Por Germán Tinti (especial para Crónicas al Voleo)
Las celebraciones populares en España son todo un tema. Se extienden por todo el territorio y a lo largo de todo el almanaque. Las hay sacras y las hay profanas. Algunas las impusieron los romanos, otras las llevaron los celtas y no hay que olvidarse del legado ofrendado por los árabes que la colonizaron por siglos. También tenemos a las que legaron los visigodos, pero esos eran unos bárbaros.
Existen celebraciones que nos llegan desde hace muchos siglos y siguen vigentes a pesar del evidente anacronismo de muchas de ellas. Como «El salto de la cabra» que se celebra el último domingo de enero en Manganeses de la Polvorosa. La joda consistía en tirar una cabra desde el campanario de la iglesia del pueblo. Abajo, un grupo de pobladores esperaban al animal con una lona para que no se estrolara contra el piso… pero como dijo Tu Sam, puede fallar. Por la entendible y lógica presión de grupos conservacionistas, a partir de este siglo se remplazó la cabra por un peluche. Ya sé que está bien, pero ¿un peluche? ¡No jodamos!

Algunas fiestas populares
A algunas las conocemos todos, como los Sanfermines y su encierro de novillos que cornean a gringos completamente mamados, o la Tomatina de Buñol, donde todos terminan bañados en salsa de tomate. Ni hablar de las Fallas valencianas o la Feria de Abril en Sevilla.
Menos famosas (pero no menos llamativas) son La Batalla del Vino de Haro, un pueblo vasco, que consiste en jugar al carnaval pero con vino tinto. La Fiesta de la Mercè de Barcelona es conocida por los «castellets», torres humanas que pueden alcanzar 10 metros de altura.
Otras son más recientes y casi desconocidas, pero no por ello menos llamativas, como la que se celebra en Alfafara (Alicante) y que consiste en adivinar donde irá de cuerpo una burra encerrada en un pequeño corral y se llama «la cagá de la burra». Los que aciertan se pueden ganar hasta 600 euracos.

Con el jonca en procesión
Pero hay una en particular que tiene un toque macabro que la hace distinguirse a pesar de no ser de las más conocidas. La Fiesta de Santa Marta de Ribarteme se celebra el último domingo de julio en As Neves, un pequeño pueblito gallego ubicado en la provincia de Pontevedra, muy cerca de la frontera con Portugal y cuya plaza principal se llama… General Franco.
Los primeros datos documentados de esta romería datan de principios del siglo XVIII, aunque se infiere que la celebración es anterior porque las crónicas ya hablaban de una gran concurrencia de peregrinos en las ediciones de principios del 1.700.
Santa Marta es la patrona de los resucitados porque fue testigo, según el relato bíblico, cuando Jesús volvió a la vida a su hermano Lázaro. Por ello, en la celebración de As Neves, aquellas personas que vieron a la huesuda más o menos de cerca, o que tienen alguna enfermedad jodida, eligen la ropa que querrían lucir en su propio velorio y son sacados en procesión dentro de un ataúd.

Así, cargados en los hombros de sus seres queridos, salen en procesión desde el Santuario de Santa Marta de Ribarteme y se dirigen al cementerio del pueblo, previo paso por la iglesia principal, la que está frente a la plaza del Generalísimo (no sabemos si cantan «Cara al sol», esperemos que no). Y del camposanto vuelven al punto de partida, donde se simboliza la resurrección y se agradece a la Santa por su intervención.
Emoción en el ataúd
Muchos de los que no van en ataúdes caminan envueltos en telas que simulan mortajas y llevan velas para alumbrar a las almas en la noche eterna. Lo curioso es que la procesión se inicia luego de la misa de doce y como estamos en pleno verano, los ocupantes de los féretros se protegen del sol con pañuelos o, directamente, con paraguas.
La procesión tiene momentos muy emotivos y entre salmos y rezos, los habitantes de los ataúdes no pueden aguantar la emoción y rompen en llanto. «Virgen de Santa Marta, reina de la gloria, todo el que se te ofrece sale con victoria» y «Virgen de Santa Marta, estrella del norte, te traemos a los que vieron la muerte» repiten los peregrinos entre campanadas y zambombas.

Turismo y prensa
Con el tiempo, la devoción religiosa se encontró con la curiosidad turística. Cada año llega a As Neves un número cada vez mayor de turistas dispuestos a ver de cerca tan particular celebración, a punto tal que ha sido declarada de interés turístico por el gobierno pontevedrino.
Y el turismo, en la actualidad, es un eficiente modo de difundir celebraciones, costumbres y características cultuales de los lugares más diversos y recónditos del mundo. Así, la procesión de Santa Marta Ribarteme empezó a figurar más a menudo en blogs y sitios web de viajeros. De este modo despertó el interés de la prensa y cada año llegan al pequeño pueblo gallego un número creciente de periodistas de diversos medios. Al principio la prensa que cubría el evento era solamente española, pero con el tiempo empezaron a llegar periodistas desde otros países como México, Alemania y Rusia. Y el New York Times le dedicó, hace algunos años, un extenso artículo en su suplemento de turismo.
Gaitas y pimientos de padrón
Como es común en este tipo de celebraciones, la solemnidad del homenaje religioso termina dejando lugar a las celebraciones seculares. Entonces las gaitas ocupan el lugar de las campanas y salen a relucir las muñeiras, xotas, soltos y pasodobles.
Obvio que la parte gastronómica no es menos importante y en decenas de puestos callejeros se puede probar alguna porción de empanada gallega, unos pimientos de padrón, un churrasco de vaca rubia gallega o un pulpo a feira. Todo regado con litros de buen vino albariño.
De este modo, a la celebración religiosa le sigue el festejo seglar que se extiende hasta bien entrada la madrugada, cuando –como bien nos enseñó Serrat– «el sol nos dice que llegó el final / por una noche se olvidó que cada uno es cada cual».

