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Platos rotos, poemas y una historia que todavía busca ser contada

Platos rotos, poesía y una historia que todavía busca ser contada
Una vajilla destruida, una hipótesis sobre un antiguo dolor y poemas escritos entre fragmentos. “En-seres, un restauro poético”, la intervención de Walter Villarreal, propone mirar el patrimonio desde un lugar inesperado: la sensibilidad.

¿Qué historia puede esconder un plato roto? La pregunta atraviesa “En-seres, un restauro poético”, la intervención artística del arquitecto y coleccionista Walter Villarreal. La propuesta toma como punto de partida unas antiguas vajillas de loza inglesa encontradas durante la década del 70 entre dos muros de los antiguos lugares comunes. Poemas.

No se trata solamente de reconstruir piezas. Se trata de reconstruir una historia. Entre los fragmentos aparecieron dos vajillas de importante valor arqueológico: una creamware, de mayor antigüedad, y otra decorada con motivos azules, conocida como pearlware. Con el paso del tiempo, el personal del museo restauró y conservó las piezas, algunas de las cuales son exhibidas periódicamente en la antecocina.

Walter decidió intervenir ese pasado desde el arte. “Decidí trabajar en torno a la idea del restauro poético, porque estas vajillas se encontraban destruidas”, explicó a AGNoticias. Además, escribió un cuento en su blog Frágiles Retiros, donde construye una hipótesis sobre lo que pudo haber ocurrido con las vajillas. Para hacerlo, tomó también como referencia las opiniones de los arquitectos Jackson y Pech.

Una de las posibilidades plantea que María del Carmen, hija mayor de la familia vinculada a la casa, pudo haber decidido desechar las vajillas antes de entregar la propiedad a Manuel Solares. Pero la historia que propone Villarreal va mucho más allá de un objeto descartado.

“Esto habla también de un dolor, de una fragmentación de la psiquis de las personas, de un duelo no bien resuelto”, sostuvo.

Y entonces aparece el kintsugi, la antigua técnica japonesa que repara objetos de cerámica utilizando laca y oro. En lugar de esconder las fracturas, las convierte en parte de la historia de la pieza. En esta intervención, Villarreal cambia el oro por palabras.

“Yo acá lo roto, que es la vajilla y los ánimos de ese pasado, los recompongo a través de la poesía”, explicó. Los versos aparecen fragmentados en los cuencos expuestos. Las piezas rotas y las palabras se encuentran así en una misma escena, como si ambas necesitaran ser reconstruidas.

La propuesta también pone el foco en quienes muchas veces quedaron detrás de los grandes protagonistas de la historia. Mujeres, niños, sirvientes y personas esclavizadas de origen africano aparecen como parte de esa memoria que, según Villarreal, quedó eclipsada por los nombres de los próceres y los acontecimientos más conocidos.

“Detrás de todos esos grandes nombres siempre quedan en la sombra aquellos que soportaron el dolor, que soportaron la voluntad, que apoyaron e inspiraron también a estas personas a que cumplieran su rol histórico”, expresó.

La intervención recupera esas presencias y las incorpora a una narración donde el patrimonio deja de ser solamente un conjunto de objetos antiguos. Pasa a ser también una memoria humana.

“En-seres, un restauro poético” permanecerá hasta noviembre y puede visitarse durante el horario de apertura del museo. La propuesta está distribuida en dos sectores: una parte en la antecocina y otra en los antiguos lugares comunes.

El objetivo de Villarreal es que quienes se acerquen no encuentren únicamente una explicación histórica, sino una experiencia. “Espero que tenga un acceso, un encuentro un poco diferente con lo patrimonial y con la historia”, señaló.

Menos académico. Más sensible. Más abierto a las preguntas.

Porque quizás un plato roto no sea solamente un plato roto. Quizás también sea la huella de alguien que sufrió, de una decisión que nunca quedó registrada o de una historia que durante años permaneció escondida entre dos paredes. Y quizás, para volver a contarla, haya que empezar justamente por sus fragmentos.

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