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Platea preferencial

Ternura, comedia y Ryan Gosling… Todo lo bueno de Proyecto Fin del Mundo

Ternura, comedia y Ryan Gosling... Todo lo bueno de Proyecto Fin del Mundo
Platea Preferencial. Una historia de ciencia ficción que, lejos de abrumar con fórmulas y teorías, apuesta por el humor, lo humano y los vínculos. Proyecto Fin del Mundo sorprende al correrse del drama espacial clásico y encontrar su verdadero corazón en algo mucho más cercano: la soledad, la comunicación y la necesidad de no estar solos.

Hay películas que uno encara con cierta “preparación mental”. Ciencia ficción, espacio, física, soledad… Todo indicaba que estábamos por ver algo intenso al buen estilo de Interstellar, pero no fue el caso. Proyecto Fin del Mundo -o Proyect Hail Mary- toma otro camino: personajes entrañables, risas, un despliegue visual inmenso. Así, casi sin darte cuenta, estás metido en una historia mucho más humana de lo que parece.

Una historia espacial… pero bien terrenal

La trama es un clásico del cine de ciencia ficción. Un profesor de ciencias interpretado por Ryan Gosling despierta solo en una nave, sin memoria, con una misión casi imposible: salvar a la humanidad de una amenaza espacial. Hasta ahí, todo suena bastante clásico dentro del género. Pero lo interesante es cómo lo cuenta. No es una película abrumadora. Si bien tiene su buena cuota de ciencia, la idea se toma sus licencias brindando una aventura que mezcla suspenso, supervivencia y algo clave: humor de a kilos.

Y ese humor no es accesorio, es parte del ADN de la película. Hace toda la película sea amena, que no se note su duración. Acá está el primer giro: si entras pensando que vas a ver un drama espacial intenso… te equivocaste de sala. Quizás la confusión se debe a que la promocionaron como la nueva «Interestellar», pero está lejos de ser eso.

La película juega constantemente con situaciones absurdas, reacciones humanas muy reales y un protagonista que está lejos del típico héroe perfecto. Eso la vuelve cercana, incluso cuando está hablando de salvar el Sol.

Protagonista totalmente a la altura

Uno de los temas más interesantes es ese heroísmo medio involuntario. Nuestro protagonista, Ryland Grace, no es el “elegido”, no es el más preparado, no es el más valiente. Es alguien que está ahí… y tiene que hacerse cargo. Es alguien que simplemente tiene el conocimiento. La película plantea algo bastante simple pero potente: cualquiera puede ser héroe cuando no queda otra.

Inversiones necesarias, escenarios mágicos

No es solo “linda”. Está muy pensada visualmente. La fotografía arma un espacio que no se siente vacío, sino vivo, casi palpable. Hablamos del espacio como si fuese un escenario mágico, no sombrio.

Los colores no son los típicos que suelen acompañar a las películas de Ciencia ficción. Acá hay una paleta que acompaña el estado emocional del protagonista: momentos más cálidos, otros más clínicos, otros directamente incómodos. Todo eso te mete en la cabeza del personaje sin que te des cuenta.

Y después están los planos. Mucho encuadre cerrado cuando la soledad pega fuerte, y después planos abiertos que te recuerdan lo ridículamente chico que sos en el universo. Funciona. Se nota que hay una intención de hacerla grande, pero sin perder lo emocional.

Soledad, lenguaje y la necesidad del otro

Para mí, lo mejor de la película lejos. Más allá del espacio, la misión imposible y todo el despliegue, Proyecto Fin del Mundo pega donde más duele (y más nos define): la necesidad de conectar con alguien.

Porque sí, la película habla de la soledad, pero no desde un lugar bajón o existencial pesado. La trabaja desde algo mucho más cotidiano: ese impulso casi automático de buscar al otro. De hablar. De explicar. De que alguien te entienda… aunque no tenga nada que ver con vos.

Hay toda una parte donde el lenguaje se vuelve protagonista. No como algo técnico o académico, sino como puente. Como herramienta desesperada para no estar solo. Y es hermoso ver ese proceso: prueba, error, frustración… y de a poco, conexión.

Porque deja de ser una historia sobre salvar el mundo y pasa a ser algo mucho más simple: no estar solo en el intento. Y lo hace sin golpes bajos, sin romantizar de más. Lo hace con una amistad construida desde la necesidad, desde la diferencia, desde un contexto hóstil… y justamente por eso, se siente real.

Para mí, ese es el corazón de la película. El resto suma, claro que sí. Pero esto… esto es lo que la hace quedarse con vos por días, meses, años.

Producción grande, pero con corazón

Si bien se nota que hay presupuesto (y bastante) ya que estamos hablando de una producción de alto nivel, con múltiples estudios detrás y una apuesta fuerte dentro del cine de ciencia ficción actual; lo interesante es que no se queda en lo espectacular.

Porque al final del día, entre tanto efecto, tanto plano lindo y tanto viaje espacial, la película sigue funcionando por algo mucho más simple: la historia y sus personajes. Proyecto Fin del Mundo no es la película que parece… y ahí está su encanto. No busca ser la más profunda ni la más solemne del género. Busca entretener, emocionar y conectar. Salís del cine pensando menos en el espacio y más en lo humano.

Dato no menor: la película está basada en una novela de Andy Weir (el mismo de The Martian), y quienes la leyeron dicen que la adaptación es bastante fiel. Así que si te quedás con ganas de más historia, hay libro. Y también hay un guiño que nos trae una nueva coronación de gloria…