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Crónicas al Voleo

El padre de la canción de protesta

El padre de la canción de protesta

Por Germán Tinti

Joel Emmanuel Hägglund dejó casi todo en Gävle, el pequeño pueblo sueco donde había nacido en 1879. Destruido casi en su totalidad pocos años antes por un enorme incendio,  poco futuro podía ofrecerle este poblado situado allí donde el río Dal desemboca en el golfo de Botnia. Las llamas devoraron casi toda la parte norte del municipio, reduciendo a cenizas las viviendas de unas 8.000 personas (en una población de 10.000 habitantes).

El padre de la canción de protesta
Sueco de nacimiento, hizo de la canción su herramienta para pelear por los derechos de todos.

Criado en el seno de una familia protestante que tuvo 9 hijos de los que sobrevivieron 6, de niño mostró una gran inclinación hacia la música y aprendió a tocar instrumentos tan diversos como piano, violín, acordeón, órgano, guitara y banjo. Su padre murió cuando tenía 8 años y antes de que cumpliera 23 falleció su madre. Fue entonces cuando decidió que debía dejar su pueblo natal y poner rumbo al “nuevo continente”, al igual que millones de personas por esos años.

Por dejar atrás el pasado, hasta su nombre abandonó en Suecia. Llegó a Nueva York haciéndose llamar Joseph Hillström.

Había llegado a Estados Unidos con la esperanza del inmigrante que arriba a la “tierra de las oportunidades” y recorrió el país desde la Costa Este hasta Hawaii, colado en trenes de carga y como polizonte en buques mercantes. Trabajaba en las minas, en la industria maderera y como estibador de los muelles.

Después de varios años de vagabundear por todo el territorio de los Estados Unidos se afincó en California, donde cambió su nombre por el de Joe Hill. También en Calfornia se afilió al IWW (Industrial Workers of the World – Trabajadores Industriales del Mundo), que había sido fundado en Chicago en 1905 por una convención nacional de socialistas, anarquistas y sindicalistas revolucionarios.

El padre de la canción de protesta
Trabajador, se afilió a la IWW y fue su brazo musical.

Fue en ese contexto en el que Hill comenzó a destacarse por su capacidad de liderazgo y por ser uno de los más importantes exponentes de uno de los principales métodos de propaganda de la IWW: la música. Muchos activistas cantaban en reuniones sindicales e incluso en las esquinas de los barrios obreros. Ponían estrofas pegadizas y combativas a las canciones populares y a los himnos que cantaban los trabajadores. “Un libro es bueno, pero pocas veces se lee más de una vez, mientras que una canción se aprende de memoria y se repite continuamente” solía decir Hill.

Así también era posible sortear la barrera idiomática. En un ámbito conformado en un muy alto porcentaje de inmigrantes, las canciones pegadizas y con lenguaje sencillo permitían transmitir consignas con mucha mayor eficacia que muchas otras formas de comunicación. Por ejemplo, en una huelga de 1912 en Lawrence, Massachussets, los trabajadores hablaban más de 40 idiomas distintos, pero todos entendían los estribillos de Joe Hill.

Lo cierto es que Hill se convirtió en un tipo molesto para los empresarios industriales, que dejaron de contratarlo en California. Por ese motivo debió trasladarse a Utah para trabajar en la industria minera.

El padre de la canción de protesta

El 10 de enero de 1914, el carnicero John G. Morrison y su hijo Arling fueron asesinados en su negocio de Salt Lake City por dos intrusos armados, enmascarados con pañuelos rojos. Arling repelió el asalto y disparó con un revólver hiriendo a uno de los asaltantes antes de morir. Casualmente, esa misma noche, Joe Hill concurrió a un médico local por una herida de bala. Dijo que había sido herido en una discusión con una mujer, de la que no quiso declarar el nombre.

Hill negó en todo momento la acusación por asesinato. Sus abogados argumentaron que otras cuatro personas habían sido atendidas por heridas de bala en Salt Lake City esa noche, y que Hill no tenía relación alguna ni motivo para asesinar a Morrison. Los dirigentes de la IWW denunciaron que la detención de Hill era un ataque directo al movimiento sindical.

Durante los 22 meses que duró el proceso judicial, Hill siguió escribiendo canciones, incluyendo la que él consideraba su mejor composición, “Rebel Girl”. Conocida la decisión del jurado y la condena a muerte, se comenzó una gran campaña para frenar la ejecución. Sindicatos y personalidades de todo el mundo exigieron al Gobernador de Utah, William Spry, la liberación de Hill. Incluso el Presidente de Estados Unidos solicitó en dos ocasiones la revisión del juicio. No hubo caso. La suerte de Hill estaba sellada.

Enterado de la fatal decisión, Joe Hill escribió a Bill Haywood, un dirigente de la IWW, «Adiós, Bill. Muero como un leal rebelde. No pierdan su tiempo con lutos. Organícense… ¿Podrías arreglar para que mi cuerpo sea trasladado fuera de los límites del estado para ser enterrado? No quiero yacer en Utah».

También en prisión escribió su último poema: “Última voluntad”

“Mi voluntad es fácil de decidir:

no dejo nada para repartir.

Mis parientes no necesitan quejarse y gemir.

‘El musgo no se aferra a un canto rodante’

¿Mi cuerpo? ¡Ah! Si pudiera elegir

lo reduciría a cenizas,

y dejaría soplar las felices brisas

para que las llevaran a donde germinan las flores.

Quizá entonces las flores que se marchitan

volverían a la vida y brotarían de nuevo.

Éste es mi último y postrer deseo:

Buena suerte a todos”

No quedaron registros sonoros de las canciones de Joe Hill, pero las más de 50 composiciones se siguieron cantando por años en reuniones sindicales, asambleas, mitines y manifestaciones.

El padre de la canción de protesta
No quedaron registros grabados por Joe Hill, pero sus canciones fueron recopiladas años después de su ejecución.

En 1925 Alfred Hayes escribió un poema sobre Hill que más tarde, adaptada por Earl Robinson y cantada por Paul Robeson, llegó a ser muy conocida: “I dreamed I saw Joe Hill last night” (Anoche soñé que veía a Joe Hill).

“de San Diego hasta Maine,

en cada mina y en cada molino,

donde los trabajadores luchen y se organicen

nos dice: encontrarás a Joe Hill

nos dice: encontrarás a Joe Hill.

Anoche soñé que veía a Joe Hill

Vivo como tú o como yo

Yo le decía: pero Joe ¡llevas ya diez años muerto!

Nunca he muerto, respondía

Nunca he muerto, respondía.”

En la década de 1930 los mineros de Gales (Gran Bretaña) la adoptaron como himno propio durante sus huelgas. Joan Báez incluyó esta canción en el repertorio que interpretó en el festival de Woodstock en 1969 ante 300.000 asistentes.

Se considera a Joe Hill el padre de la canción de protesta. Desde entonces, Neil Young, Bob DylanMiguel Cantilo, Atahualpa Yupanqui, Georges Brassens, Woodie Guthrie y Jacques Brel, entre otros, tienen un santo a quién prenderle una vela. Y nosotros también.

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