciar un hábito de lectura diaria, dedicando como mínimo 20 minutos. Permitir que los niños seleccionen lo que desean leer, incluso si el material es más sencillo al que manejan en la escuela.
- Participar del momento de la organización de las compras del hogar: hacer una lista de los productos – leer los carteles de promociones o precios – pesar los alimentos – calcular el valor total de la compra – comparar los precios de los diferentes productos para escoger la mejor opción.
- Buscar y realizar alguna receta: cortar alimentos, racionar, etc.
- Practicar actividades físicas: escuelas o talleres de verano, rutinas de caminatas, andar en bicicleta, transitar itinerarios caminando ha lugares conocidos, entre otros. (Infobae)
Todo lo bueno se acaba
¿A qué conclusión llegamos? ¿Son malas las vacaciones?
Las vacaciones son necesarias: que existan, que empiecen y también que se acaben. Su existencia es una oportunidad para vivenciar experiencias diferentes y distendidas más allá de un viaje, o actividades predeterminadas socialmente. El único ingrediente que no puede faltar es la actitud positiva con la que abordemos las vacaciones, las que además estarán generando recuerdos positivos que contribuirán a su bienestar emocional.
Que sea un maravilloso domingo de inicio vacacional!!!
Nos reencontramos en marzo.

