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Crónicas al Voleo

Radio Caroline, o la libertad en amplitud modulada

Radio Caroline, o la libertad en amplitud modulada
Por Germán Tinti, para Crónicas al Voleo

Desde su fundación, hace casi 100 años, y hasta entrados los años sesenta, la BBC (British Broadcasting Corporation – Corporación Radiofónica Británica) tuvo el monopolio de las emisiones de radio en Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda. Además, el multimedio estatal tenía convenios con la Musicians Union, una organización sindical que busca proteger el trabajo y derechos de sus miembros (el SADAIC de ellos, vamos), que determinaban cuanta y qué música podía emitir la cadena oficial; el objetivo era evitar que la radiodifusión de música incidiera negativamente en la venta de discos. El resultado era una programación musical escasa y mala.

Radio Luxemburgo

Ante este desolado panorama, en la década de 1950 comenzó a tener gran popularidad en las islas Radio Luxemburgo, una emisora instalada en 1933 en el pequeño principado que emitía dirigiendo sus ondas hertzianas hacia Gran Bretaña. La radio fue usurpada por los Nazis al comienzo de la Segunda Guerra y recuperada por las fuerzas aliadas en 1944.

Con el universal advenimiento del rock and roll y la anemia musical de la BBC, Radio Luxemburgo empezó a difundir aquellos discos que llegaban de Estados Unidos y comenzaban a impactar fuertemente en el gusto de la juventud. Obviamente el estandarte era Elvis Presley, pero detrás del “Zorzal de Tupelo” (perdón Carlitos) se encolumnaban artistas no menos talentosos como Jerry Lee Lewis, Buddy Holly, Eddie Cochran, Little Richard o Chuck Berry.

«Radio Luxemburgo era conocida por lo difícil que era no perder la señal –rememora Keith Richards, guitarrista de los Rolling Stones, en su autobiografía– yo tenía un aparato pequeño con antena y me pasaba las horas dando vueltas por la habitación con la radio pegada a la oreja mientras movía la antena, y todo eso sin hacer ruido porque si no iba a despertar a mis padres. Si conseguía tener buena señal, entonces me podía meter en la cama con la radio, dejando la antena fuera para moverla de vez en cuando si hacía falta. Se suponía que tenía que estar durmiendo; se suponía que tenía que ir al colegio a la mañana siguiente… Ponían muchos anuncios de James Walker (…) y también de las casas de apuestas irlandesas, con las que Radio Lux tenía algún tipo de acuerdo. La señal era perfecta durante los anuncios… “Y ahora vamos a escuchar a Fats Domino cantando ‘Blueberry Hill’” y… ¡carajo!, se iba la señal».

Ronan O’Rahilly, el pionero.
El sueño de la radio propia

A principio de los años sesenta, Ronan O’Rahilly, tercero de los cinco hijos de un empresario irlandés (del sur) propietario de un puerto en Carlingford Lough, nieto de un patriota caído en el Alzamiento de Pascua en 1916, residía en Londres y se dedicaba a representar bandas del incipiente rock y pop británico, pero no conseguía que sus artistas fueran contratados por compañías discográficas y –mucho menos– que la BBC difundiera su música. Entonces decidió tomar el toro por los cuernos y crear su propia empresa de discos y su propia radio.

Siguiendo el ejemplo de radio Luxemburgo, y con los antecedentes de la danesa radio Mercur y la holandesa radio Carolina (que emitían desde barcos anclados en alta mar para sortear las leyes de radiodifusión de esos países), Ronan adquirió un viejo ferry pasado a retiro llamado Fredericia y, en el puerto familiar, lo acondicionó para convertirlo en una estación de radio flotante.

Así, el 28 de marzo de 1964, se encendió la luz roja y abrió el micrófono del estudio instalado debajo de la cubierta del Fredericia, para que el locutor Chris Moore y el actor Simon Dee emitieran el famoso «Hola, esto es Radio Caroline en la frecuencia 199, tu emisora de sólo música…». A continuación, la melancólica versión de «Round Midnight» interpretada por Jimmy McGriifi dio comienzo a una nueva era en la radiofonía.

Música las 24 horas

Radio Caroline (el nombre se le ocurrió a O’Rahilly cuando vio una famosa fotografía de John Kennedy y sus hijos jugando en el salón oval, publicada por la revista Life) transmitía música las 24 horas del día, principalmente rock, blues, jazz y pop. Si tenemos en cuenta que por aquel entonces la BBC dedicaba tan sólo dos horas los domingos para difundir esa música, se comprenderá por qué la emisora tuvo una aceptación inmediata entre la juventud, que debió dejar de hacer malabares para captar emisoras extranjeras, pródigas en ruidos de descarga y demás interferencias.

Sus locutores (Tony Blackburn, Roger Day, Simon Dee, Tony Prince, Spangles Muldoon, Keith Skues, Emperor Rosko, Tom Lodge y especialmente Johnnie Walker) se convirtieron en auténticas celebridades para los oyentes de la radio ya que –desafiando los usos y costumbres– pasaban álbumes completos, o los temas del gusto del locutor en turno, sin ceñirse a los rankings publicados por el establishment radial. Ellos elaboraban sus propias listas de favoritos.

Simon Dee junto a Los Beatles
Si no puedes vencerlo, únete

Tan sólo en los primeros diez días de transmisión la emisora recibió unas 20.000 cartas de apoyo. Tamaño éxito animó a otros a, literalmente, lanzarse al agua para emitir fuera del alcance de las leyes británicas. Entre ellos un australiano llamado Alan Crawford, que desde hacía tiempo estaba desarrollando un plan bastante similar al de O’ Rahilly. De hecho, su barco (el Mi Amigo) fue acondicionado en el mismo puerto irlandés de papá O’Rahilly; y viendo el éxito de su competidor, decidió anclarlo junto al Fredericia para lanzar al aire Radio Atlanta.

Durante un mes, ambas embarcaciones compitieron entre sí de la peor manera: interfiriéndose y buscando arruinar la emisión del rival. En poco tiempo se dieron cuenta que esa actitud no beneficiaría a ninguno de los dos y llegaron a un acuerdo. El Fredericia se establecería al norte de Irlanda y llegaría a los hogares del noroeste de Inglaterra, Escocia e Irlanda, en lo que se llamaría Radio Caroline North. Por su parte, Crawford, al timón del Mi Amigo, se situaría frente a las costas de Essex. Cubriría el resto de las Islas Británicas bajo el nombre de Radio Caroline South.

Chris Moore
¡A los botes!

Es casi innecesario decir que el éxito de ambas Carolines, sumado que el gobierno británico decidió no intervenir ante la proximidad de elecciones (sacar del aire a esas radios hubiera sido muy impopular en la franja más joven de votantes) significó que rápidamente proliferaran las emisoras que transmitían desde aguas internacionales.

Así, en poco tiempo, aparecieron decenas de radios que le discutieron el monopolio a la BBC. Además de Radio Caroline (Norte y Sur) surgieron Radio London, Radio City, Radio 390, Swinging Radio England; Britain Radio, Radio 270 y Radio Scotland, entre otras.

La primera secuela de este boom radiofónico fue un aumento constante de la ventas de discos. Y, consecuentemente, la aparición de decenas de nuevas bandas y músicos que, de otro modo, tal vez nunca hubieran abandonado el anonimato (en tu cara, Musicians Union).

Johnnie Walker
Británicos conquistando el mundo, otra vez

Radio Caroline cambió el modo de hacer radio en todo el mundo. Tarde o temprano el molde fue copiado en la mayoría de los países de occidente. Tal vez, en Argentina ocurrió con el advenimiento de la primavera democrática de los años ochenta; cuando brotaron miles de emisoras de FM que salieron a pelearle la cancha a las tradicionales radios de amplitud modulada.

El Mi Amigo sobrevivió al Fredericia. Y a todas las embarcaciones-radio que durante algo más de dos décadas poblaron las aguas del Mar del Norte invadiendo el éter británico. Sin embargo, como dice la canción, «no hay historia de piratas que tenga final feliz». El 20 de marzo de 1980 los últimos cuatro tripulantes abandonaron el barco «para observar –según informó el diario El País– desde el salvavidas británico Sheerness cómo se hundían bajo las enfurecidas olas dieciséis años de música pop en Inglaterra y Holanda. Era el fin (provisional) de la más famosa de las radios piratas: Radio Caroline».

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