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Tango y Opinión

Tango y Opinion. Hoy: el crecimiento de las orquestas

Tango y Opinion. Hoy: el crecimiento de las orquestas
Por Raúl Pourtau, exclusivo para AGNoticias
En la última entrega, recorrimos algunos de los hechos más significativos que marcaron los primeros tiempos del tango. Esto incluyendo la consolidación de ciertos salones y músicos destacados. Pero esta historia está lejos de terminar, porque el siglo XIX y las primeras décadas del XX traerían transformaciones decisivas. Especialmente en la conformación de los conjuntos musicales.

Uno de los cambios más importantes vino de la mano de un instrumento que hoy consideramos emblemático del tango, pero cuya aparición fue toda una novedad: el bandoneón. De origen alemán y originalmente pensado para ceremonias religiosas, este instrumento fue ganando terreno hasta desplazar a la flauta, aportando un tono grave y melancólico que definiría el carácter del género.

Hacia 1913, Roberto Firpo haría otro aporte fundamental al incluir el piano en las formaciones típicas, reemplazando a la guitarra. Poco después, en 1917, Francisco Canaro incorporaría el contrabajo, permitiendo que el piano tuviera mayor libertad para desarrollar líneas melódicas. Así fue como se fue perfilando el formato que terminaría por consolidarse: el sexteto, integrado por dos bandoneones, dos violines, piano y contrabajo.

La década del 20 también fue escenario de innovaciones. Comenzaron a sumarse cantores que, en ese momento, eran conocidos como «estribillistas», ya que solo interpretaban el estribillo de cada pieza. Con el tiempo, su intervención sería cada vez más relevante, hasta convertirse en una parte central de las orquestas típicas.

Cambian las formaciones

A medida que el tango ganaba popularidad y los bailes reunían multitudes, directores como Canaro, Lomuto y el propio Firpo comenzaron a ampliar sus formaciones. Llegando a incluir entre ocho y doce músicos. Para los bailes de carnaval, donde se buscaba mayor potencia sonora en ausencia de tecnología de amplificación, otros directores como De Caro, Discepolo, Berto o Mafia sumaban aún más instrumentistas.

Incluso hubo quienes incorporaron instrumentos poco habituales hasta ese entonces, como la viola y el violonchelo. Figuras como Firpo, Fresedo o Mafia apostaron por esta sonoridad más rica, y sería Troilo quien, a partir de 1942, haría de esta práctica una característica permanente en su gran orquesta.

Ese mismo año, Pichuco también incorporaría dúos vocales de forma estable, una idea que ya había sido explorada esporádicamente por Canaro, De Caro, Zerillo y Cobian, pero que con él alcanzó otra dimensión.

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