En diálogo con AGNoticias, y a partir de una entrevista realizada por nuestra nueva pasante Candela Suárez, Julio Ceballos repasó sus comienzos en Alta Gracia, su llegada al fútbol profesional, los clubes que marcaron su carrera y su presente ligado a la formación de jóvenes. Una charla atravesada por recuerdos, sacrificios y una pasión que, asegura, lo acompaña desde siempre.
Para Julio Ceballos, el fútbol no es una etapa de su vida. Es una continuidad. Una historia que comenzó cuando era chico en Alta Gracia, que lo llevó a convertirse en jugador profesional y que hoy continúa desde otro lugar: como docente y director técnico, acompañando a nuevas generaciones.
“Es una continuidad desde siempre, desde chico”, resume al hablar de su presente. Después de haber transitado el fútbol profesional, encontró en la docencia y la dirección técnica una manera de seguir vinculado a aquello que lo acompañó durante toda su vida.
Actualmente trabaja con adolescentes y observa de cerca cómo cambiaron los tiempos. La tecnología, las nuevas formas de relacionarse con el deporte y, especialmente, las presiones que rodean a los jóvenes forman parte de su mirada cotidiana.
Para Ceballos, el desafío está en acompañarlos y aconsejarlos para que puedan crecer tanto como deportistas como seres humanos. Y aunque encuentra diferencias con la época en la que él comenzó, también reconoce algo que permanece intacto: la pasión.
“En algunos casos sí, la pasión que hay que tener cuando uno encara algo”, sostiene al recordar qué cosas de aquellos primeros años reconoce hoy en los chicos.
Los primeros pasos en Alta Gracia
Su relación con el fútbol comenzó, como la de tantos chicos, en el baby fútbol. Sus primeros pasos fueron en el Terrasia, en Boca, y posteriormente pasó por San Martín de Fidel Heredia. Fue allí donde apareció una oportunidad que cambiaría su recorrido: los captadores de Racing de Córdoba que llegaban periódicamente a Alta Gracia.
Ceballos tuvo la posibilidad de incorporarse a Racing y comenzar un camino que lo llevaría a debutar en Primera División a los 18 años. Pero detrás de ese sueño también hubo sacrificio y una familia que hizo un esfuerzo para acompañarlo.
Durante aquellos primeros años, recuerda especialmente a exjugadores que lo ayudaban a trasladarse a los entrenamientos. Ángel Feliú, Osvaldo Coloccini, Peluso y Urruti eran algunos de los futbolistas que lo llevaban en sus vehículos cuando coincidían los horarios.
En una familia trabajadora, ese gesto representaba mucho más que un simple viaje. Era una ayuda concreta para que pudiera sostener su camino dentro del fútbol. “Hubo muchos grandes jugadores acá en Alta Gracia”, recuerda.
El momento en que el sueño empezó a parecer posible
A los 16 y 17 años llegó otro momento determinante: comenzó a entrenar con el plantel de Primera. Compartir prácticas con futbolistas reconocidos le permitió empezar a imaginar que aquello que soñaba podía convertirse en una realidad.
En aquella época no existían las redes sociales. Las figuras aparecían en los diarios y los jóvenes futbolistas las veían desde otra distancia. Para Ceballos, estar entrenando junto a ellos significaba comprobar que también podía tener una oportunidad. Pero llegar al profesionalismo no fue solamente cuestión de talento.
El propio Ceballos destaca la dedicación, el esfuerzo, el acompañamiento familiar y también la importancia de encontrarse con alguien que confiara en las condiciones de un jugador y le diera continuidad. “Hay que soñarlo, hay que proponérselo, hay que dejar un montón de cosas de lado”, recuerda.
La convocatoria que nunca olvidó
El recuerdo de su llegada al fútbol profesional está directamente ligado a su familia y, especialmente, a su madre. Ceballos tenía 17 años cuando comenzó a entrenar diariamente con aquel plantel de Racing que reunía a figuras como Gasparini, Coloccini, Noriega y Ramos.
Cada entrenamiento terminaba con una mirada hacia la pizarra donde se anunciaban los convocados para el partido del fin de semana. Durante un tiempo, su nombre no aparecía. Hasta que un día apareció.
La alegría fue inmensa, pero hubo algo que para él fue todavía más importante: volver a su casa y contárselo a su madre, quien había trabajado en casas de familia y realizado un gran esfuerzo para acompañarlo a él y a sus hermanos.
“Lo primero que quería es llegar a mi casa, quería contarle a mi madre”, recuerda. La escena quedó grabada para siempre en su memoria: su madre llorando de alegría y, después, su padre llegando de trabajar y compartiendo la felicidad por aquel logro.
Una carrera que lo llevó por distintos clubes
Su carrera profesional comenzó en Racing de Córdoba, donde estuvo entre los 18 y los 20 años. Luego fue cedido para jugar en Cipolletti de Río Negro, en el Nacional B, antes de regresar a Racing.
Posteriormente pasó por Belgrano de Córdoba, donde una lesión de rodilla limitó considerablemente su participación. Después llegaron Atlético de Rafaela, Quilmes y una experiencia en el fútbol asiático. Más tarde regresó para jugar en Almirante Brown y finalmente volvió a Córdoba.
Su intención era retirarse en Racing de Córdoba, el club donde prácticamente había comenzado su recorrido, aunque por distintas circunstancias no pudo concretarlo. Su último año como profesional lo disputó en General Paz Juniors de Córdoba.
Fue una carrera atravesada por distintas camisetas, experiencias y compañeros, pero también por una época particular del fútbol argentino.
Ceballos recuerda haber jugado en un momento en que muchas de las grandes figuras permanecían en el país y destaca la posibilidad que tuvo de compartir cancha y vestuario con futbolistas de enorme reconocimiento. Entre los nombres que recuerda aparecen Enzo Francescoli, Daniel Passarella y Ricardo Bochini.
Los goles, la gente y el fútbol que todavía extraña
Hoy, desde afuera de la cancha, hay algo que Ceballos extraña especialmente: jugar. También recuerda con particular emoción el vínculo entre los futbolistas y las hinchadas. Los banderazos, la llegada de los equipos a los estadios y el acompañamiento de la gente son imágenes que todavía conserva.
Y, por supuesto, están los goles. “Tuve la suerte de convertir muchos goles”, cuenta, al recordar esa sensación que trascendía al propio jugador. Porque para él un gol no era solamente una conquista deportiva. Era una alegría compartida con la familia y con miles de personas que llegaban al estadio con la esperanza de ver ganar a su equipo.
El presente: formar a los que vienen
Hoy su rutina continúa ligada al club. Su jornada comienza con actividad física y luego llega el trabajo con las divisiones inferiores. Actualmente acompaña a la cuarta división y también trabaja con Primera. Ese contacto cotidiano con los jóvenes le permite observar las diferencias entre aquella época y el fútbol actual.
Uno de los aspectos que más le preocupa es la presión que reciben algunos chicos que sueñan con convertirse en profesionales. Ceballos menciona el peso que pueden tener las expectativas familiares, los representantes y las personas que rodean al jugador.
Frente a eso, considera fundamental que los padres acompañen y que los jóvenes puedan dejarse orientar por quienes estén preparados para hacerlo. “Los chicos tienen que sobreponerse a eso y apoyarse en los buenos consejos de la gente que apoya de verdad”, sostiene.
Mucho más que fútbol
Fuera de la cancha también encontró una forma de continuar aprendiendo. Lee y escucha podcasts sobre distintos temas, algo que, según explica, le permite mantenerse informado y conocer diferentes opiniones. Para Ceballos, el fútbol también fue una escuela de vida.
Compartir equipos con personas provenientes de distintos ámbitos sociales le permitió conocer otras realidades y aprender valores como la solidaridad, el compañerismo y la importancia de ayudar al otro. “Creo que el fútbol me ayudó a ser mejor persona de la que yo creo que soy”, afirma.
Esa mirada aparece también cuando habla de su presente. Para él, el deporte no solamente forma jugadores: también puede formar personas.
Una segunda casa
Cuando mira todo lo recorrido, Ceballos no habla del fútbol como algo que quedó atrás. Es parte de su presente y, probablemente, también de su futuro. “El fútbol no es que signifique hoy para mí, es lo que ha sido mi pasión”, expresa.
A su edad, asegura que esa pasión continúa dándole energía y que espera poder disfrutarla durante toda su vida. Y hay un lugar en particular donde quiere seguir haciéndolo: el club de su ciudad. Allí donde jugó, donde entrena, donde corre y donde pasa buena parte de sus días. “Lo siento como mi segunda casa”, dice.
Después de una vida atravesada por el fútbol, quizás esa sea la mejor manera de explicar quién es Julio Ceballos: un hombre que alguna vez soñó con llegar a Primera, que consiguió convertirse en profesional y que hoy sigue entrando a una cancha con la misma pasión con la que empezó de chico.
Y cuando Candela le pregunta qué consejo le daría a aquel Julio que recién comenzaba a jugar, la respuesta es tan sencilla como contundente: No cambiaría nada.

